«Lo fantástico te conduce con más intensidad hacia ti mismo»: entrevista a Gonzalo Portals

Gonzalo Portals, escritor y catedrático, conversó con nosotros acerca de la literatura fantástica, sus orígenes y su presencia en el ámbito local. Él es autor de El designio de la luz (1999), Por la boca, Muertos (2002), La estirpe del ensueño (2007), Urge púrpura la niebla (2009), Los que moran en las sombras (2010), El llamado de Gea (2013) junto a Aland Bisso, Ánima Insomnia / Sueño Sónico (2015) junto a Rubén Quiroz, La estirpe del ensueño (2017) y El protagonista ausente: la aventura literaria de José Antonio Román (2017). Además, ha sido ganador del Premio Copé de Oro de Poesía en 1993 y el Premio Copé de Bronce de Narrativa en 1992.

Lo fanti
Antología elaborada por Gonzalo Portals (2007)

Miguel Mattos: ¿Cómo surge su interés por la literatura fantástica?

Gonzalo Portals: Porque los demás no lo hacen. Así de simple. Y si los demás no lo hacen me parece que hay como un predio literario, narrativo, poético que no ha sido conquistado, que no ha sido invadido, usufructuado. Eso me interesa. No con la idea de apoderarme, por su puesto, de un nicho. Ni mucho menos. Eso está abierto para quien quiera explorarlo. Simplemente me parece interesante que esa literatura no haya sido mirada por la crítica. Ya sabemos que la crítica canónica ha privilegiado el realismo. A mí me interesó preocuparme por la literatura fantástica, la literatura de horror. Y dentro de la literatura de horror nació el proyecto de la poesía siniestra y de los cuentos que hablan de los vampiros en el Perú.

MM: ¿Cuál cree usted que es el elemento que define a una historia como fantástica?

GP: Desde mi perspectiva yo me quedaría con dos ideas fuertes. Primero es el tema de la vacilación, digamos que en la lectura misma de un argumento que puede ser un cuento o una novela, se produce una vacilación, es decir no sabes si estamos en el terreno de lo real, lo concreto, o lo imaginario. Ese espacio límbico como de vacilación, es un punto de partida para definir si es o no fantástico. Por ejemplo, que la narración del texto empiece de manera realista y que de pronto se produzca una irrupción  de un hecho extraordinario. Y a partir de esa escisión de un hecho extraordinario varíe radicalmente el desarrollo de ese mismo texto. Esa irrupción y ese cambio de perspectiva es lo que definiría al texto fantástico.

Por ejemplo, nosotros subimos por estas escaleras a este lugar, pedimos algo para tomar y de pronto se abre el techo y aparece Molok que nos dice: «Bienvenidos  a mi paraíso». Y a partir de allí cambia todo el desarrollo de la narración. Eso es. Ahora me quedo con el asunto de la vacilación, porque hay textos en los que no hay esta irrupción. Por ejemplo, cuando hablamos de los textos, de terror o de horror, de Lovecraft, que es llamado el horror cósmico, probablemente no hay ninguna aparición de una criatura, de un hecho inquietante, pero ya sea por el uso del lenguaje o por las imágenes que el autor emplea que se produce una sensación de incomodidad, de zozobra, de intranquilidad. A mí me parece eso más interesante.

MM: Se le considera un amante del horror, lo gótico, lo siniestro y fantástico, ¿con qué autores nace esa fascinación?

GP: Yo lo que siempre he creído, en principio, es que no debemos quedarnos con lo que nos ofrece la crítica. Por ejemplo, mi voluntad siempre es cuestionar todo. Cuando yo escuché que se decía que Clemente Palma era el creador del cuento fantástico y de horror en el Perú, lo acepté un tiempo, pero después dije «hay que investigar, hay que buscar y no aceptar las verdades como cosas hechas». Y en esa medida fue que empecé a descubrir otras figuras. Lo mismo pasó, por ejemplo, cuando en la literatura llamada «occidental» todos hablaban de Lovecraft y de Poe. Grato fue para mí descubrir que hubo otros que alimentaron a Lovecraft y que, a la par de Poe, existieron otros escritores sumamente interesantes. Lo que quiero decirles con esto es que tanto a nivel peruano o latinoamericano, como a nivel internacional, hay que hacer pesquisas permanentemente, no quedarse con los nombres habituales. Eso es lo que siempre me ha llamado a ver que debajo de una piel, de un pelaje, hay otra piel para develar, o que paralelamente a una figura hay otra tan o más interesante que esta.

MM: ¿Habría alguna diferencia entre los conceptos de siniestro, horror y fantástico?

GP: Sin duda que sí. Hay un trabajo de Freud sobre lo siniestro sumamente interesante. Él lo que dice es que esto tiene que ver con miedo, terrores ancestrales, atávicos que están presentes en el ser humano y que aparecen o reaparecen, que están latentes ahí en determinadas circunstancias. Por eso yo creo que es fundamental el tema siguiente, es una propuesta mía que he intentado resolver cuando he escrito en algún momento sobre el tema. Lo fundamental no es generar miedo en el lector —no digo que no lo sea—, lo fundamental es que el ser humano, el lector se encuentre con esos miedos, le salga de frente a esos miedos y pueda establecer una suerte de vinculación para poder convivir de manera pertinente con ellos. No es un miedo que genere repulsión, rechazo, que te haga salir, escapar de ello; la idea del cuento de terror permite establecer una suerte de vínculo, de hilo conductor para que el ser humano como lector pueda resarcir esos miedos que lo tienen atrapado, encapsulado. Para mí esa es la función fundamental, ontológica. Cuando he leído cuentos de terror lo que buscaba es eso: más que sentir un miedo ante lo que estoy leyendo, es más bien obligarme a pensar por qué determinados elementos me provocan estos miedos, qué está ocurriendo conmigo, qué sigue ocurriendo conmigo para que yo siga adherido a esos miedos ancestrales que deberían haber sido superados y, sin embargo, están ahí. Siempre me pregunto por qué, qué soy, quién soy, qué busco, qué persigo, a razón de qué esos miedos todavía tienen cabida en mí, y trato de manejarlos de manera pertinente, no necesariamente para convivir de manera plácida con ellos, pero sí por lo menos para ofrecerme una respuesta más o menos importante a lo que me viene preocupando o inquietando. Tiene que haber un afán sanador, por lo menos así lo he visto. Un afán sanador.

MM: …Y este afán sanador podría extrapolarse a la ficción en general. Muchos teóricos, como Iser, hablan de que la literatura encuentra su justificación en tanto nos aproxima a nosotros mismos, a conocernos mejor.

GP: Yo creo que eso es la cura, la gran posibilidad. Yo creo que la literatura fantástica y de terror probablemente sea la que te lleva con más intensidad e integralidad hacia ti mismo. Desafortunadamente en un país como el nuestro siempre ha sido una lectura marginal porque se ha privilegiado la literatura realista. Básicamente porque se pensó que la literatura realista podía ofrecerte un reflejo de la realidad social que se vivía en el Perú, cosa que, por supuesto, no es cierto. La literatura fantástica te ofrece todo ello. Como lo dije al inicio, el develamiento de pieles es muy sugerente, y nos lleva a preguntarnos qué hay detrás de esto, por qué, por ejemplo, el hecho de que una persona se despierte un día convertido en una cucaracha o un bicho asqueroso es que pueda ser una imagen tan simbólica. Veamos un ejemplo: te puedes hacer preguntas tales como: ¿sabías, por ejemplo, que la madre tiene un proceder A frente a Gregorio Samsa y la hermana tiene un proceder B frente a él? No recuerdo cuál de ellas exactamente, pero una le dice a Gregorio lo siguiente: «saquemos todas las cosas de tu cuarto, todo, todo. Liberemos tu cuarto de sillas, mesas para que estés más cómodo en tu nueva condición». Y la otra le dice: «No, dejemos todo esto, porque si nosotros liberamos tu cuarto de todas esas cosas vas a perder o te vas a alejar más de tu condición de ser humano». Entonces, más allá de la misma anécdota la literatura otorga estas posibilidades de interpretación, lo que hace que sea una experiencia enriquecedora. Es eso.

MM: ¿Y cómo es que irrumpe lo siniestro en la literatura peruana?

GP: Si nos guiamos de los mitos y leyendas que han sido transferidos de generación en generación, ahí tenemos la respuesta, pues se habla de seres malignos y demás. Ahora, con la aparición del cuento moderno, vuelvo a lo mismo. Se dice que fue con Clemente Palma. Él, en 1904, saca Cuentos malévolos, texto que hasta hace algunos años se consideraba fundacional, pero eso ya no es así. En 1903, un año antes de la aparición de Cuentos malévolos, el iquiqueño José Antonio Román sacó un libro llamado Hoja de mi álbum. No digo que esté por encima de Cuentos malévolos, pero es un texto que le puede discutir a Clemente Palma.

El hecho de que Clemente Palma sea destronado me parece bien. La idea de poner a Román en el tapete no es imponer su figura dentro de la tradición; es simplemente discutir a partir de eso. Sabemos también que el cuento (yo prefiero llamarlo «texto narrativo»), no surge ni con uno ni con otro, sino con Tradiciones peruanas. Hay tradiciones de don Ricardo Palma donde trabaja con el horror, con lo siniestro. Como por ejemplo en «El Manchay-Puito», «El encapuchado» o «El carbunclo del diablo». Así como él hay otros tradicionistas que también han trabajado esa línea.

No descuidemos la literatura oral, prehispánica. Allí está creo yo el gran corpus que debe ser estudiado, tomado en consideración. Lo digo porque muchas de las narraciones que vinieron posteriormente se han nutrido a partir de estas y podemos rastrearlas en muchas narraciones actuales. Por ejemplo, las criaturas que te extraen la grasa o que chupan la sangre de sus víctimas. Eso no es nuevo. A fin de cuentas qué es la literatura sino recreación de la realidad, y esto se está retomando, creando nuevos escenario, nuevos personajes.

MM: ¿La literatura peruana, entonces, lograría generar una tradición autónoma?

GP: Difícil es sentirse autónomos. Yo creo que la idea es despercudirse, sacudirse.  Yo no sé cuán posible sea ello. Somos hijos de una tradición, pero sí creo que ha habido grandes esfuerzos por crear una propia (no precisamente en la línea que nos ocupa). Pienso en un Gamaliel Churata, en El pez de oro, en lo que se gestó en el grupo Orkopata, pienso en José María Arguedas…

En lo que concierne a lo fantástico, yo sinceramente espero que nosotros como escritores estemos intentando o tratando con cada vez más frecuencia desasirnos de las marcas foráneas para intentar algo más personal. Pienso en José Güich, cuyas temáticas fantásticas están ligadas a cuestiones que nos atañen a nosotros como identidad peruana, cuando, por ejemplo, trabaja personajes peruanos que son viajeros del tiempo o sobre intromisiones de una realidad foránea en la realidad propia. Pienso que allí Güich está intentando llevar lo fantástico a una estatura, otorgándole una jerarquía distinta o, por lo menos, propiciando algo distinto. No sé si hay deudas, probablemente las haya con la literatura foránea, pero yo creo que se están haciendo cosas interesantes.

En los años 50 hubo una suerte de boom de la literatura fantástica. Escritores como José Durand, Mejía Valera, el mismo Julio Ramón Ribeyro que tiene un puñado de cuentos fantásticos. Pero lo que se viene gestando desde hace unos 10 años, quizás un poco más, con bastante fuerza y cuyas explicaciones están todavía pendientes, es un fenómeno mucho más fuerte –aunque no más interesante- de lo que se gestó en los 50. Lo de ahora yo diría que es un boom mayor, hasta el punto de que hay uno o dos sellos editoriales que ofrecen básicamente textos de literatura fantástica, horror y ciencia ficción. Eso es expresión de algo que está ocurriendo. ¿Qué está ocurriendo para que se esté gestando esto? No lo sé, estamos en camino de leer y ofrecer respuestas. Yo me animaría a dar, a título personal, algunas. Creo que estamos leyendo o hemos empezado en los 90 a leer el fenómeno de la violencia política que vivió el Perú en los años 80. Yo creo que es responder de manera creativa, no maquillada, escondida, creo que las las claves están allí en novelas que han aparecido y cuentos que siguen apareciendo para explicar ese fenómeno. Esa diría yo que podría ser una de las consideraciones a tomar en cuenta. Otra es la visibilización que se le ha empezado a dar a la literatura fantástica. No sé cuánta importancia tendrá, por ejemplo, la organización de congresos que se han hecho sobre literatura fantástica; le han dado cabida en foros académicos a la ciencia ficción, a lo fantástico, al horror, al terror. Desgraciadamente, no está ocurriendo lo mismo con la literatura policial que está un poco escamoteada. Más allá de algunos esfuerzos teóricos que han hecho Ricardo Zumalavia y Diego Trelles, esta literatura sigue siendo marginal.

MM: En ese sentido la literatura juvenil estaría siguiendo esta línea de lo fantástico a partir de la presencia de personajes tales como vampiros, hombres lobos…

GP: Eso y la cinematografía que ha ayudado muchísimo. Fenómenos de estas sagas que conocemos también han acicateado el asunto para que el tema despegue. Probablemente haya otras variables que se están manejando, pero por lo menos esas son tres o cuatro que me animo a decir en este momento. Creo que falta —y esto lo digo a contramano, a contrapelo de lo que acabo de señalar— un tamiz porque se está filtrando mucha literatura fantástica. Tiene que haber un poco más de rigor para que no fluya todo lo que creo yo que no debe fluir.  El otro tema es el de siempre: la crítica. No hay crítica que permita sopesar con elementos significativos, valiosos. Lo que conocemos como crítica se reduce básicamente a resecciones tales como «apareció el libro tal, te deseamos suerte, sigue adelante» y se acabó la gracia. No hay un contrapunto, un texto ensayístico valioso, importante que permita establecer un diálogo sugerente. Ahora yo no sé cuántos libros de literatura fantástica hay en estos últimos años, pero la verdad el realismo está siendo opacado si es que no ha sido opacado ya. Y eso más que una razón para sentirse satisfecho, orgulloso, es más bien una razón para preocuparnos en el sentido de que tenemos que ver todo este fenómeno que está surgiendo con una mayor clarividencia, con ojos más certeros, con más estudio, explicar qué cosa está ocurriendo, qué hay de todo esto, por qué este fenómeno se está dando. Te lo digo desde la perspectiva de un pesquisidor. Antes el asunto era sumamente complicado porque para encontrar un cuento que mereciera estar en una antología, tú tenías que revisar libros enteros porque sabías que de un libro de cuentos de un autor en los que había ocho o diez cuentos podías hallar uno que se adscribiera en la línea fantástica, uno y de buena calidad. Ahora el asunto se ha invertido, lo que te ofrecen es demasiado abundante y más bien lo que tienes hacer es cortar y ahora más que nunca privilegiar la calidad. Hallar un cuento ahora de literatura fantástica que realmente merezca estar en una antología y que pueda estar en una antología del cuento latinoamericano, es un trabajo arduo.

MM: Ahora háblenos de usted. ¿Cuáles son sus proyectos literarios?

GP: El proyecto que siempre está en construcción es la antología de literatura fantástica. Digo en construcción porque la primera edición sale en el 2007, una segunda en el 2009 y ahora estoy trabajando una tercera edición en 2 tomos. Cada tomo tiene alrededor de 600 páginas; estamos hablando de un libro de 1200 páginas más o menos, que abarca desde la literatura prehispánica hasta la actualidad. Para ira de algunos académicos, he incluido como antecedente del cuento fantástico fragmentos de literaturas orales, como, por ejemplo, algunos fragmentos de Dioses y hombres de Huarochiri o mitos de creación de pueblos Huambisa, Huaruna. Sin embargo, creo yo, hay un desarrollo importante de la literatura fantástica hasta la actualidad. Ese es un proyecto. El otro es de José Antonio Román. No es un estudio sobre él, es una suerte de pesquisa novelada: yo voy narrando en primera persona cómo voy acercándome a la figura de él, a los inconvenientes que tengo para investigar en una ciudad como Lima, cómo voy hallando los primeros vestigios de él y cómo voy armando todo el libro. No sé si sea novedoso, pero eso es lo que he pretendido hacer con él. Después está lo del trabajo poético que no lo dejo, y el otro tema es la enciclopedia de lo fantástico; una enciclopedia que pueda registrar desde la A hasta la Z quién es quién en la literatura fantástica. Un texto de consulta que te permita visibilizar todos los nombres, obras y demás que se ha hecho y se sigue haciendo en el Perú, no sé si se podrá hacer, pero ¿qué dicen ustedes?


Entrevista realizada por MIGUEL ÁNGEL MATTOS (Junín, Perú)

Estudiante de Literatura de la Universidad Científica del Sur. Ha participado en el Congreso de las Artes: homenaje a Jorge Eduardo Eielson como miembro del Comité Organizador. Actualmente, es codirector de MOLOK. Revista de arte y literatura.

One Comment

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  1. Guillermo Andrés Gutiérrez Cuadros 20 julio, 2017 — 1:55 am

    Reblogueó esto en ARTE DE LA PALABRA.

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