«Sobre los clásicos» de Jorge Luis Borges

 

Aunque al final terminé admirando a Jorge Luis Borges, él fue el primer escritor que odié en mi vida. Empecé a leer sus cuentos en el colegio como parte del curso de Literatura. Lo detesté. Los nombres extraídos de dimensiones extrañas, las citas y las referencias biliográficas de libros lejanos, la explicación de filosofías impensadas, las frases densas e inexpugnables, todo era indescifrable para mí. La inexperiencia y soberbia del adolescente me llevaron a cuestionar el porqué se le llamaba un clásico. Muchos años después y ya en la universidad, volví a tomar sus libros de cuentos obligado por un curso de carrera. De pronto, esas piezas amorfas fueron configurando una imagen cercana y esos juegos de pensamiento llevados hasta el extremo de lo fantástico fueron reales. Era consciente que eran las mismas frases de los mismos libros. Algo había cambiado. Nunca me sentí más como Pierre Menard que en aquel momento, el personaje de un cuento que me permitió comprender la naturaleza de un buen lector.

El poeta de Nimes, Menard, es el símbolo del lector ideal, aquel que busca los sentidos diferentes y nuevos de las obras, y nos insta “a recorrer la Odisea como si fuera posterior a la Eneida”. Es la lectura como un acto creativo. La escritura del Quijote, por parte de Menard, no consiste en la plasmación de grafías en un texto, sino en su interpretación. Pierre Menard es el autor del Quijote, en tanto es un lector que integra la obra dentro de su época, reinterpretando los hechos para darles una nueva dimensión significativa.

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La importancia de las lecturas en la formación de los clásicos es uno de los temas del ensayo de Jorge Luis Borges titulado “Sobre los clásicos”. En este breve texto, el autor nos plantea qué es para él una obra clásica.  Después de algunas puntualizaciones, concluye con una propuesta que, como él mismo dice, no nace de contrastar otras definiciones al respecto, sino de su propia experiencia de lectura: “Clásico es aquel libro que una nación o un grupo de naciones o el largo tiempo han decidido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término. Previsiblemente esas decisiones varían”. Es decir, como más adelante Borges nos irá explicando, el concepto de clásico está sometido a un determinante: el lector. Él define qué obra será clásica, qué libro despertará en él la verdad del mundo y su destino.

Sin embargo, ese lector estará sometido a  dos fuerzas gravitatorias que lo moldean: el tiempo y el espacio. Porque, seguimos con Borges, cada nación interpretará una obra de distinto modo, pues esta influenciará decididamente en su cultura y su visión del mundo. Por eso, “para los alemanes y austriacos el Fausto es una obra genial; para otros, una de las más famosas formas de tedio”. Por otro lado está el tiempo, las épocas que sobre una misma nación influyen de diferente manera, pues las virtudes que forman un clásico “se gastan a medida que [las] reconoce el lector”, porque se repiten y, entonces, las obras deben de renovarse, leerse desde el nuevo entendimiento de las nacientes  épocas. Por ello, dice Borges, es peligroso creer que los clásicos serán eternos. Imposible. Los clásicos también deben de variar y acondicionarse a las nuevas eras.

En el ensayo que Miguel de Unamuno dedica al Quijote, el filósofo español describe, desde sus inicios, las diversas lecturas que la famosa novela de Cervantes tuvo desde su publicación en el siglo XVII. En esa muestra de erudición, Unamuno nos explica cómo la obra se fue adaptando a cada lectura y necesidad de sentido de cada época, desde sus inicios como texto paródico y tono fundamentalmente burlesco y crítico de las novelas de caballerías, hasta que a partir del Romanticismo el Quijote nos habla de esos dos rasgos universales que constituyen al ser humano y que pugnan dentro de él: los ideales y el mundo material. La escena de los molinos de viento se convirtió en un ensayo filosófico.

La lectura para Borges es un valor muy importante como lo es para el arte moderno. Recordemos que una característica de la literatura contemporánea es la importancia que tiene el lector dentro de la construcción del sentido. La lectura es también un acto creativo. Pienso que la comprensión de Borges sobre lo que es un clásico nace de ese punto. Los rasgos de una obra clásica no son intrínsecos al objeto, como se creía, sino que son el producto de la interpretación de una época y de una nación, es producto de la lectura. Algunas vez escuche a Borges, a través de un vídeo, decir que había muchos premios para los escritores y no para los lectores, y que era tan o más importante lo leído que lo escrito. Lo que en aquel momento creí que era la expresión de un amor por la lectura, ahora entiendo que se trataba de una poética expresada en el ensayo citado: el escritor es un intérprete del gran libro del mundo. O, como yo prefiero humildemente entenderlo, lector es quien reescribe constantemente la vida.


YURI JESÚS VÍLCHEZ BEJARANO (Huancayo, Perú)

Docente a tiempo completo en la Universidad Privada del Norte. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Culminó la maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana en su alma mater. Ha impartido cursos en Literatura, Comunicación, Semiótica y Redacción en diversas instituciones.

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