Los afiches de la «Jato Hardcore» de Barranco

Un testimonio

La mirada saquea el olvido. Los afiches recuperan la experiencia, enchufan y amplifican los flashbacks.

El marco es la Movida del Rock Subterráneo (1984-1992). Si el arte gráfico de la primera camada le debe parte importante de su estética al trabajo de Jaime Higa y Leo Escoria, el de la «Jato Hardcore» (1988-1989) no habría tenido sus señas distintivas sin la obra de Guillermo Figueroa Tangüis.

Aquellos tiempos fueron los de la colisión, por un lado, entre los misiopunks o punks de barrio, que tenían como punto de reunión el «Hueko» de Santa Beatriz, propiedad de la familia de Pepe Asfixia, bajista de Eutanasia, el grupo emblemático de esa corriente; y por otro, los pitupunks o punks de barrio residencial, que tenían como punto de reunión la «Jato Hardcore» de Barranco y a G3 como grupo de referencia. Las peleas irreconciliables, producto –ya es un cliché decirlo- de la lucha de clases exacerbada por la violencia política, generaron altísimas cuotas de prejuicios, intolerancia y racismo. Y para colmo, muchos se declaraban anarquistas.

En algún momento que no recuerdo con claridad, comencé a ver los afiches regados por Miraflores y San Isidro. El primero fue el «Metal Core I», de 1987. El dibujo central (pequeño en comparación con la estética posterior) muestra a Jano, un centauro y un fauno en plan publicitario. Sin embargo, sobre el logo de G3 estaba un «trolo», personaje creado por Guillermo Figueroa, baterista del grupo, que publicaba historietas con ellos de protagonistas en No, suplemento humorístico de la revista Sí.

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A finales de 1987, los hermanos Carlos «Chule» y Raúl «el Bombo» Andrade ensayaban, junto a sus amigos de Kaos General y Sentido Común, en su casa de Petit Thouars. Sus viejos, hartos de la bulla, les cedieron una casa en escombros a una cuadra de la comisaría de Barranco. Los músicos quitaron el desmonte, hicieron una limpieza a profundidad e implementaron conexiones eléctricas. A los ensayos con entrada libre siguió el primer concierto propiamente dicho.

Es aquí cuando la memoria de la casa sigue el rastro dejado por los afiches. Paso revista a algunos.

El primero tenía una imagen sacada de un afiche italiano. Representa un modelo estético externo sin reformular. Mostraba el disfraz y el ambiente de cualquier concierto del género. Por eso, no me detendré en él.

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El segundo afiche, el del cráneo de pirata con bandana, ya es obra de Guillermo, quien incorpora por primera vez los dos elementos principales de la estética de los afiches hardcore: el personaje central, normalmente pop, y las increpaciones a los misiopunks en la parte inferior. Inocencia, humor y violencia se conjugan así en este documento sobre un punto álgido en la bronca entre ambas manchas. De otro lado, la página tiene muchos espacios vacíos y la composición es rigurosamente simétrica.

El siguiente personaje dibujado por Guillermo, un aparente skinhead con los labios alargados hacia las mejillas a la manera de Kakihara, el villano de Ichi the Killer, muestra un notable avance en su trabajo con los detalles. Esta racha continúa con el que para mí es la mejor muestra de arte gráfico hardcore. Hay que ver el afiche del concierto «Metalcore II» protagonizado por un Alf con la baqueta atravesada y con un «trolo» armado profiriendo amenazas para darse cuenta de que Guillermo ha llegado a un punto que no se repetirá. Aquel fue mi primer concierto hardcore. Un mes después paraba con la mancha de arriba para abajo.

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El afiche de mi primer concierto en la casa tenía a un pitufo como protagonista. Es quizá el que tiene más sentido del humor, lo cual se debe, por su puesto, a la original personalidad de su autor, Richard Nossar (que ha inspirado bastantes personajes, incluso protagónicos, en diferentes novelas). Las advertencias esta vez están dirigidas al Mono Rafo y a José González, unos cabeceadores de discos. En el extremo inferior derecho hay un recuadro con una foto carnet de Gerardo Rojas Jr., hijo de Gerardo Manuel: «Se busca por vender tamales envenenados en la Parada. Tenga cuidado, es peligroso». Un ratón dibujado por Guillermo y un Popeye dibujado por Richard cerraron el año sin mayores novedades gráficas. En este último concierto se produjo el debut de mi banda, Enemigo Público –nombre inventado por el bajista, y que aludía, según él, a una película de gangsters con James Cagney, no al grupo de rap.

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Pocos conocen un evento ocurrido entre la última semana de diciembre de 1988 y la primera de enero de 1989. Pocos, casi nadie, fueron a la tocada en cuestión. El afiche, con un dibujo chapucero de un esqueleto bailando slam, reza «trash-core» (o sea basura-core), no thrash-core. Por aquellos días, un pata, Chapu, desapareció súbitamente del mapa. Uno de los organizadores creyó que le había cabeceado sus discos y en la leyenda inferior escribió algunas pullas contra él. Sin embargo, pasados tres días Chapu regresó, así que se vieron obligados a cortar la página a último minuto. Lamento no tener la versión uncut. Fue el segundo y último concierto de Enemigo Público.

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Me resulta muy extraño comprobar que solo existen afiches de dos conciertos más. En el del Batmite, Manolo Garfias usó un estilo distinto a los anteriores, mucho más recargado y con más referencias al comic. Hay que resaltar que de toda la gente de los grupos y alrededores solo eran fanáticos de las historietas el «Gordo» Gabriel, de G3, y Manolo.

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En marzo se celebró otro concierto. El afiche fue diseñado por Juan Velasco, alias “Pequeño Juan”, bajista y cantante de DR. Hardcore. Muestra a un grupo tocando en el escenario de la casa –construido sobre unos caballetes que nos regaló mi abuela. Aparece una frase casi tautológica:  “Apoya a tu escena, porque si no, no habrá escena”.

Lo que sigue es el episodio final. El último concierto de la jato tuvo un afiche sui generis. Los autores somos Armando Millán, bajista de Kaos General, y yo. Nuestra idea era hacer del componente antisistema de la Jato algo más autoconsciente. Elegimos una imagen expresionista. Aunque conservamos la inocencia, nos volamos el sentido del humor.

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Yo estaba en cuarto de media y quería destruirlo todo. Recién tenía 15 años y mi presente era turbio y efervescente. El verano del 89 fue el de mi primera utopía libertaria. Esos momentos duran poco; pero si uno es fiel, los transforma en horizonte. Entablé amistades que duran hasta hoy.

Cuando un botellazo que tiraron desde el patio atravesó la ventana de un vecino, este corrió inmediatamente a la comisaría. La tombería entró y evacuó el lugar. Los viejos de los hermanos Andrade les pidieron las llaves. La reconexión tardaría algunos años más.

Actualmente, el local donde estaba la «Jato hardcore» de Barranco es una cevichería.

Nosotros, mientras tanto, seguimos en pie.


CARLOS TORRES ROTONDO (Lima, Perú)

Vocalista del grupo Enemigo Público y vecino del barrio de Lavapiés, Madrid. Ha sido activista de la «Jato hardcore» de Barranco y colaborador del sindicato anarquista CGT y la Coordinadora de Inmigrantes  (COIN) en la campaña ¡Papeles para todos! Ha trabajado como teleoperador, encuestador, comercial de Círculo de Lectores y mensajero andarín. Suele abrir Microsoft Word, aunque desde hace algunos años ya no tanto. Sus mejores amigos son viejas glorias del rock peruano. Está casado y tiene 5 hijos.

3 comentarios sobre “Los afiches de la «Jato Hardcore» de Barranco

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