Triunfa Vanidad: la poesía juvenil de César Vallejo

El presente trabajo tiene como objetivo la lectura de una parte de la poesía de César Vallejo bajo la perspectiva de los elementos modernistas contextuales que condiciona la estructuración del texto.

En este orden de ideas, primero nos enfocaremos en el rol de la bohemia y el contexto cultural de la modernidad en el Perú, aspectos vinculados a la consolidación del modernismo y a la ideología –y correspondiente poética– de los autores influenciados por dicha corriente. Esto con el fin de contextualizar la labor primigenia del poeta del dolor humano con el modernismo de un modo más dinámico que el solo influjo que se expresa en la también válida –y estudiada en el presente ensayo– relación autor (Darío) – lector/autor (Vallejo).

En segundo lugar, nos concentraremos en el corpus textual correspondiente a la primera etapa de la poesía del vate santiaguino, desde sus primeros poemas publicados en diversos medios de prensa de Trujillo y Lima[1] –y no recogidos en Los heraldos negros.[2] En esta sección expondremos los elementos correspondientes al influjo de Rubén Darío en los poemas de Vallejo, no así los que corresponden a otros autores modernistas como el también gravitante Julio Herrera y Reissig.[3]

1. La bohemia de Trujillo y la modernización de inicios del siglo XX como factores determinantes del modernismo vallejiano

El concepto de «bohemia» está indisolublemente asociado a los movimientos literarios que inauguran la modernidad (Romanticismo tardío, Parnasianismo y Simbolismo en Europa; Modernismo en Hispanoamérica). Respecto al origen y definición de este concepto, leamos lo que Bernabé (2006), siguiendo a Bourdieu, anota:

La bohemia europea hizo su aparición en Francia a mediados del siglo XIX como una de las tantas consecuencias que acarrea el desarrollo de la prensa, la expansión son límites del mercado de bienes culturales y la emergencia de un nuevo sector social conformado por jóvenes sin fortuna, muchos de ellos provenientes de provincia, que sin medios financieros ni protecciones sociales arribaron a los centros urbanos con la finalidad de probar suerte en la carrera de escritor […] los llevó a conformar un grupo aparte, una suerte de sociedad dentro de la sociedad integrada por escritores y artistas, pintores y músicos. Bajo el término de bohemia se inaugura un estilo de ida que designa una serie de prácticas ajenas a la rutina de la vida burguesa (23-24).

Esta condición de artista renegado contra la sociedad que aspira al reconocimiento de la misma va más allá del ámbito artístico: se proyecta en lo cultural en un vaivén de inclusividad y exclusividad, de diferenciación elitista y ansias de pertenencia al mundo moderno europeo de la época.

Es un tópico asociar la vida y obra de Rubén Darío a la bohemia. Sin duda, fue él quien popularizó las bases de dicha institución en Latinoamérica, con libros como Los raros, los cuentos de Azul y algunos poemas de Prosas Profanas. Si tomamos en cuenta la vigencia de su influjo en la época en que Vallejo formó  parte de la «Bohemia de Trujillo» y se relacionó con los integrantes del «Colónida», en Trujillo y Lima respectivamente, no es difícil imaginar que dicha noción se torna elemento configurador de su formación literaria. A continuación, revisaremos las condiciones de dicho concepto en nuestro medio.

La «Bohemia de Trujillo» es como se denomina a un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional de Trujillo[4] que tuvo entre sus integrantes a Macedonio de la Torre, Antenor Orrego, Alcides Spelucín, Víctor Raúl Haya de la Torre, César Vallejo, entre otros. Este grupo evoluciona de modo progresivo desde un cenáculo conformado por nóveles artistas, intelectuales y literatos hasta «[…] constituirse en un movimiento contestatario opuesto a la tradición […] adecuándose a la agitada vida cotidiana de la modernización» (PERALTA 2011: 33). Esta actitud no fue exclusiva de este grupo trujillano: en Puno (Boletín Titikaka, del grupo Orkopata), Arequipa (revista La Semana), Cusco (Círculo Universitario) y Lima (grupo y revista Colónida) también se manifiesta la tendencia (CERNA-BAZÁN 1995; PERALTA 2011) a que jóvenes literatos e intelectuales se agruparan con la misma actitud iconoclasta y renovadora. Bernabé opina que «en esos años, jóvenes provenientes de provincia y de los márgenes de la ciudad emprenden la tarea de poner sitio a la centralidad literaria limeña y a la intelectualidad del antiguo régimen letrado» (2006: 22). Esta actitud sigue la de Rubén Darío, quien se caracterizó por su deseo de superar el «[…] provincianismo que todavía imperaba en las costumbres literarias de América; esa ansiedad es un rasgo que bien podemos identificar con la modernidad, que otros presintieron antes que él pero que nadie vivió con la intensidad que en él alcanzó» (OVIEDO 2012: 278).

Esta coincidencia de «bohemias» a nivel nacional puede asumirse como un síntoma de la evolución de la conciencia político-social de los actores de clases medias y populares, producto de la modernidad. Proponemos que el modernismo es un movimiento asociado con dicha modernidad, pero no es determinante en el surgimiento de grupos literarios, que estos pueden aparecer también solo a partir del contexto de irrupción de la modernización y consiguiente modernidad, e incluso asumir las características de «bohemia» de modo paralelo a su correspondiente evolución político-ideológico. Bernabé anota que «Para estos individuos las prácticas  literarias funcionaron como un medio para observarse en su alteridad y elaborar figuras muchas veces rebeldes y resistentes al poder» (2006: 21). Un claro ejemplo son los más importantes grupos como «Colónida» y la «Bohemia de Trujillo», con la evolución desde neófitos literatos a fundadores de partidos políticos de integrantes como Abraham Valdelomar[5] y José Carlos Mariátegui; Antenor Orrego y Víctor Raúl Haya de la Torre, respectivamente. 

Si bien se ha expuesto que no es correcto asociar de modo directo a este grupo de literatos y artistas con el paradigma de la bohemia como la que Rubén Darío vivió en Buenos Aires y París[6], sí podríamos encontrar muchos rasgos en común, sobre todo en la primera etapa, o fase I (1914-1916) como clasifica Peralta (2011: 49), periodo que abarca justamente la época en que César Vallejo se integra y participa activamente (1915-1916). En esta etapa, dicho cenáculo cumple con ser un espacio de socialización en el que se presentaban y comentaban textos de creación literaria, así como creación y animación de una nueva escena literaria local. Aparte de que a los ojos de la conservadora ciudadanía trujillana, cumplían con el requisito de ser un grupo de jóvenes despreocupados de las ortodoxias de la vida civil regular.[7] Los paradigmas estéticos de dicho cenáculo eran el Romanticismo (aún vigente para aquel tiempo) y el novísimo modernismo, ambos movimientos claves en la etapa creadora inicial del joven poeta oriundo de Santiago de Chuco.

Es entre los últimos años del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX que se da el proceso de modernización en nuestro país.[8] Este periodo ha sido denominado por Jorge Basadre como la «República Aristocrática» (1895-1919, según refiere BERNABÉ 2006: 21). También se erige en dicha época la modernidad, entendida como el horizonte de expectativas que se conforma en el imaginario social. Es justamente la etapa en que se suceden los movimientos literarios modernismo, posmodernismo, vanguardia e indigenismo. Estamos de acuerdo con Cerna-Bazán cuando afirma que

Los factores […] (avances de la modernización de la vida social, movimientos sociales renovadores, elaboración de una “interpretación de la realidad”), en su conjunto dan su marca a la época. Al terminar este ciclo (1895-1930) se habrán creado ya las bases materiales (base productiva, clases sociales), los lineamientos políticos (un estado [sic] más integrado, partidos, fuerza de masas, etc.) y las elaboraciones ideológicas, que son la base del período posterior y que continúan hasta nuestros días (1995: 43).   

Estos factores contextuales se exponen en la búsqueda de una forma de expresión novedosa y trascendente que trata de parangonarse con la agitación política y cultural de la época. El ansia de trascendencia y el deseo de renovación como norte de la actividad literaria se pueden explicar a partir de este influjo contextual.[9] Así, primero con la progresiva superación del modernismo ortodoxo, el seguido –y efímero– arribo al posmodernismo, pasajero estadío hacia el descubrimiento y rápida asimilación del vanguardismo con la obra cumbre Trilce. A continuación, revisaremos marcas discursivas en la poesía del poeta del dolor humano que exponen la inequívoca impronta del modernismo de Rubén Darío.

2. El modernismo rudendariano en la obra poética de César Vallejo

Para una correcta revisión, reiteraremos la delimitación antes propuesta del corpus textual a estudiar: nos centraremos en los poemas que César Vallejo no recogió en Los heraldos negros, es decir, los del periodo juvenil en que fijó su residencia en Trujillo y fue parte de la Bohemia de dicha ciudad (1915-1917). Respecto al corpus textual referido, la crítica es casi unánime en señalar su menor valía estética respecto a lo publicado posteriormente. Esto porque se tiene que en dicho poemario ya se está superando el modernismo, como indica, entre otros, González Vigil (1988: 16).

Es innegable que Rubén Darío se erige como un referente clave en la poesía juvenil de Vallejo. Según Hart (1987), el modernismo lleva al novel Vallejo a desarrollar algunos tópicos modernistas tales como «[…] la introspección, la sensibilidad emotiva, la melancolía y una fascinación mórbida por el lado siniestro de la vida, mientras excluía otros tales como el nacionalismo y el género épico» (74). A modo de puntualización, el tono épico sí aparece en poemas de esta época como son «¡América Latina!» y «Los heraldos negros». Debemos anotar que del primero se conserva solo dos estrofas rescatadas por Espejo. El poema fue declamado por César Vallejo el Día de la Raza (12 de octubre) de 1916 y no fue publicado luego. En dichos fragmentos, según González Vigil (1988), se aprecia «[…] una asimilación […] rotunda de los versos cívicos y épicos de Rubén Darío y Chocano […]» (46). Dada la condición fragmentaria del mismo nos abstenemos de hacer mayor análisis del mismo.

El primer poema que revisaremos detalladamente es el titulado “Primaveral”[10], compuesto por 18 cuartetos endecasílabos. A continuación, reproducimos los primeros cuartetos:

Poema

Desde el léxico (primaveral, juventud, azul) las reminiscencias darianas son evidentes. Respecto a «Primaveral», título de uno de los poemas de «El año lírico»; “Azul”, título del primer poemario de Rubén Darío, y el uso vocativo de “Juventud” conlleva a uno de los poemas más famosos de Cantos de vida y esperanza: «Canción de otoño en primavera», con el cual comparte también cierto tono elegíaco. Con respecto a la cumbre de la poesía dariana, Spelucín (citado por GONZÁLEZ VIGIL 1988: 36) anota que «Lo interesante de Primaveral es (…) que nos recuerda, por la graciosa y ágil sucesión de los verbos, ciertas virtuosidades de Prosas Profanas». Otro poema vallejiano que refiere a «El año lírico» de Azul es «Estival», publicado en la revista Cultura Infantil en junio de 1916.

El soneto «En rojo oscuro»[11] presenta un desarrollo de las nociones cromáticas del poema «Sinfonía en gris mayor» de Prosas profanas:

Cuadro del Guille

Vallejo connota connota el color rojo en su sentido colérico al adjuntarle la tonalidad oscura, ya que si fuera solo rojo, podría conllevar a la connotación amorosa. Darío, en cambio, con pleno manejo de la sinestesia, otorga la tonalidad gris en su connotación de melancolía y crepuscularidad, asociada a imágenes tendentes a dicha sensación y consolidar el tema del acabamiento espiritual, uno de los tópicos del poemario cumbre del modernismo rubendariano: la reflexión pesimista sobre la existencia. La lección de manejo de colores asociada a la propuesta de imágenes aparece temprano en el laboratorio creativo del vate santiaguino.

El último poema que referiremos en este breve recuento es «Triunfa vanidad»[12] soneto alejandrino que reproducimos íntegramente:

poema 2

Luis Alberto Sánchez, Spelucin y Espejo han confirmado la anécdota que rodea la creación y publicación de este soneto:

Ocurrió que la Compañía de Comedias que dirigía Amalia de Isaura, puso en escena el 15 de diciembre la comedia Triunfa vanidad, escrita por el “bohemio” Víctor Raúl Haya de la Torre, “con el seudónimo de ‘Juan Amateur’ (lo que se debe relacionar con el de Juan Croniqueur’ [sic], usado a la sazón por José Carlos Mariátegui en La Prensa de Lima) […] El tema de esta obrita es la defensa de un poeta, a quien un ricachón desprecia y ataca porque su hija se ha enamorado del bohemio. Al cabo, cuando  este último ha conquistado la fama, el padre se allana al casamiento. La obra termina con un cuarteto original de Vallejo, que era el poeta defendido por Haya” (González Vigil, 1988, p. 50).

Más allá del interés biográfico que tiene el suceso, queremos ahondar en nociones que nos parecen pertinentes. Una de ellas es la referencia al «bohemio» incomprendido y desdeñado por la sociedad oficial. Espejo (citado por GONZÁLEZ VIGIL 1988: 50) agrega que la comedia responde a la actitud polémica de Haya de la Torre hacia la burguesía trujillana que atacaba a la «Bohemia de Trujillo», cenáculo conformado por él mismo y su amigo César Vallejo.[13] El paratexto epígrafe-dedicatoria confirma la intertextualidad entre los textos, así como el vínculo entre los autores y la circunstancia de publicación de ambas obras.

Se produce la reminiscencia a la oposición entre el burgués y el bohemio, lo que conlleva a la influencia dariana: en los cuentos de Azul y en el libro Los raros, principalmente, Darío recrea esta dicotomía. En el poema de Vallejo hallamos la representación de lo burgués en «Sancho» (símbolo del realismo vulgar y el rechazo del ideal), «Mercurio» (Dios del comercio), «judaicas risas» (afán de lucro). Frente a ello se presenta a los bohemios como «(…) cristos siempre los tristes soñadores» y a Cristo, el símbolo del sacrificio por amor: «(…) tus joyas agudas se han clavado». González Vigil anota: «Frente a lo burgués, lo bohemio supone gloria, aspiración al ideal, espíritu de Cristo y de Quijote. El bohemio, “triste soñador” (dos calificativos claves del alma de Vallejo), se ve martirizado como un “cristo” por la sociedad materialista» (1988: 51).

Como podemos apreciar, la influencia de Rubén Darío excede lo meramente poético y se asienta en la actitud y desarrollo de la vida pública de la «Bohemia de Trujillo», de la cual Vallejo fue activo integrante entre 1915 y 1917. Se constata así que el magisterio de Darío sobre el joven César Vallejo se dio a partir de la lectura y la asimilación de la propuesta estética e ideológica de sus obras capitales tales como Azul, Prosas profanas, Los raros, Cantos de vida y esperanza.

A modo de conclusión de este apartado, mencionaremos que es indudable que la primera etapa de la poesía de Vallejo resiente el corsé estilístico que significaba el modernismo ortodoxo, es decir, el rubendariano. El temperamento creador del autor de Poemas humanos pugna por lograr una sintonía lírica distinta. Por ello, recurre al modernismo menos ortodoxo de Herrera y Reissig, como sucede en la primera versión de «A mi hermano Miguel» (publicada en la Revista Infantil en agosto de 1917, según informa Hart (1987: 73) donde aparte del influjo de poeta uruguayo, también aparece el referente bequeriano por excelencia: las golondrinas. Respecto a esta primera versión, Ferrari (citado por HART 1987: 74-75) señala que «[…] la espontaneidad de la emoción se encuentra como trabada, sofocada, por los oropeles abigarrados de la forma, coraza rígida que brilla pero cohíbe e impide al libre movimiento de la inspiración». Ese «corsé» se verá aflojado con la búsqueda predominantemente posmodernista de Los heraldos negros y totalmente desatado con Trilce. A continuación desarrollaremos más de estás nociones.

3. Conclusiones

El influjo que tiene el panorama contextual correspondiente a la primera poesía de Vallejo determina sus deseos de repercusión, su espíritu iconoclasta y progresivamente acentuada actitud renovadora. Dicho panorama contextual está signado, como hemos revisado líneas arriba, por la el proceso de modernización en el Perú y la correspondiente conformación del horizonte de expectativas socioculturales asociados con la modernidad en el entonces incoado siglo XX. Esta prospección, como certeramente indica Ainhoa Segura, «[…] muestra a un poeta titubeante (en su poesía inicial y el los poemas más modernistas de Los heraldos negros), impregnado de la atmósfera que le rodea, pero también muestra ya, muchos rasgos vallejianos que se verán ampliados en Trilce» (2013). El incremento de la complejidad del lenguaje es el rasgo señero de la búsqueda estética vallejiana.

Los heraldos negros, opera prima de César Vallejo, expone elementos «[…] que indican una modernización discursiva […]» (MAZOTTI 1999: 24). En el caso de Vallejo, la búsqueda de dicha modernización se conforma de los intentos de alejarse de la poética rubendariana, no solo por querer emprender nuevos caminos para la creación literaria, sino también por el profundo respeto que sentía por «El Cisne de Nicaragua»  y deseo de trascendencia que lo obligaba a no quedar como simple epígono del mismo. Justamente, asumir la tradición previa, pero tener la necesidad de superarla, es la típica actitud rubendariana, expuesta en la noción de profundo hispanismo y simultáneo cambio de referentes culturales, ideológicos y literarios hacia la del norte de los Pirineos (simbolismo, parnasianismo, decadentismo). César Vallejo emula, de este modo –y de manera muy natural, por cierto– al cambio de paradigma que efectuó Darío en su momento, reemplazando el nuevo paradigma modernista por el novísimo horizonte creativo que representaba la vanguardia. Este simultáneo respeto y superación se produce en el poemario impreso en 1918, que si bien no conforma per se la primera etapa de su obra,[14] sí corresponde al inicio oficial de su carrera poética. También la actitud de ambos vates respecto a la retroalimentación constante que significó el que ambos buscasen «[…] cada vez más amplios espacios a partir de la aldea nativa: Trujillo, Lima, París. Su vida es un continuo alejamiento de sí mismo, a la vez que reencuentro espiritual con las raíces terrígenas físicamente abandonadas» (OVIEDO 2012: 306).

El Modernismo y el Romanticismo son los movimientos que signan los comienzos literarios de Vallejo. Por su cercanía con la «Bohemia de Trujillo» y por su investigación para obtener el grado de bachiller en Literatura, su aproximación a dichos movimientos es determinante en el inicio de su andadura creativa. El Romanticismo ceja de influir pronto y es en el modernismo que la búsqueda del autor se fija la inserción de su poesía y de su condición de autor en la modernidad. Sigue los pasos de Rubén Darío, quien también se vio tempranamente influido por el Romanticismo, pero luego, a partir del cosmopolitismo se libera de la tradición hispánica y entronca con la modernidad literaria mediante su admiración hacia el simbolismo y el parnasianismo franceses. Ya luego, mediante el sincretismo reconfigura elementos de dichos movimientos tales como la noción del arte por el arte y el afán de perfección formal parnasianos, así como la búsqueda de la sinestesia simbolista, agregando la idealización, la fuga de la realidad y el exotismo esteticista. De manera análoga a la búsqueda de una modernidad literaria para Latinoamérica que representa la aparición del modernismo de Rubén Darío, su epígono peruano César Vallejo toma el modernismo como anclaje de su personalidad como autor y de su propuesta estética, para luego superarlo con una propuesta que significó la modernidad literaria plena en el Perú: el vanguardismo.

Así, Europa llega a la modernidad durante el siglo XIX con el Romanticismo; Latinoamérica hace lo propio con el modernismo rubendariano a fines de dicho siglo; en tanto que la literatura peruana debe esperar al proceso de inicios de siglo XX: superación del modernismo, irrupción del posmodernismo, aparición y consolidación de la vanguardia para afirmarse en dicha modernización literaria. De este modo, Rubén Darío y su joven epígono, César Vallejo, son protagonistas de la transición de la poesía hispanoamericana hacia la modernidad mediante la condición a caballo entre la poesía clásica y la moderna que exponen ambos vates en la primera parte de sus respectivas obras.

4. Referencias bibliográficas

BERNABÉ, Mónica. (2006). Vidas de artistas: bohemia y dandismo en Mariátegui, Valdelomar y Eguren: Lima 1911-1922. Perú: Instituto de Estudios Peruanos.

CERNA-BAZÁN, José. (1995). Sujeto de cambio. De las relaciones del texto y la sociedad en la escritura de César Vallejo (1914-1930). EE.UU.: Latinoamericana editores.

GOMES, Miguel. (2002). Estética del modernismo hispanoamericano. Caracas: Biblioteca Ayacucho.

GONZÁLES VIGIL, Ricardo. (1988). Leamos juntos a Vallejo. Tomo I. Los heraldos negros y otros poemas juveniles. Lima: Banco Central de Reserva del Perú. Fondo Editorial

HART, Stephen. (1987). Religión, política y ciencia en la obra de César Vallejo. Londres: Tamesis Books Limited

HONORES, Elton. (2016). “Sentimiento religioso e imaginario criollo: análisis retórico de dos poemas de César Vallejo”. En: Ínsula Barataria. Revista de literatura y cultura. Lima, Año 14, Nº 18, junio de 2016. pp. 61-83

MAZZOTTI, José Antonio. (1999). “Modernismo, postmodernismo y modernidad conflictiva en el primer Vallejo”.  En: Códice. Revista de poesía y poéticas. Nº 1. Año I. México. pp. 23-31

OVIEDO, José Miguel. (2012). Historia de la literatura hispanoamericana. 2. Del romanticismo al modernismo. Madrid: Alianza Editorial S.A.

PERALTA RIVERA, Germán. (2011). Antenor Orrego y la Bohemia de Trujillo (1914-1916). Lima: Fondo editorial del Congreso de la República del Perú-Universidad Privada Antenor Orrego

SEGURA ZARIQUIEGUI, Ainhoa. “Vallejo y Los heraldos negros: del modernismo al lenguaje vallejiano”. En: Tonos Digital. Revista electrónica de estudios filológicos. Nº 25 Julio 2013. Recuperado el 28 de junio de 2015 de:
http://www.um.es/tonosdigital/m25/secciones/estudios-31-asegura__vallejo.htm

VALLEJO, César. (2002). Obra poética. Madrid: Peisa

 

Notas

[1] Nos remitimos a los textos expuestos por Ricardo González Vigil (1988) y Stephen Hart (1987). En el caso del primero, refiere como fuentes el material investigado de Spelucín, Coyné, Espejo, Pinto, Ángeles Caballero, Larrea, Schneider y Kishimoto (1988, p. 3).

[2] Esto se debe a que la mayoría de los poemas de Los heraldos negros no exponen el influjo modernista de modo ortodoxo. Recordemos que es ya un tópico entre la crítica especializada señalar que el primer poemario de Vallejo contiene una poética de transición del modernismo hacia la vanguardia.

[3] Al respecto informa González Vigil que el influjo del poeta uruguayo es  notorio sobre todo en los poemas menos felices de la obra juvenil del autor y se va diluyendo conforme se va decantando el estilo de la poesía vallejiana. El influjo de Herrera y Reissig en la poesía del vate peruano ha sido estudiada por Coyné y Spelucin (1988, p. 17).

[4] Según informan Ricardo González Vigil (1988, p. 10) y Germán Peralta Rivera (2011, p. 69), es el huancaíno Juan Parra del Riego quien las da esa denominación. Al respecto, Peralta comenta que varios integrantes de dicho grupo literario se mostraron conformes con dicha nomenclatura excepto el líder Antenor Orrego.

[5] Su carrera política quedó trunca por su prematura muerte.

[6] Esto sobre todo por su evolución que termina con la constitución del Grupo Norte, de índole más ideológico-político.

[7] Como Peralta señala con una actitud opuesta a la “[…] blasonada de la vieja sociedad señorial, seudoaristocrática y colonial de Trujillo […]” (2011, p.33). Aunque si damos crédito a lo expuesto por Alcides Spelucín (citado por Ricardo González Vigil, 1988, p. 75), los integrantes del grupo, en esta primera etapa llegaron a cumplir con el requisito de consumo de estupefacientes como distintivo de la relajación moral que circundaba la fama de los grupos bohemios más “ortodoxos”, siguiendo así el tópico de los paraísos artificiales como motivo e inspiración de la creación poética.

[8] En palabras de Cerna-Bazán: “Esos núcleos de intelectuales que, en su abrumadora mayoría son de origen provinciano, y que en su experiencia cultural y laboral todavía están vinculados a la vida campesina, van paralelos con la conformación de los diversos clubes obreros, asociaciones de ayuda mutua, bibliotecas populares y grupos culturales en el artesanado en el incipiente proletariado” (1995, pp. 41-42).

[9] Bernabé anota que las jóvenes generaciones intelectuales de la época, ante el centralismo residual –y colonial- de la “ciudad letrada” (anunciada por Rama) en pleno proceso de modernización, asumen esta actitud porque “[…]  el sentimiento de exclusión y la necesidad de interpretarse como excluidos, permitió el reconocimiento de sujetos nuevos, en su mayoría jóvenes escritores pertenecientes a los sectores medios y provenientes de las regiones interiores” (2006, pp. 20-21).

[10] González Vigil (1987, p. 36), siguiendo a Spelucín, informa que este poema se leyó el 23 de setiembre de 1915 en un desfile escolar. César Vallejo lo declamó durante el desfile y luego lo publicó en La Reforma, el 25 de setiembre.

[11] Publicado en La Reforma, el 1 de julio de 1916.

[12] Publicado el 18 de diciembre de 1916 en La Reforma.

[13] Si hacemos caso a lo referido por Ciro Alegría en el artículo “El César Vallejo que yo conocí”, el vate santiaguino era el blanco predilecto de la abierta hostilidad hacia el grupo de jóvenes autores.

[14] Dicha condición corresponde al conjunto de poemas publicados previamente en Trujillo y Lima.


GUILLERMO GUTIÉRREZ (Lima, Perú)

Licenciado en Literatura y Bachiller en Derecho por la Decana de América. En 2010 ganó el Primer concurso de tesis de titulación de la ANR. Ha ejercido la docencia en diversas universidades durante toda la segunda década del siglo en curso. Su página personal es: Guillermo Gutiérrez Cuadros.

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