El canon literario: ese enigmático objeto de deseo

Primera improvisación sobre teoría y método

 

[…] de dónde les viene esa necesidad tan poderosa de rebajar el conocimiento ra­cional, esa furia por afirmar la irreductibili­dad de la obra de arte o, para usar una palabra más apropiada, su trascendencia.

Pierre Bourdieu

Objeto escondido en las discusiones sobre la calidad de los escritores, los artículos de investigación y las listas de fin de año, el canon literario es un concepto que influye en la forma en que se entiende, se enseña y se produce literatura, tanto dentro como fuera del campo literario. Esa importancia, sin embargo, no se corresponde con la preocupación que ha generado en los críticos: además de algunos artículos y libros que exploran el problema desde diferentes perspectivas (probablemente, La formación de la tradición literaria en el Perú es el más trascendente, y fue publicado hace casi 30 años) o investigaciones que exploran el proceso de canonización de determinados escritores, no se ha escrito todavía el texto definitivo que se atreva a mapear cómo se ha construido, se construye o se construirá el canon de la literatura peruana.

La principal dificultad que acarrea esa futura investigación totalizadora es, en realidad, un problema doble. Por un lado, la crítica todavía no ha reflexionado, con celo, acerca de qué es el canon y qué elementos contribuyen a su formación (o, mejor dicho, los estudios literarios peruanos todavía no tienen claro qué analizar y cómo). Por otro lado, esa reflexión inevitablemente llevará a concluir que el canon va más allá de los textos: la labor de la crítica, la escuela, los sílabos universitarios, las reediciones, entre otros. De hecho, el canon y su proceso de construcción pueden incluir tantos factores que el canon literario parece no tener una forma definida.

Por eso, ¿tiene la crítica los conceptos y las herramientas necesarias para estudiar este extraño objeto de estudio?, ¿se han realizado ya las investigaciones sobre enseñanza escolar y universitaria, por ejemplo, que permitan fundamentar una indagación sobre el canon? Cualquiera que conozca, un poco, el campo de los estudios literarios peruanos conoce la respuesta: definitivamente, quién se arriesgue a aceptar el canon como objeto de estudio deberá también enfrentar una serie de investigaciones paralelas. No parece, pues, tarea para un solo hombre. Desde ese punto de vista, este artículo debe ser entendido como una pequeña contribución para el inicio de ese proyecto más grande que se llama los procesos de canonización en la literatura peruana.

  1. Las cuatro tensiones y unas explicaciones más

 En las últimas décadas, el término ‘canon’ se ha convertido en un concepto vital para los estudios literarios, especialmente en el ámbito de la historiografía, debido a que permite conjugar distintos enfoques (sociología de la literatura, teoría de la recepción, literatura y nación, perspectiva poscolonial, etc.). Sin embargo, esto también ha provocado la banalización de la palabra: su empleo constante evita la explicación y problematización de la canonización. Es por eso que, según Verboord (2003, pp. 260-261), este uso retórico del ‘canon’ genera tres problemas. En primer lugar, no se define el canon literario ni se fundamenta su contenido (se afirma que un autor es canónico, pero no se exponen los criterios ni los procesos que permitieron esa inclusión). Segundo, el concepto pierde su función explicativa, ya que es utilizado para valorar las obras, pero no para describirlas. Por último, sugiere que la calidad literaria es dicotómica: usualmente, se entiende que un autor pertenece o no al canon; sin embargo, debido a su carácter múltiple, existen diferentes niveles de canonización.

Por ese motivo, para que constituya una categoría útil para la teoría y la interpretación literaria, parece razonable definir y caracterizar el canon: tradicionalmente, este ha sido entendido como el conjunto de textos y autores valiosos que merecen ser leídos, estudiados y conservados (Sullà, 1998, p. 11). No obstante, la forma más efectiva de explorar la complejidad del concepto consiste en comprender las diferentes oposiciones que lo enmarcan. En otras palabras, proponer los límites que encuadran las diferentes nociones que se han propuesto para delimitar el canon es el primer paso para definirlo. Desde ese punto de vista, son cuatro las tensiones que permiten entender el canon literario: canon cerrado – abierto, canon – cánones, canon estético – institucional, y canon de textos – modelos

Con respecto a la primera tensión, la idea de un canon cerrado o inmodificable se vincula al origen del término en el ámbito eclesiástico. Como explica Kermode (1998, p. 96), en este paradigma, interesa la autenticidad o pureza de los libros, los cuales nunca perderán su carácter canónico. Su valor es, por lo tanto, imperecedero. En cambio, Even-Zohar (2007-2011a, p. 16) propone un enfoque distinto: los elementos no canonizados[1] buscan constantemente reemplazar a los que sí lo están. Es decir, cualquier texto canonizado puede perder esa condición, asimismo toda obra no puede ser incluida dentro del canon literario. Esta es, pues, una oposición entre un canon inmodificable y que solo acepta adiciones, y otro que conjuga canonizaciones y (des)canonizaciones.

Por otro lado, la tensión entre la unidad y lo plural también está vinculada con el canon de la Iglesia. A pesar de que el Catolicismo es la primera institución en plantear la idea de un solo canon que permita unificar una diversidad de culturas, esta propuesta también ha estado vigente en el siglo XX. Por ejemplo, William Bennet (1984) propone recuperar solo los textos tradicionales de la civilización occidental en la educación, ya que estos pueden trasmitir ciertos valores “universales”, los cuales no son característicos de otras obras (citado por Teresa Villa, 2012, p. 34). Por el contrario, también existe la posibilidad de cánones alternativos, los cuales no se anulan entre sí. Por supuesto, esto no significa que estos cánones no busquen unificar, sino que su objetivo es menos general. De esta forma, Mignolo (1995, p. 29) explica que los vínculos entre los cánones y el corpus de la literatura no tiene como objetivo la consolidación de identidades y valores “universales”, sino individuales o grupales[2].

En tercer lugar, los requisitos de canonización han ocupado también un lugar central en la crítica literaria. Por un lado, algunos críticos enfatizan que las características formales de la obra son principal requisito para la canonización, así los valores estéticos son los únicos criterios válidos para la selección de la obra. Bloom es quizás el principal representante de esta tendencia: el canon occidental es elitista porque se funda exclusivamente en valores estéticos (1998, p. 197). Por otro lado, una forma diferente de comprender el canon subraya la importancia de las instituciones y los agentes literarios como verdaderos forjadores del canon; por ejemplo, Guillory (1993, p. VII) subraya la importancia de la escuela para ese proceso. Es posible también proponer la combinación de ambos factores como requisito de canonización, como es el caso de Herrnstein Smith, quien propone que la canonización de un texto no depende exclusivamente de sus valores intrínsecos, sino de la adecuación de esos componentes a las exigencias de determinado grupo (1988, p. 48).

Finalmente,  la última tensión se establece alrededor del contenido del canon. Es el crítico israelí Itamar Even-Zohar quien distingue entre una canonicidad estática (la inclusión de textos –productos concluidos– en el conjunto de obras cuyo prestigio obliga a su conservación en la cultura) y una canonicidad dinámica (la consolidación de un modelo como principio productivo: instrucciones para la creación de textos) (2007-2011a: 19). Esta oposición enfatiza la condición del escritor canonizado: este puede ser un autor prestigioso dentro de la tradición, pero cuya obra ya no es influyente (Chocano, por ejemplo); o un autor prestigioso e influyente al mismo tiempo (Vallejo). Es evidente, claro está, que ambas especies de escritor (el estático: canonizado pero infecundo; el dinámico: célebre y con influencia) pueden convivir en un solo canon literario.

La clasificación de los diversos tipos de canon constituye otra forma de delimitación. En lugar de la conocida propuesta de Fowler (1988: 97-100) y Harris (1998: 43-44)[3], el planteamiento de Renate von Heydebrand (citado por Preuss, 2012, p. 33) plantea un modelo relacional más útil para la investigación: 1. Canon material (conjunto de obras), 2. Canon interpretativo (valores que esos textos poseen), 3. Canon negativo (conjunto de obras que no poseen los valores que el canon interpretativo propone), y 4. Contra-canon (conjunto de obras cuyo objetivo es reemplazar el canon material, por eso, proponen valores diferentes).

Por otra parte, cualquier modelo de canon posee ciertas características vinculadas con su función dentro del sistema literario y social. En primer lugar, la canonización es un proceso vinculado a dos operaciones básicas: selección (incluir / excluir) y jerarquización (valorar). Segundo, debido a que los agentes dentro del sistema son fundamentales para la realización de esos dos mecanismos, el canon es siempre un acto de poder: aunque su forma más evidente es una élite letrada que busca imponer su canon a una mayoría, en realidad cualquier tipo de selección es una forma de ejercer ese poder. Tercero, todo proceso de formación del canon implica una estrategia de búsqueda o consolidación de ciertos valores (lengua, historia, identidad, memoria, nacionalismo, etcétera), los cuales son fundamentales para un específico grupo de sujetos. Por último, esos valores, así como el canon en el que son propuestos, permiten la unificación de una comunidad, así como la diferenciación con otros grupos humanos.

2. Una (casi) definición

Nuestra propuesta se basa en entender el canon literario en relación con el concepto de capital, que se enmarca en el paradigma sociológico de Bourdieu. Por un lado, esa noción refiere a cualquier recurso que posibilita la participación efectiva en los espacios sociales. Por otro lado, Bourdieu (2000, pp. 135-136) diferenció tres formas básicas de capital: el capital económico (el dinero, los derechos de propiedad y otros bienes materiales), el cultural (bienes, aptitudes, títulos universitarios, etc.) y el social (vínculos y afinidades grupales que producen beneficios). Además, también planteó una cuarto tipo de capital, el simbólico (características inherentes en apariencia: la fama, el bueno gusto, el honor, entre otros) (Giménez, 2005, p. 87). No obstante, para el sociólogo francés, cada espacio se organiza en correspondencia con un capital específico (Bourdieu, 2002b, p. 121); en otras palabras, los distintos capitales no influyen necesariamente en cualquier espacio social (“el capital vale en relación con un campo determinado”). Por lo tanto, la posición del cualquier agente en el campo depende exclusivamente de ese capital específico. En el caso del campo literario, ese capital se identifica con la consagración y el poder de consagrar (Bourdieu, 2005, p. 224).

Desde un punto de vista metodológico, el concepto de capital es fundamental, ya que permite explicar el sistema de posiciones en el espacio social: la acumulación de capital específico determina la estructura del campo en un momento específico. En otras palabras, el lugar que ocupa un escritor en el campo literario está determinado por el capital específico que ha obtenido en relación con sus decisiones y estrategias (publicaciones, manifiestos, controversias, etc.) (Bourdieu, 2002b, p. 120). Por lo tanto, el capital influye en los agentes y esto puede ser demostrado de dos maneras: por un análisis de la sincronía o la diacronía del campo. En primer lugar, según una perspectiva diacrónica, la posición del sujeto en el espacio social está determinada por la cantidad de capital específico: un mayor capital equivale a un puesto dominante; en cambio, uno menor, a un lugar subordinado. En segundo lugar, el estudio de cómo se ha modificado el capital en el transcurso del tiempo (enfoque sincrónico) evidencia la trayectoria del agente en el sistema; este recorrido varía si el capital aumenta o disminuye su volumen (se produce un desplazamiento vertical: canonización o descanonización) o si se ha ocurrido una conversión de capital (desplazamiento entre ámbitos distintos del campo o campos distintos) (Bourdieu, 1998, p. 128).

Por todo lo anterior, planteamos que el canon constituye un conjunto de textos que han acumulado el suficiente capital específico para alcanzar la consagración dentro el campo literario. Este canon es, en primer lugar, abierto ya que la distribución de ese capital se modifica históricamente; por lo tanto, el cambio de posiciones entre elementos canonizados y no canonizados es una posibilidad. Esto se puede entender mejor si consideramos las ideas de Even-Zohar (2007-2011a, p. 13) sobre el sistema literario: para este autor, todo sistema se encuentra jerarquizado entre un núcleo y una periferia, por lo que cualquier modificación debe ser entendida como una victoria de un estrato sobre el otro. De esta forma, si consideramos el canon como un espacio estratificado, este incluye un núcleo, que agrupa los elementos canonizados y consagrados (aquellos que han acumulado la mayor cantidad de capital específico), y una periferia (elementos canonizados, pero con menor capital). En el ámbito externo, se encuentran los textos y los autores no canonizados. Asimismo, consideramos fundamental diferenciar dos aspectos del canon: por un lado, el aspecto material (los elementos: obras y escritores); por el otro lado, el aspecto interpretativo (los criterios de selección y jerarquización como fundamentos del canon).

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Por otra parte, el canon es múltiple, por el enfoque sociológico en el que se inscribe el capital: en determinado espacio social, un conjunto de textos consagrados configuran un canon en ese campo literario; pero, en un espacio y campo literario diferentes, la existencia de otro canon es obligatoria. Desde otro punto de vista, debido a que –junto al capital específico– coexisten otras formas menos influyentes de capital, un grupo de agentes puede conformar un canon distinto que se fundamente en cualquiera de los otros capitales. Por eso, la coexistencia y la oposición de distintos cánones también es una posibilidad dentro de un mismo campo literario. Por último, el carácter continuo de las tensiones estético – institucional y texto – modelos solo puede ser explicado en el análisis de un factor crítico para entender las distintas dimensiones del canon: los procesos de canonización.

2.1. El proceso (tan importante como el resultado)

 Un aspecto fundamental de cualquier investigación consiste en vincular canon y canonización: ninguno de ellos puede ser entendido sin la explicación del otro. Por eso, si el canon constituye un resultado (la distribución del capital específico en un momento determinado), entonces la canonización es el conjunto de procesos de selección y jerarquización que condujeron a ese estado. En este nivel, resulta fundamental el análisis de los agentes sociales y sus acciones para entender esos procesos. Por eso, se requiere entender la literatura no como un conjunto de textos, temáticas o estrategias, sino como un sistema interrelacionado de diversos elementos, como escritores, editoriales, lectores, universidades, etc. (Even-Zohar, 2007-2011b, p. 33).

No obstante, las acciones de los agentes, individuales y aislados, no pueden influir efectivamente en los procesos de canonización sino están enmarcadas dentro del ámbito institucional, ya que ese factor el que permite y legitima cualquier acto o estrategia dentro del sistema literario (Even-Zohar 2007-2011b: 40)[4]. Por lo tanto, los procesos de canonización solo pueden ser analizados como una función de la institución literaria.

Este componente constituye, en realidad, un conjunto de instituciones que establecen cierto control: regula las normas, remunera y reprime a los agentes, determina qué productos y modelos son conservados, etcétera. En otras palabras, influyen directamente en la producción, la distribución, la mediación y la recepción de la literatura. Estas múltiples funciones determinan también la existencia de diferentes instituciones que participan en el sistema: el ámbito educativo, el financiamiento estatal, los premios, la crítica, las editoriales, entre otros. Esta variedad implica que no todas participan de la misma forma en los procesos de canonización, por ese motivo, es necesario determinar qué instituciones cumplen una función relevante en la distribución del capital específico.

Con respecto a esto último, Preuss (2012, p. 43) ha propuesto la siguiente clasificación[5]:

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Aunque se podrían haber incluidos algunas otras instituciones de canonización, este esquema expone claramente aquellos elementos que deben ser considerados para el análisis de la formación del canon. Constituye, entonces, una sistematización de los factores más representativos de la canonización. Sin embargo, esta clasificación no permite diferenciar los distintos niveles y las formas de influencia que cada institución posee en el proceso.

Por esa razón, resulta más adecuado entender que el canon literario es construido a partir de tres mecanismos fundamentales, los cuales se diferencian por la influencia en el aspecto material o interpretativo del canon, y el campo de acción:

1) Proceso crítico de canonización: conjunto de procedimientos que implican diversas formas de reflexión y análisis sobre el texto literario (libros, artículos científicos, tesis, etc.). Su campo de acción es restringido, ya que influye solo en algunos agentes (investigadores, profesores o críticos). Además, principalmente consolida el aspecto interpretativo del canon, a pesar de que también colabora implícitamente en la selección de autores y textos (aspecto material).

2) Proceso selectivo de canonización: procedimientos cuya principal función es la inclusión y exclusión de escritores y obras en listas, recuentos o selecciones (obras completas, antologías, enciclopedias, historias literarias, entre otros). Por esa razón, se encarga explícitamente de constituir el aspecto material del canon (en algunos casos, también puede influir en el aspecto interpretativo). Asimismo, su campo de acción es mayor, ya que es consumido tanto por especialistas como por aquellos que no lo son (por ejemplo, las selecciones de una antología o una historia literaria pueden funcionar como recomendaciones de lectura para los interesados en la literatura).

3) Proceso pedagógico de canonización: estrategias que se enfocan básicamente en la enseñanza en el ámbito de la escuela y la universidad. Por eso, depende de los otros dos procesos, ya que reproduce sus selecciones, valoraciones y jerarquizaciones. En otras palabras, es muy poco probable que fomente innovaciones en el aspecto material o interpretativo del canon. No obstante, su alcance es mucho mayor, ya que –en una sociedad que defiende la educación como un derecho– casi ninguna persona es ajena a su influencia[6].

Por lo tanto, debido a que estos tres procesos están determinados por lógicas institucionales diferentes, la canonización se revela como un proceso desigual, incluso contradictorio. Es decir, la formación del canon también constituye un campo de lucha en el que diferentes criterios son expuestos para fundamentar la selección y jerarquización de obras y autores (conflictos en el aspecto interpretativo para determinar el aspecto material del canon). En términos de Bourdieu, para el campo literario, la competencia por el monopolio del poder de consagración es necesaria (2005, p. 331). Por supuesto, esta idea se basa en lo siguiente: el valor no es intrínseco al texto literario; por el contrario, este valor se construye mediante los diferentes mecanismos de canonización. Por eso, Bourdieu (2005, p. 339) también afirma que la ciencia de las obras debe enfocar no solo la producción material del objeto literario, también debe analizar la producción del valor del texto, proceso en el cual participan distintas instituciones y agentes (críticos, historiadores del arte, editores, jurados, etc.).

Estas contradicciones en la construcción del valor literario (o en la acumulación del capital específico) implican que las tensiones estético – institucional y texto – modelo nunca terminan de resolverse en el nivel del canon literario. Por ejemplo, un autor puede haber acumulado una gran cantidad de capital específico en el ámbito de la crítica debido a sus innovaciones formales (factores estéticos), pero no es considerado un autor canónico debido a la discrepancia entre su temática y la actividad pedagógica (factores institucionales). Otro caso es aquel escritor cuya recepción en las antologías lo consolida como un modelo de producción artística entre sus contemporáneos; sin embargo, la ausencia de acercamientos críticos posiciona su obra como un texto secundario en la tradición literaria. Esto quiere decir que esas tensiones no constituyen características del canon, sino de los elementos canonizados: el autor o la obra son los que pueden haber sido canonizados por factores estéticos o institucionales, y pueden constituir un modelo de escritura o un texto de la época. Por supuesto, este aspecto interpretativo del canon solo puede ser comprehendido mediante el análisis de los procesos de canonización de casos particulares.

Aunque los procesos están determinados por sus propios criterios de canonización, estos también se interrelacionan e influyen mutuamente: por ejemplo, las antologías influyen en qué textos se leen en las escuelas y universidades; al mismo tiempo, los futuros críticos literarios e investigadores se educan dentro del ámbito universitario. Es por eso que ninguna institución puede construir el canon de forma aislada; por el contrario, solo la interrelación de esos diversos factores constituye el verdadero proceso de canonización (Preuss, 2012, p. 43). Exactamente, estos vínculos son la base del canon, ya que este constituye la consecuencia de la interacción compleja de las selecciones, evaluaciones y jerarquizaciones de los procesos crítico, selectivo y pedagógico de canonización.

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Finalmente, los procesos de canonización y el canon no constituyen objetos teóricos distintos, sino dos aspectos complementarios de un mismo fenómeno: la distribución del capital específico en el campo literario. Mientras que el primero implica el estudio de los mecanismos que permiten las regularidades o las modificaciones históricas de ese capital (dimensión diacrónica), el segundo se vincula con los efectos de esos procesos o el estado actual de esa distribución (dimensión sincrónica). Estas dos caras de una misma moneda constituyen un objeto de estudio todavía extraño –por su complejidad y multiplicidad– en la tradición de los estudios literarios peruanos: claro está, si no se conoce la moneda, tampoco se entiende cómo se construye el valor de la obra, cómo se difunde y cómo se consume. En esa carencia radica la necesidad de iniciar un enfoque totalizador de los procesos de canonización de la literatura peruana.

Notas

[1] Even-Zohar fundamenta la diferencia entre ‘canónico’ y ‘canonizado’: “Mientras que «canónico» puede sugerir (y así ocurre en los escritos de muchos críticos de habla inglesa o francesa) la idea de que ciertos rasgos son intrínsecamente «canónicos» (francés «canonique»), «canonizado» (francés «canonisé») subraya claramente que tal estado es resultado de un acto (actividad) ejercido sobre un cierto material, no una característica de la naturaleza primordial de ese material «en sí»” (2007-2011a, p. 15). Aunque estamos de acuerdo con el teórico israelí, ambos términos se emplean como sinónimos en esta reflexión.

[2] Estas dos primeras tensiones es vinculan estrechamente: una propuesta de canon cerrado casi siempre deviene en un canon unitario, así como un canon abierto tiende a aceptar la multiplicidad de cánones.

[3] Estos críticos plantean una larga lista de tipos: 1. Canon oficial, 2. Canon potencial, 3. Canon accesible, 4. Canon selectivo, 5. Canon crítico, y 6. Canon personal, 7. Canon, 8. Canon pedagógico, 9. Canon diacrónico, y 10. Canon del día (once canon).

[4] Esto no significa que el canon depende exclusivamente de factores externos o institucionales, sino que la selección y la valoración propuestas por el agente solo adquieren sentido dentro una institución determinada (Preuss, 2012, p. 31).

[5] Preuss (2012, p. 26) plantea una definición más amplia de la institución que la propuesta por Even-Zohar.

[6] ¿Y el mercado? Este ámbito cumple funciones similares al de las instituciones literarias, pero no es capaz de consagrar ya las decisiones de las instituciones son más influyentes y perviven durante más tiempo (Even-Zohar, 1999, pp. 49-52). Sheffy confirma esta última idea: “[D]icha dinámica [la del mercado] produce sin cesar corpus aceptados «ad hoc» sin garantizar necesariamente su duración como canónicos” (1999, p. 129). No obstante, en países con un mercado editorial mucho mayor, quizás si resulta un factor determinante (Ohmann, 1983).

Referencias

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Daniel Carrillo Jara (Lima, 1987)

Licenciado en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y egresado de la maestría en Estudios Culturales por la misma universidad. Ha participado en diversos congresos nacionales e internacionales; además sus artículos y reseñas han aparecido en revistas de su especialidad, como Anales de Literatura Hispanoamericana y Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. Actualmente, estudia una maestría en Literatura Latinoamericana en Purdue University.

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