El cuerpo como construcción del espacio onírico en dos cuentos de Alfredo Castellanos

Toda la negrura del limbo. El cuerpo como construcción del espacio onírico en dos cuentos de Alfredo Castellanos: «Crisálida» y «La casa del desayuno»

Dentro de los diarios publicados de Julio Ramón Ribeyro, reunidos bajo el título de La tentación del fracaso (1992), aparece uno de los pocos y detallados testimonios sobre la vida de Alfredo Castellanos. El enigmático escritor apurimeño aparece transformado en un personaje dentro del universo ribeyriano. Su figura va consolidando una imagen caótica hasta la anotación fechada el día 25 de junio de 1977. En estos párrafos, Ribeyro reflexiona sobre la muerte de su compañero de colegio, y nos brinda un homenaje íntimo con algunas escenas que nos dan cuenta del enigmático y desafiante espíritu de Alfredo Castellanos. Si bien la ficción y la realidad constituyen dos niveles ontológicos diferentes, ambos mantienen un punto de encuentro en el límite del texto. Los testimonios sobre Alfredo Castellanos retratados en los diarios de Ribeyro construyen la idea de una conciencia que opera de manera parecida al mecanismo de sus cuentos:

Le encantaba abordar a un desconocido en la calle y hacerse pasar por un íntimo amigo de él, en forma tan persuasiva que el desconocido empezaba a interrogarse, a dudar, a entrar en el juego. Y estas cosas no las hacía «para la galería», por una vocación teatral, pues la mayoría de las veces las hacía sin testigos, solamente por el placer que le producía turbar a las personas, colocarlas en una situación insólita, incongruente y que las dejaría pensativas durante toda su vida. ¿Surrealismo? Ni hablar, pues en esa época nosotros sabíamos muy poco de surrealismo. (RIBEYRO 1992: 550)

En los cuentos de Alfredo Castellanos se combinan las acciones absurdas en atmosferas plásticas; enrarecidas, en su mayoría, gracias a la obsesiva descripción de sus personajes. Estos elementos subyacen en el escenario hasta que erosionan y componen un espacio onírico. El universo ficcional actúa como mecanismo de crítica hacia una existencia sistemática. Esta característica de su narrativa no es gratuita, comparte este rasgo con los otros compañeros de su familia espiritual: la generación  del cincuenta. Artistas que influenciados por las corrientes existencialistas evidencian un escepticismo utilizado a modo de herramienta para abordar la realidad inmediata: el fallido proyecto de modernidad. Alfredo Castellanos realiza el mismo ejercicio, pero en clave fantástica. En sus textos, la inestabilidad producida por los elementos del universo ficcional brindan una sensación onírica, producida tanto por el exceso de luz como por la oscuridad. Provocando en el lector una percepción fragmentada de la realidad propuesta en el texto.

En algunas ocasiones la correspondencia entre la vida y la obra del artista parece hacerse más evidente que en otras. En este caso podríamos proponer un vaso comunicante bastante obvio: generar turbación mediante situaciones insólitas, absurdas o atípicas, y con esto cuestionar al orden establecido, parece formar parte de la temprana e inconclusa poética de Alfredo Castellanos.

El presente trabajo tiene como intención, en primer lugar, ubicar los textos de Alfredo Catellanos dentro del paradigma de lo fantástico moderno, propuesto por Omar Nieto en su texto Teoría general de lo fantástico. Del fantástico clásico al posmoderno. Esto nos servirá como marco referencial para explicar nuestra propuesta sobre la construcción del espacio onírico a partir del cuerpo. Nos basaremos en dos cuentos: el primero es «Crisálida», perteneciente al conjunto de textos publicados póstumamente bajo el título de «Relatos fantásticos» en el año 2006. El segundo cuento se trata de «La casa del desayuno», que forma parte del conjunto titulado «La culpa y otros textos», publicado también póstumamente en el año 2014. Como antecedente nos basamos en el detallado estudio preliminar del investigador Elton Honores en su libro Mundos imposibles. Lo fantástico en la narrativa peruana (2010), en donde propone un apartado sobre la presencia del cuerpo y su relación con el asco. En este capítulo se nos menciona que la narración produce una concepción fragmentada del personaje. La despersonalización  evidenciada en las acciones termina dando una atmosfera de inestabilidad a lo largo del relato. Esta inestabilidad dentro del universo ficcional, según Omar Nieto,  es el elemento que construye lo fantástico en el texto, y sobre el cual nosotros nos ocuparemos.

Tanto en «Crisálida» como en «La casa del desayuno», los cuentos que nos proponemos a abordar, existe un similar esquema de construcción. Ambos textos presentan un personaje que realiza un desplazamiento hacia un espacio  ambiguo, limítrofe entre dos posibles realidades. Dentro de este lugar intermitente aparece la figura de un anciano.  En el primer cuento se nos narra el progresivo camino de Gabriel, un asesino que emprende un viaje deambulando por repetitivos senderos hasta que se encuentra un cementerio. De pronto aparecerá un anciano que mediante imágenes le hará recordar todos sus crímenes. Gabriel, al verse atrapado en una repetitiva existencia, llega a un clímax donde entra en crisis y su voz se va consumiendo. La siguiente escena nos muestra su cuerpo inerte descomponiéndose frente a su casa.

Este relato evidencia la imagen amplificada de los rasgos corporales. Nos detendremos en  algunos puntos a considerar. En el texto de Honores se nos da cuenta de una construcción fragmentada del cuerpo. Al respecto el autor nos dice:

La presencia del cuerpo, que aparecerá semánticamente fragmentado en Crisálida y en otros cuentos a través de los dedos, rostro, ojos, y manos, se manifiesta también en los dibujos del autor, de figuras humanas: rostros de mujeres tristes o rostros de hombres en su mayoría, en donde también se distinguen las manos. (HONORES 2010: 154)

Existe una ruptura del cuerpo dentro de los textos de Alfredo Castellanos. Como nos dice Honores, aparecerá semánticamente fragmentado. Esto quiere decir que tanto la conciencia como el cuerpo están en conflicto. Sobre esta problematización la narración nos brinda una sensación onírica. El narrador omnisciente con focalización interna nos describe la percepción de su propia corporalidad: «Un sopor iba adormeciéndolo; las manos se le ablandaban al contacto de su carne. Ya estaba viejo de haber esperado tantos años. Las pupilas se le disolvían en un licor sucio pero la contemplación de la gente no lo contrariaba, antes bien parecía alegrarle» (CASTELLANOS 2006: 33-34).

Este párrafo del cuento significa un cambio de la realidad, la intuición de la extrañeza va constituyéndose desde el adormecimiento. La relación de las manos y los ojos da cuenta de un personaje que reconoce su condición grotesca; como hemos dicho, sobre la base de este conflicto se genera la sensación onírica. El narrador omnisciente continúa enunciando el conflicto de su propia percepción:

-Doy asco- se decía complacido por esa sensación de repugnancia- mis ojos empañados por viscosidad deben sacudir de impresión; mis manos descomunales; mi rostro, exageradamente prognata; mi aliento discordante debe producir repulsa. Tengo alguna compensación –se decía halagado, sujetando sus ímpetus al afán morboso. (CASTELLANOS 2006: 34)

La decadencia del personaje se muestra tanto en la carne como en el espíritu. Estos valores nos dan una idea notoria de las tinieblas que rodean el universo ficcional en este cuento. De esta manera, el escenario nocturno resulta propicio para la construcción de la sensación onírica. Fragmentado el cuerpo en un ambiente oscuro, la ceremonia inconclusa de transformación emerge como entrada hacia otro nivel ontológico.

Por otro lado, en el cuento «La casa del desayuno», la atmósfera se nos revela más bien iluminada, enunciada por un narrador personaje, el cual nunca revela su nombre. Un día se descubre ignorante, y emprende un viaje hasta la mencionada Casa del desayuno, lugar que por sus referencias está emparentado con un espacio ontológico superior: divino. En este lugar encontrará a un anciano, que mediante preguntas y ensalmos sobre el absolutismo de dios nos revela el sentido mayor del texto: el conocimiento despojado de instrumentalización. El viejo realiza una evaluación al narrador, al descubrirlo instruido en las «grandes ignorancias», no puede tomarlo como discípulo. El narrador abandona la Casa del desayuno satisfecho, orgulloso de haber poseído aquella experiencia.

Es importante señalar los diferentes niveles de lectura que puede alcanzar el cuento. Nosotros nos centraremos en la construcción de la sensación onírica basándonos en ciertos aspectos de la corporalidad del anciano, figura que se puede emparentar con una divinidad. Además de un animismo que dota el narrador a la llamada Casa del desayuno, el personaje nos describe así el espacio: «La desesperación que acicateaba mi pulso y el impúdico sentimiento de mi confesada ignorancia, me condujeron una mañana hasta la Casa del desayuno.  Grande, ajena y vanidosa, ignoró a través de sus mil ojos de ironía mi cordialidad espontánea de recién nacido» (CASTELLANOS 2013: 17).

En contraposición con el escenario compuesto en Crisálida, aquí las acciones se desarrollan en la mañana. Esto nos brinda una importante significación. El personaje no se encuentra en un viaje de condena. Realiza un recorrido hacia una iluminación. De esta manera, asociamos el lugar representado como un referente divino. Lugar que el narrador construye lleno de grandiosidad, y también como un lugar ambiguo. La imagen de los ojos sobre la casa denotan una condición viva: el animismo apoya la percepción de la  sensación onírica. El narrador también nos dice: «Guardó silencio y me contempló extrañado. Mi pregunta, quizá terrible ante sus ojos y los mil ojos de seguro lo sorprendía» (CASTELLANOS 2013: 19).

La casa del desayuno también es una presencia dentro del universo ficcional. Participa dentro de la construcción de la realidad, y  denota una transformación. Al finalizar el texto el narrador nos dice: «Volví la cara hacia la imponente casa y ensayé una orgullosa sonrisa. Ella, consiente de la importancia adquirida por mi persona, me despidió con una humilde venia» (CASTELLANOS 2013: 21).

Otro elemento que compone esta sensación onírica es la figura del anciano. Ya hemos dicho antes que su representación está ligada a una figura divina dentro de su construcción textual. Señalaremos algunos rasgos que le brindan está condición: «El hombre, uno austero y de cabeza cana, era tan alto que tuve que ayudarme sobre las puntas miserables de mis pies para darle mi respuesta» (CASTELLANOS 2013: 17).

En las líneas anteriores se menciona la primera aparición del aciano. Se nos describe una corporalidad anómala. Es tan alto que el narrador debe empinarse para poder hablarle. Esta referencia completa una significación. Como hemos citado párrafos más arriba, cuando el narrador menciona los mil ojos de la casa se autodenomina «recién nacido». La composición de una triada padre-hijo y espíritu emerge y cierra la concepción de este espacio divino. El anciano que representa a dios habla de una «ignorancia divinizada», término con el que se refiere al camino que se debe recorrer para alcanzar el conocimiento. La divinidad representada en el cuento no está eximia de los elementos de ambigüedad, por el contrario, necesita de guiños para constituirse y que nos denotan una sensación onírica al abordar el cuento.

Recapitulemos. En los dos cuentos mencionados hemos delimitado los elementos que generan un enrarecimiento en la atmósfera. Estos signos construyen lo que hemos llamado una sensación onírica, que finaliza en la constitución de un espacio, tanto en un escenario oscuro, como lo propone el cuento Crisálida, como también en el escenario de La casa del desayuno, ligado a la luz y la dimensión divina. La narración en ambos cuentos nos denota cierta inestabilidad provocada por la «fragmentación semántica» de la corporalidad. Esta representación del cuerpo refiere una intención particular. Así lo esclarece Honores:

Este modo de narrar busca una des-realización de lo que entendemos por realidad al presentarla como fragmentaria. La despersonalización de los sujetos busca cuestionar al propio sujeto a partir de sus actos. Este modo de narrar es, además, un intento de evasión; pero también de ampliación de la realidad. El mundo es percibido como un caos en donde no hay un orden ni organización; por ello, las sensaciones que percibimos son extrañas. (HONORES 2010: 154-155)

Es sobre esta sensación de extrañeza donde se construye la existencia de un espacio onírico. Para esto, nos basamos en el texto del investigador Omar nieto, Teoría general de lo fantástico. Del fantástico clásico al posmoderno. En este libro, el autor nos muestra su propuesta de ordenar y clasificar  teóricamente el  sistema fantástico y sus tres paradigmas. Cada modelo posee diferentes modos de funcionamiento, al respecto el autor nos dice:

A medida que el siglo XIX avanzaba, el fantástico clásico se convirtió cada vez más en un «fantástico interior», hasta consolidarse como un nuevo fantástico: el fantástico moderno, que ubica la otredad en el interior del hombre y por consiguiente lo oculta textualmente dentro de la narración hasta que emerge desde el universo del protagonista o algún personaje especifico. (NIETO 2015: 138-139)

Según Nieto, en el paradigma fantástico moderno, lo insólito emerge dentro del universo. Este aspecto está relacionado con la otredad, la manera como el personaje percibe la configuración de su subjetividad. Estas características mencionadas son identificables dentro de los cuentos de Alfredo Castellanos. En sus atmósferas emerge lo insólito, representado, en los casos que hemos revisado, dentro de la representación fragmentada de los personajes. En el caso de Crisálida, sobre las referencias corporales de Gabriel, y en la triada Dios-hijo-espíritu que se construye en La casa del desayuno.

Ahora bien, la sensación onírica que se produce en el texto es parte de la estrategia textual que opera dentro de las características de los textos que pueden ser analizados bajo este paradigma. Forma parte también de las características presentes en este paradigma. Nieto nos lo expone de la siguiente manera:

La génesis del paradigma del fantástico moderno surge con una conciencia de la carga maravillosa del relato medieval y de las leyes de la experiencia onírica romántica, la cual «por momentos revela percepciones sorprendentes respecto de estos mecanismos del inconsciente, que en su época aún no eran objeto de una ciencia» (NIETO 2015: 165).

Estas dos características, la normalización del elemento fantástico, emparentado con lo maravilloso y la experiencia onírica, herencia del romanticismo, forman los insumos para la construcción de lo que denominamos fantástico. De esta manera, la sensación de extrañeza que nos produce la narración del cuerpo y los espacios en los textos de Alfredo Castellanos, nos lleva a percibir inestabilidad en el ambiente ficcional. La única información que poseemos sobre los espacios donde se desarrollan los relatos es la que obtenemos de la descripción de los personajes, por lo tanto, si estos se muestran extraños, el espacio lo será también.

La intención de este trabajo ha sido la clasificación de Alfredo Castellanos dentro de un paradigma del sistema fantástico. Partiendo de esto, encontrar las características dentro de este paradigma, y señalar las estrategias del funcionamiento en dos de sus relatos. El espacio onírico, y cómo este, a partir de la inestabilidad de la atmósfera, construye lo fantástico. Si bien este autor es muy poco atendido por la crítica literaria, esperamos contribuir a sus posteriores estudios.

Referencias bibliográficas

CASTELLANOS, A. (2006). Relatos fantásticos. Lima: Editorial San Marcos.

CASTELLANOS, A. (2013). La culpa y otros textos. Lima: El lamparero alucinado ediciones.

GUTIÉRREZ, M. (1988). La generación del 50: un mundo dividido. Lima: Sétimo ensayo.

HONORES, E. (2010). Mundos imposibles. Lo fantástico en la narrativa peruana. Lima: Cuerpo de la metáfora Ediciones.

NIETO, O. (2015). Teoría general de lo fantástico. Del fantástico clásico al posmoderno. Ciudad de México: Universidad Autónoma de la Ciudad de México.


Ponencia presentada en el IV Congreso Internacional de Literatura fantástica.


JAVIER TORRES MARRUFFO (Lima, Perú)

Egresado de la Escuela de Artes escénicas y Literatura de la Universidad Científica del Sur. Fue miembro del efímero grupo de experimentación literaria Mosaico. Participó de la primera publicación de Austro. Revista de crítica y creación literaria. Actualmente se desempeña como profesor de literatura y administra la librería virtual Hoguera de las vanidades.

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