Psicoanálisis del hermano ausente

entra sin hacer ruido a la casa.

se desliza como un fantasma por los pasadizos, con la mirada baja y los brazos rectos.

como si temiera que alguien fuera a cruzarse con él, se coloca con rapidez sus imperceptibles audífonos de plástico negro.

así, recubierto de múltiples capas, ingresa a la atmósfera enrarecida del hogar materno.

lo primero que hace es subir a su antigua habitación en el tercer piso.

allí lleva a cabo su misterioso ritual de limpieza, para luego descender a los aposentos en los que mi madre convive con animales muertos, verduras y especias.

él suele llegar a la hora del almuerzo, sin avisar, como un fenómeno más terrible que la lluvia o el terremoto.

en la mesa, mi madre se muestra inquieta, esperando a su callado hijo.

lo malo para ella es que con el transcurrir de los años ha ido perdiendo el sentido de la audición.

entonces suele suceder que el primero que percibe la llegada del hermano ausente soy yo.

oigo rechinar la puerta principal, adivino el tránsito del espectro por la escalera, su ingreso a la sala del segundo piso, su deslizamiento por los pasillos y, al final, sus ágiles pisadas dirigiéndose a la estancia superior, a su altar de libros y sentimientos abandonados.

“ya ha llegado”, le advierto; para que ella, levantándose con premura, comience a revolver el contenido de las ollas y avive las llamas de la cocina.

en esos momentos él desciende.

cuando llega al primer piso, al mítico comedor familiar, no cruzamos mirada ni palabra alguna.

es raro: jamás ha habido ofensas ni rencores.

sospecho que mi madre sufre al ver eso. pero yo no he podido explicarle que no es el odio o la indiferencia lo que engloba nuestro mutismo; no he sido capaz de explicarle sin abstracciones (mi madre no las entiende; las rechaza) que cada uno de sus hijos alberga dentro de sí una pequeña nación que se mueve entre acantilados.

no me queda sino levantarme de la mesa, recoger las sobras y dejar que mi madre y mi hermano almuercen juntos; ella preguntando y él asintiendo o negando, con la mirada fija en el potaje de turno, llevándose con gesto mecánico las cucharadas a la boca.

ella le dará de manera pormenorizada las noticias de la casa, de la familia en general.

y él, en su privilegiado cerebro, guardará toda la información, seguirá moviendo la cabeza y se levantará para irse sin decir adiós.

¿hace cuánto que mi hermano se fue de la casa?

sería como medir la duración de una estrella; él es profesor de historia, pero de seguro no ha logrado consignar en sus apuntes hace cuánto que se fue de la casa, hace cuánto que no se va de ella.

yo tengo una hipótesis: pienso que mi hermano, todos los días en su departamento de soltero, suele tropezar con su cordón umbilical.

entonces lo recoge, lo mira con cariño, lo amarra a su estómago y se dispone a salir.

ya en la calle, se coloca un gran antifaz, toma un taxi y se dirige a nuestra casa.

aquí se convierte en un fantasma polvoriento, en un signo de interrogación que trata de disimular su perdurable instinto de regreso.

a partir de mañana seré yo quien comience a abandonar la casa de a pocos.

él seguirá viniendo; ya no me encontrará y ello tal vez lo empuje a charlar un poco con nuestra vieja señora.

ella será feliz por breves instantes, y él rasgará poco a poco la tela de su antifaz: se notará a través de ella una breve mueca de satisfacción.


ROY ALFONSO VEGA JÁCOME (Lima, 1988)

Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su poemario Rumores de un arpa retorciéndose en la hoguera (Dedo Crítico, 2014) obtuvo una mención honrosa en el VII Concurso Nacional de Poesía “José Watanabe Varas 2011”, organizado por la Asociación Peruano Japonesa. En el 2015, su poemario Muestra de arte disecado (Ediciones Copé, 2016) se hizo merecedor del Premio Copé de Plata de la XVII Bienal de Poesía, otorgado por Petroperú. En el 2017, su libro Etapas del espíritu / Runas grabadas en la piel resultó ganador del X Concurso “El Poeta Joven del Perú”, mítico galardón que no se entregaba desde 1999. Textos suyos han aparecido en las antologías Recitales “Ese puerto existe”. Muestra poética (2011) y Versos en el aire V (España, 2016), así como en las revistas Lucerna (2013), Bitácora de Vuelos (México, 2016) e Ínsula Barataria (2017). Actualmente se desempeña como corrector de estilo, redactor cultural y librero.

Correo electrónico: roy.vega.jacome@gmail.com

Facebook: Roy Vega Alfonso Jácome / Librería del oso

 

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