«Ya no podemos hablar de un policial puro»: entrevista a Ricardo Sumalavia

Ciertos personajes como Don Quijote o Romeo y Julieta ya están insertos en el imaginario de la sociedad. Si preguntáramos quiénes son, todos de alguna u otra manera aventurarían alguna respuesta. Lo mismo ocurre con  Sherlock Holmes, pues la gente sabe que es un detective. Este personaje inglés  que vive en el 221 B del Baker Street junto a su amigo John Watson, ya forma parte de la cultura general, quizás  por el hecho de que han sido personajes llevados al cine y la televisión. Sin embargo, lo que la mayoría no sabe es que fue un personaje clave para que aparecieran más historias de detectives, aumentándose la demanda del policial para futuras diversificaciones del género. Y aún menos se reflexiona rigurosamente sobre el género hoy en día. Es por eso que para esta edición de MOLOK nos hemos puesto en contacto con el escritor y crítico literario Ricardo Sumalavia,  con quien conversamos sobre el particular.

Ricardo Sumalavia es autor de novelas como No somos nosotros (2017), Que la tierra te sea leve (2008), Mientras huya el cuerpo (2012). Entre sus libros de cuentos figuran Retratos familiares (2001), Habitaciones (2002), Enciclopedia mínima (2004), Enciclopedia plástica (2016). Así mismo, ha publicado las antologías Recopilación de Las fábulas mentirosas y el entendimiento (2002). El cuento en la Universidad Católica 1917-2000 (2002), Colección Minúscula, cinco espacios de la ficción breve (2007), Selección peruana 2000-2015 (2015)

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Libros publicados por el autor

Miguel Ángel Mattos: ¿Qué lo llevó a interesarse por la literatura policial?

Ricardo Sumalavia: En mi caso es más por motivación personal que intelectual. Surgió de un factor amical. Fui muy amigo del escritor Carlos Calderón Fajardo, y justamente accedí a él como escritor y como lector cuando él publicó La conciencia del límite último (1990), una novela que aparece en los años 90 que me gustó muchísimo. Primero había leído alguno de sus cuentos, pero ahí realmente me apasioné por su obra. Tuve la suerte de conocerlo después. Nos convertimos en grandes amigos. Yo en ese momento era estudiante de Literatura y tenía que pensar en la escritura de mi tesina, llamada memoria en ese momento, según la ley universitaria de la época e interna de la PUCP. Así que decidí escribir sobre la posibilidad de una novela policial negra en el Perú, que es lo que yo detectaba en esta novela de Calderón Fajardo. Fue así que me animé a investigar, como te digo, por una motivación amical. En el Perú no se había publicado mucho sobre el policial peruano; las novelas policiales en el Perú tampoco eran tantas, pero al hurgar en la historia literaria peruana, en las bibliotecas, encontré material interesante. Así empezó todo.

 

MM: ¿Puede hablarnos un poco del origen de la literatura policial en el Perú, sus primeros representantes?

RS: Esto es muy interesante, porque, en realidad, mientras el género policial se empieza a desarrollar con mucha fuerza en Europa, Estados Unidos, Inglaterra y Francia, en los mismos años —estamos hablando de finales del siglo xix y principios del siglo xx—, en el caso latinoamericano también eran los primeros momentos pero del cuento moderno. La novela todavía era un género incipiente para nuestra tradición latinoamericana, por eso es que, curiosamente, mientras que estas otras tradiciones ya tenían su base en el cuento, en la novela y luego irían desarrollando otros géneros —«subgéneros» como se llamaban en el momento—, nosotros estábamos aprendiendo todo al mismo tiempo del género y subgénero. Por eso es que mientras estábamos construyendo el cuento modernista -por ejemplo, tratar de delimitar personajes y un conflicto- ya los escritores empezaron a leer los cuentos policiales en inglés y en francés. Ya había algunas traducciones, sobre todo en México y Argentina, pero se veía como algo exótico. El género policial no se avizoraba como una práctica regular en América Latina. Hay razones que pueden explicar esto: el desarrollo social y socioeconómico, para empezar. Normalmente es un género que se da en sociedades burguesas, de preindustriales a industriales con un gran desarrollo que no era nuestro caso en el Perú, por eso es que era bastante incipiente. ¿Qué se empezó a escribir aquí a finales del siglo xix y principio del siglo xx? Parodias, reescrituras de los clásicos. Y la sátira, en la que nos iba bastante bien, también se filtró en estos escritos. En el caso peruano, lo que yo he podido detectar es que el texto más antiguo es una novela policial colectiva paródica titulada El meñique de la suegra, que se publicó en la revista Variedades que en ese momento dirigía Clemente Palma. Sin ninguna duda, él intervino en su escritura. Imposible saber quiénes más colaboraron, quizás otros más de la revista, pero sería especular demasiado. Seguramente Clemente Palma sí, por su afán también humorístico; siempre le ha gustado burlarse, parodiar géneros, inventarse otros autores como el cronista Juan Apapucio Corrales. Por lo tanto, no me sorprendería que haya participado en esta novela policial. Pero fíjate que es paródico, en la novela dice «vamos a invitar a Sherlock Holmes», entonces Sherlock Holmes aparece en la novela en un momento, pero lo toma como si nosotros escribiéramos ahora mismo una novela y mencionáramos «y por mi novela camina Vila-Matas», digamos ¿no?, en plan paródico. Así se escribía la novela policial en el caso peruano. Pero en México y Argentina ya se le iba asimilando con mayor seriedad. Decían «vamos a escribir novelas y cuentos policial al modo de», al modo estadounidense, al modo francés, sobre todo en aquella época el modelo era el del razonamiento, o sea el modelo parte de la novela y del relato policial clásico racional, es decir, por ejemplo, el de Edgar Allan Poe o el personaje Sherlock Holmes. Se trata de un crimen y luego  de la búsqueda de las pistas, ni siquiera ir al lugar del crimen, sino simplemente tener la información y el investigador, a partir de un razonamiento deductivo, establece quién fue el culpable. Es decir, no necesariamente hay una intervención directa del investigador. Él actúa desde su oficina, desde su despacho, ni siquiera es un profesional: el investigador, en ese momento, es un intelectual que quiere hacer pruebas de ingenio, no vive de ello. Bajo ese modelo se escribía en América Latina; estoy simplificando, claro está. Poco a poco empiezan a aparecer algunos detectives que se suman a la aventura, que se empiezan a enfrentar a los criminales. El crimen no es organizado en ese momento; son crímenes cotidianos, caseros: asaltos, robos, asesinatos por cuestiones pasionales. Ingeniosos, sí, pero por motivaciones muy personales.

Pero luego esto va a ir cambiando, como las sociedades van cambiando. Ya empiezan a generarse las mafias. Ya se sabe exactamente cuándo cambia la novela policial clásica a la novela negra. En esta se sabe quién es el criminal, pero el problema no es saber quién es el criminal, sino por qué lo hizo, cómo lo hizo y por qué todavía no ha sido capturado. Entonces el investigador privado va justamente detrás de esta información. Por eso es que, al principio, en el caso peruano, tenemos esta novela paródica policial y luego ya empiezan a aparecer uno que otro texto más acorde con el género. Por ejemplo, ya con un carácter policial en estricto, el escritor más serio en el caso peruano sería Manuel Beingolea, que primero fue un modernista total, completo, pero se fue a vivir a España y ahí se hizo muy popular con novelas policiales. Publicó mucho. Y es un autor muy olvidado, o sea en el Perú ahora mismo no lo leen. En una editorial en San Marcos o de jóvenes sanmarquinos, publicaron una novela de ciencia ficción suya. Entonces fue un autor muy interesante, lamentablemente olvidado por el lector masivo, como te digo. Él desarrolló estas novelas más clásicas pero seriamente. Y acercándonos más a lo contemporáneo (la década del 60 o 70) empezamos sobre todo a encontrar cuentos. Ya luego del boom, en los años 70 los escritores empiezan a parodiar; empiezan a asumir los discursos populares, el cine popular. Los subgéneros también pasan a tener más protagonismo, esto en toda América Latina y aquí también. Entonces hasta la novela negra cobra más importancia. Hasta Vargas Llosa escribe ¿Quién mató a Palomino Molero?; Mirko Lauer, bajo un pseudónimo, publica también una novela policial, se inventa ahí a un detective, y luego publica Secretos inútiles, que también tiene un corte policial; Fernando Ampuero publica Caramelo verde; Alonso Cueto, algunas novelitas cortas policiales como El vuelo de la ceniza. Entonces el elemento policial empieza a intervenir, pero no son autores de género, no son escritores de género, como pasa en otras culturas, en otras lenguas, que hay escritores que escriben solo novelas policiales, como otras novelas de horror o novelas de ciencia ficción. Aquí no tenemos escritores de género en cuanto a lo policial. Son escritores, digamos, que están dentro del canon, que son reconocidos dentro de la literatura oficial, pero, como Vargas Llosa, van publicando, van practicando en este género; básicamente en novela, no tanto en cuento. Curiosamente, el policial se desarrolla primero en el cuento y después pasa a la novela, pero en el caso nuestro va directo a la novela. Luego se pone en sintonía con las otras novelas policiales o «neopoliciales», como las llama Leonardo Padura, que se empiezan a publicar en toda América Latina. El mismo Padura, el cubano, las publica; o las del argentino Oswaldo Soriano, que tiene elementos policiales, pero que también mezcla mil cosas más; o Mempo Giardinelli con su novelita Luna caliente. Empiezan a aparecer varias novelas cortas, sobre todo bajo el tema policial y también sirven como pretexto para hablar de la política latinoamericana de los años 70 y los años 80, de las dictaduras. Esta novela negra latinoamericana y peruana se presta para poder desarrollar personajes que están imbuidos en la corrupción, en el maltrato, etc. Entonces, de esa manera, es un género que se ha ido ampliando poco a poco, pero no es que haya autores de género actualmente. Sí, hay escritores jóvenes que están publicando, escribiendo novelas policiales. Este año tengo entendido que han aparecido dos, todavía no las leo, sé que han aparecido y, bueno, parece que el género interesa. Por ese lado, digamos, es poco el muestreo que se está haciendo.

 

MM: ¿Qué características definen la literatura policial?

RS: La literatura policial, como te he respondido en las preguntas anteriores, básicamente ha tenido dos grandes momentos: la que se preocupa por el enigma, el saber, el quién y luego la motivación; pero en la segunda básicamente es, de alguna manera, poner sobre el tapete no solo el quién, el qué, sino justamente saber que hay una injusticia que va a permanecer como tal. En la segunda parte del género policial, digamos, lamentablemente se sabe quién es el criminal y muchas veces permanece afuera, se escapa de la ley, simplemente la investigación sirve para, por algunos momentos, destapar estos crímenes, pero a veces no logra ir más allá; a veces se asume una justicia por sus propias manos. Algo interesante aquí es que tanto en la primera etapa como en la segunda no necesariamente la investigación proviene de instituciones del Estado, o sea del cuerpo de policía, sino más bien de detectives privados, lo cual también delata una insuficiencia de parte del Estado que muchas veces está coludido con los criminales. Allí se convierte en una suerte de denuncia. La novela policial más contemporánea, sobre todo en América Latina, va adquiriendo esos rasgos de denuncia, por eso es que curiosamente en varias novelas policiales, sobre todo en aquellos países en los que no hay un desarrollo de detectives privados (como podría ser el caso peruano) los investigadores suelen ser periodistas, porque son personas acostumbradas a buscar información, a destapar escándalos, a ver más allá, a buscar un dato adicional. Entonces vamos a encontrar varias novelas con estos protagonistas. En otras pueden ser abogados, personas vinculadas al medio intelectual, personas acostumbradas a cuestionarse, a preguntar, que tienen una formación académica muchas veces. Y luego en el caso peruano el rasgo de la novela policial es que trata de concentrarse en los temas de corrupción, sobre todo en la época de los años 90. Fíjate que es un género que cobró cierto repunte en el Perú en esta época, que justamente coincide con el periodo de gobierno de Alberto Fujimori, de la dictadura. Y esas novelas permitían problematizar lo que pasaba en esos años, también con la presencia de Sendero Luminoso y el MRTA. Entonces son novelas que han ido tomando estos distintos temas. Incluso del policial se puede pasar al thriller, que es como una extensión de este, como por ejemplo la novela Abril rojo de Santiago Roncagliolo, donde hay una serie de crímenes y un criminal que hay que descubrir (y tampoco es que se resuelva gran cosa al descubrirlo, si leen la novela); pero fíjate el contexto, justamente es el contexto de violencia que padeció nuestro país en esos años. En otros países de América Latina es semejante: el policial argentino normalmente suele estar vinculado al periodo de dictaduras; en Chile también con el tema de la dictadura están varios escritores como Roberto Ampuero; en el caso argentino autores que ya te he mencionado, Mempo Giardinelli, tantos otros más, Ernesto Mallo. En el caso de México muchas veces también alrededor de sus dictaduras o como en España con la guerra civil, durante el gobierno de Franco. Un policial que se escribe en los ochentas habla acerca de todo ese sistema corrupto que proviene de este estado de facto.

MM: ¿Entonces considera que la novela contemporánea policial contribuye a visibilizar conflictos sociales?

RS: Exactamente.

 

MM: ¿Cuáles son los referentes más importantes de la literatura policial en la actualidad?

RS: La tradición es muy variada porque viene hasta del cine. Yo creo que actualmente incluso proviene de las series de televisión. Fíjate, en el caso peruano todavía no teníamos un género policial establecido, una tradición propiamente dicha, pero en los años ochentas tuvimos una serie policial: Gamboa. Un detective que pertenecía a la PIP (Policía de Investigaciones del Perú), tenía problemas e investigaba los casos, etc. Fue muy popular, el actor era Eduardo Cesti. Luego tuvimos otra serie donde el protagonista era un investigador pero de la Guardia Civil de entonces —claro, como ustedes saben, luego todo esto se fusionó— y era la serie Barragán. Es interesante cómo sin tener una tradición narrativa escrita tuvimos una mini tradición televisiva, por la influencia de todas las otras series policiales, sobre todo norteamericanas. Y el cine también, el cine negro con Humphrey Bogart que encarnó a Philip Marlowe, personaje de las novelas policiales de Raymond Chandler, y también encarna personajes de las novelas de Dashiell Hammett. Ellos son los grandes pilares: Chandler y Hammett. Pero también el policial francés es muy fuerte. Ahora sí nos vamos acercando más: las novelas policiales que se escriben en Europa del Este o que se escriben en los países nórdicos poco a poco han ido perdiendo la idea de investigar, donde el investigador va perdiendo protagonismo y quienes van a ganarlo son el criminal y la víctima. Es que el género policial luego ha tenido ramificaciones, como aquellas novelas en las que se habla de los criminales en las cárceles y cómo viven; está el elemento criminal ahí, pero no es necesariamente un crimen lo que moviliza la novela. Y también, como te digo, en otras novelas en las que prestamos atención a la víctima, cómo está siendo perseguida, o hasta en el testigo, cómo empiezan a perseguirlo. Como te digo ya ahí el detective pasa a segundo plano. Todas estas series de variantes provienen, yo creo, de distintas tradiciones, de muchas tradiciones. Ahora, si nos preocupamos por el caso peruano, no podemos decir que tengamos una fuerte tradición del policial. No la tenemos. Se practica, puede leerse, interesarse. Tenemos muy pocos que hayan escrito varias novelas policiales. Peter Elmore tiene algunas policiales. Mi amigo Javier Arévalo también tiene otras novelas con elementos policiales, y como te digo hace poco se han publicado dos: No tengo nada que ver con eso de Juan Carlos Ubilluz y Secta Pancho Fierro de Miguel Sánchez Flores, que ganó el premio de La Cámara Peruana del Libro el año pasado y que espero leer pronto.

 

MM: ¿La novela negra tiene tendencia realista o naturalista?

RS: Allí, en realidad, yo pensaría básicamente que tiene una tendencia realista. Aunque acabo de recordar un policial muy particular de un escritor que nació en la ex Yugoslavia, llamado Goran Tocilovac, que vivió en el Perú y sus estudios universitarios los hizo en San Marcos en los años 70. Él escribió Trilogía parisina (1996), que son novelas policiales ambientadas en París, pero hay personajes peruanos ahí, y son novelas escritas en español, donde hay un onirismo muy fuerte, un lirismo también bastante marcado. Es un policial atípico dentro de la tradición peruana, porque yo creo que él siempre se ha vinculado con nuestra literatura. Ahora viene el caso de otros autores que escribiendo y publicando aquí, yo creo que el influjo sigue siendo no solamente de las estrategias narrativas del policial, sino que ya asumen el aporte de la novela escrita en español y en otras lenguas también. En realidad, yo creo que asumen de todo.  Por ejemplo, el discurso de la violencia es algo que está presente no solamente en la novela negra, sino también en novelas sobre la violencia de los años ochenta y noventa, que no necesariamente tienen un corte policial.

 

MM: Es sabido que el género policial es considerado paraliteratura, ¿a qué se debe esto?

RS: El género policial se ha considerado en algún momento subliteratura, un género no oficial. Es curioso porque el creador del policial es Edgar Allan Poe, que también escribió en su momento cuentos fantásticos. Lo que él quería era cuestionar las fronteras entre loa natural y lo sobrenatural, la racional y lo fantástico. Algunos cuentos importantes de él son policiales: «La carta Robada» (1844), «Los crímenes de la calle Morgue» (1841). Y luego vemos cómo gana popularidad, pero al ganarla también empezó paralelamente a desarrollarse la idea de la creación para una cultura de masas, por eso la literatura pasó a considerarse como una producción en serie, entonces ya sin mayores intereses estéticos, sin mayores ambiciones literarias, trascendentes, y eso, digamos que le jugó en contra, porque como tuvo un modelo, tuvo una estructura definida, muchos empezaron a practicarla bajo plantilla. Eso fue en contra del género y lo puso en una segunda línea, pero luego, ya en los últimos años, ha vuelto a recuperar protagonismo, porque se convirtió en un género idóneo para las denuncias de lo que pasa en distintos países, como lo hemos venido ya comentando. Entonces pone nuevamente en relieve la novela policial, pero fíjate que no son novelas que sean, en el caso latinoamericano, vendidas, promovidas como novelas policiales, sino que tienen elementos policiales; es decir, por más que tengas la estructura, el esquema de la novela policial, en el caso latinoamericano, no se anuncian así. Son novelas que atraen a los lectores, que ven crímenes, investigaciones, pasiones, parodia, humor, ironía, de hecho es un género híbrido en el caso latinoamericano y fue cobrando fuerza en lo que se conoce como la narrativa del postboom, donde están Antonio Skarmeta, Severo Sarduy. Como ya eran escritores serios que revitalizaban lo popular, el policial aprovechó en ese momento para nuevamente adquirir cierto estatuto de alta literatura.

 

MM: ¿Cómo se ha configurado en su obra literaria el género policial?

RS: Como te había contado, mi interés inicial por el género parte de una relación amical con Carlos Calderón Fajardo. A partir de mi tesina sobre lo policial, que resulta que fue una de las primeras en los noventas, empezaron a pedirme colaboraciones para que hable sobre el policial peruano o latinoamericano. Internet empezaba a desarrollarse en esa época, entonces también empezaba a extenderse lo que había escrito al respecto y sin querer me fueron asociando como un investigador. Pero luego, cuando ya vivía en Francia, tuve interés en escribir un relato, un cuento policial, quise dar un salto de la teoría hacia la creación. Sin embargo, en mi narrativa siempre había elementos de metaliteratura. Empiezo a hablar del proceso mismo de la creación, que también me interesa mucho. Entonces resulta que, amparándome en la tradición ya no solamente latinoamericana, sino amplia de las novelas metaliterarias, posmodernas, fragmentarias, decidí escribir una novela que parte de un cuento policial que luego voy a desestructurar, que voy a empezar a analizar secuencia a secuencia para poder explicar todas las motivaciones tanto intelectuales como personales que me llevaron a escribir ese cuento, y también aprovecho para que se convierta en un espacio de reflexión sobre la literatura misma, sobre el género policial, sobre la sociedad, sobre mí mismo. Es una novela que fue un ajuste de cuentas, porque en mis anteriores novelas no hubo una reflexión sobre lo que había pasado en el Perú. Mi primer libro, Habitaciones, aparece en el año 93; el segundo, Retratos familiares, en el 2001. Soy un autor que ha crecido en medio de lo que pasó en el Perú, en la violencia de los años 80, 90, 2000. He crecido con apagones, escuchando bombas, etcétera; aunque no voy tampoco a victimizarme y decir que he vivido de cerca el drama. Lamento el drama de muchas personas de esa época, todo lo que padecieron, pero en mi caso por distintas razones no, y eso que crecí en el Centro de Lima, en Barrios Altos, a pocas calles de lo que pasó allí, de las matanzas, o sea, he estado de alguna manera cerca, pero no tanto para decir que haya perdido yo un familiar. Mi literatura en ese momento tenía otras preocupaciones, pero eso no quita que, como sujeto público, como ciudadano, no haya tenido reflexiones y una toma de postura en su momento. Pero yo me dije que, viviendo en Francia, a luz del tiempo transcurrido, era necesario para mi avance narrativo literario planteármelo, hacer ese ajuste de cuentas personal, y esta novela Mientras huye el cuerpo (2012) con la estrategia del policial me fue propicia para ello.

 

MM: ¿Cómo define el estado de la novela policial actualmente?

RS: Hay varios términos que se han creado. El mismo Diego Trelles habla de policial alternativo que para mí es neopolicial y punto. En fin, son cuestiones teóricas discutibles, pero son propuestas que están presentes. Lo que sí no se puede negar es que ya no podemos hablar de un policial puro. En realidad para mí no se puede hablar de ninguna escritura pura, ni en poesía, ni en cuento, ni microcuento, ni en novela. Que un escritor diga: sí, yo soy un narrador nato que solamente quiere contar una historia, yo le aplaudo pero ya no me lo creo. Estamos en una época en que desconfiamos de todos los géneros, de todas las expresiones. No podemos ser ingenuos. Por eso es que creo que hay otra línea de autores con los cuales me siento afín, que también cuestionan y que dudan de la pureza de los géneros, que lo que hacen es escribir a partir de: «bueno, aceptemos que estamos tomando prestado todo. Asumamos que estamos escribiendo sabiendo que estamos escribiendo y que te estamos contando una historia que tiene que ser creíble, verosímil, pero te estoy contando una historia». Una historia, no te olvides de eso, es una construcción. Es literatura, no es la vida. Es literatura, como lo entendemos nosotros, y luego, paradójicamente, a pesar de hacer todas las advertencias de que estás leyendo un artefacto, un artificio, igual te sumerges, porque igual hay pasiones humanas. Ese tipo de literatura a mí me interesa; se está haciendo, no es reciente, creo que tiene buen tiempo. Hay como una línea oculta, incluso podrías rastrear textos muy antiguos al respecto. En el mismo Don Quijote se está cuestionando el narrador acerca de su propia novela, de su propia ficcionalidad. Siempre ha estado presente, solamente que hay líneas que prefieren, como digo, la narración pura, o asumir que solamente hay narraciones puras. Y en el caso del neopolicial, además, es un género que se presta a la hibridación, a parodiar, a darle la vuelta a la historia, a las estructuras, como pasa también ahora con el microcuento, por ejemplo, que es un género que de base es híbrido.

 

MM: ¿Cómo encuentra la literatura peruana para el futuro?

RS: En realidad, lo que puedo hacer ahora es especular, como dije. Como no hay una tradición local, lo que vemos son libros aislados que van apareciendo, incluso el mío, que se suman a una tradición más amplia, la latinoamericana. Lo que yo creo es que la fragmentación, la noción de posmodernidad, de la cual se podía hablar en los noventas más que ahora, pues se asume como que pasó de moda, pero no, no era una moda ni una escuela, era simplemente un estado, una manera de ser, de pensar y de sentirse. Yo creo que ha dejado impronta en los nuevos autores y creo que hay más conciencia de que están haciendo parodias del policial. Es como si quisieras contar una historia con el modelo del Quijote, una historia quijotesca, sí, pero sabiendo que todo el mundo sabe que estoy parodiando al Quijote. Yo creo que eso es una tendencia, ya se va tomando conciencia de la hibridación, del préstamo de otros discursos, no necesariamente narrativos y que se está explorando. Estamos en los inicios, queramos o no, de un nuevo siglo, aunque ya nos estamos aproximando de acá a unos años al primer cuarto de siglo. Todavía estamos hurgando, todavía estamos haciendo un balance de todo el siglo 20 y a ver qué tan distintos somos, si es que estamos cambiando en algo. En el caso peruano no te puedo decir que estemos en el momento propicio para el policial, porque no veo muchos textos que me respalden, pero podría ser, porque digamos, ya hay cierta distancia o creíamos que había cierta distancia frente a lo que sucedió en el Perú en las dos últimas décadas del siglo xx con la presencia del MRTA, Sendero Luminoso, el Fujimorismo, etcétera. Creíamos que todo eso estaba cerrado y que ahora toca discutir, reflexionar, pero estamos viendo que la Historia nos dice que no, que las heridas están abiertas, que hay muchos cadáveres que han sido enterrados a medio cuerpo y muchas cosas por resolver. Y que a lo mejor el género policial puede colaborar en visibilizar lo que está pasando, pero quizás se hace desde otras artes. Se está haciendo en el teatro, se está haciendo en el cine. Bueno, Alonso Cueto también tiene algunas novelas de corte policial, pero todavía no se puede hablar de un batallón, de una propuesta de grupo.

 

 


Entrevista realizada por MIGUEL ÁNGEL MATTOS (Junín, Perú)

Estudiante de Literatura de la Universidad Científica del Sur. Ha participado en el Congreso de las Artes: homenaje a Jorge Eduardo Eielson como miembro del Comité Organizador. Actualmente, es codirector de MOLOK. Revista de arte y literatura y prepara una tesis de licenciatura dedicada a la literatura policial.

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