Aquello que antecede a la memoria

Breve reseña de la obra Encuentro con quién. Topografías en borrador de CUER2 Teatro

Yo conocía poco de arte, pero tiempo después, cuando el funcionario de Cultura opinó que no, que no transmitían ningún mensaje alentador, me pareció que no le faltaba razón, y se lo dije a Diego. “¡Que transmita Radio Reloj!”, –chilló–. “Esto es arte. Y no es por mí, David, compréndelo… ”
Senel Paz

Hace tres años no acudía al estreno de una obra de CUER2. Y con esto a la liberación de alguna inquietud.  Pero, antes de entrar de lleno en el asunto, considero necesario organizar un poco la historia. En la trayectoria de CUER2,  se puede distinguir un quiebre, me atrevo a decir, dos períodos que ubican variaciones en condición y mecánica. La primera etapa corre desde su fundación hasta el año 2012, época donde se componen obras de creación colectiva bajo el formato de grupo teatral. En los años siguientes, se iniciará un proceso de apertura que dura hasta la actualidad. Se superan los entrenamientos grupales y procesos de formación continua. Productos de estos primeros avatares son Uku Pacha: Piedra que habla y Los Ladrones, ambas estrenadas en el año 2014. También se incluye en este tramo la experiencia de su director, Roberto Sánchez Piérola, en Londres. Durante su estancia allá, funda el grupo Crakan Theatre y estrena la obra not the thing (podemos observar algunos acercamientos en Youtube). Según sus propias palabras, Encuentro con quién. Topografías en borrador cierra este último período. Para culminar esta revisión histórica, me parece importante resaltar el recorrido didáctico de CUER2. Lo apunto por los talleres que he visto circular en sus redes sociales. Dramaturgias alternativas y Conjuros y transmutaciones me hacían pensar acerca de conceptos germinados en sus obras anteriores, como la construcción de una figura a partir de la acción, puesto que sus representaciones cuestionan las ideas convencionales de personaje y de historia. O acerca de la búsqueda de un nuevo lenguaje a partir del movimiento, ya que sus obras están estructuradas con secuencias y coreografías. Esto sin dejar de emprender búsquedas nuevas, como la que proponen a partir de la identidad y sus posibilidades en Escuela travesti. En fin, ideas que a mi parecer han sido incorporadas en esta nueva entrega.

Encuentro con quién. Topografías en borrador es la décimo primera entrega de CUER2. Obra de creación colectiva, dirigida por Roberto Sánchez Piérola. La música de violín y guitarra es interpretada con precisión por Caleb Ríos, y en la actuación se aprecia un minucioso y detallado trabajo de Roly Dávila. La obra se estrenó el  primer domingo de abril en la Casa de la Literatura Peruana, estará todos los domingos del mes a las 7:30 pm. Se recomienda asistencia con anticipación; la sala Carmen Taripha tiene un espacio limitado.

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Afiche de la obra

Los que hemos visto las obras anteriores del grupo podríamos identificar ya un modo particular de componer la representación. Aunque suene paradójico el término aristotélico, la poética de CUER2 apunta a la transmisión de sensaciones e ideas a partir de las acciones. Se arman secuencias dentro de una forma ritualista, y se producen imágenes que el público termina de construir. Encuentro con quién reúne estas características dentro de un mecanismo fundado en lo simultáneo. Es un espectáculo que produce una atmósfera donde circulan imágenes efímeras. El espacio teatral es una caja negra donde encontramos una pequeña mesa, un maletín, y una silla. La luz es tenue y proyecta una sombra atrás.  El músico se ubica a un costado, dentro del espacio escénico.

Roly Dávila lleva un ligero pantalón de tela crema y un polo del mismo color. Al ingresar el público, saluda con familiaridad, indica los asientos y entrega pequeños papeles, cada uno con un texto diferente. A mi parecer, las aristas de los textos giran en el mismo eje: la formación de una memoria. Como literalmente apunta uno de los versos:

Las topografías se detienen en

Huellas

 la recurrencia de los

discursos

El caótico espacio que contiene los recuerdos se nos revela no como un contenedor diáfano sino como una superficie con relieves. Si la memoria es un terreno, las técnicas que se utilizan para intentar constituirla trabajan sobre un plano de alturas y densidades. Nunca regresamos a los verdaderos hechos, solamente nos acercamos a la profundidad que estos han causado en el espíritu. No es casualidad que se entreguen tres textos diferentes. Con este signo se funda la multiplicidad de discursos y las versiones de ellos mismos que se van construyendo en el transcurso de la obra. La acción elabora el funcionamiento de una memoria, nos hace parte del proceso y, al mismo tiempo, critica su actual representación.

Después de entregar los papeles, el actor intenta contar una historia, de pronto sus palabras pierden lógica. Menciona un encuentro, menciona un baile en la Habana, una figura con rasgos masculinos y una figura con rasgos femeninos. Se levanta, camina y regresa a sentarse.  Observa al público y establece un vínculo. Su gesticulación es de constante titubeo, parpadea, usa sus manos para ejemplificar cosas. Sus movimientos son vacilantes y atropellados, representa inestabilidad durante todo el recorrido. Poco a poco sus palabras terminan de perder relación, se acerca al maletín en el escenario. En este momento el acto de contar mediante palabras se significa como una imposibilidad, y se recurre a otros lenguajes. Dávila saca una máscara con perfil femenino, un collar, un zapato de tacón, y una botella. Después sacará una máscara con rasgos masculinos y un saco de color mostaza.

Cuando deja de lado la palabra contada, el actor transforma la relación que trata de establecer con su propia memoria. No logra atraparla, condensarla dentro de un orden, así que debe traducir su lenguaje dentro de la representación. Prescinde del sentido sucesivo de la historia para contar cosas sin un orden lógico, para lo cual usará las máscaras y los elementos antes mencionados. En el transcurso de la secuencia, Dávila compone diversas figuras fragmentadas con su cuerpo que nos hacen pensar en otros cuerpos, otras memorias y otros lenguajes. Las figuras parecen oscilar entre presente, pasado y futuro. El recuerdo del actor se nos muestra como un árbol: una materia diversa y ramificada donde el propio sujeto intenta ser un organizador.

La narración se convierte en una hilera de imágenes, Dávila se acerca y se aleja del pequeño universo ficcional que va componiendo. Las acciones dotan de plasticidad a los cuadros, cada secuencia significa una sensación. La melancolía se transforma en un lenguaje físico,  las acciones van ganando una intensidad desesperada. Las palabras continúan en caos. El actor cambia de persona gramatical constantemente y, por ende, de identidad.  No es casualidad que el licor acompañe las acciones en la historia, lo simultaneo se reafirma como elemento articulador.

En el primer ensayo del libro La revolución electrónica, William Burroughs nos propone que en el principio la palabra escrita fue un virus. Literalmente, un virus biológico que propició la existencia de la palabra hablada. Esta premisa permite tratar la actual condición viral de la palabra y su función como agente del poder. Burroughs cree que la palabra-virus ha logrado una simbiosis absoluta con su huésped: el ser humano piensa que la relación le es útil, pero realmente la palabra se instaura como enfermedad en nuestra sociedad. Esto gracias a la escritura y su capacidad de almacenar información que nos acostumbra a una manera de abstracción. Una manera de pensar que es regulada por un sistema omnipresente. Es decir, el sistema aprovecha la existencia de un signo como la palabra para filtrar el ejercicio de su poder. Para librarnos de este yugo es necesario alterar un poco el orden que supone la palabra; revelarse desde los cimientos de lo que esta significa para lograr una escritura que proponga formas distintas de racionalizar. Es como si, proféticamente, Burroughs nos estuviera mirando en este momento. Consideremos que una obra de arte no solo propone una realidad, sino que también critica la existente. ¡Imaginemos que hace todo esto desde su propio mecanismo!  Podríamos decir que durante Encuentro con quien. Topografías en borrador, el espectador es obligado a procesar información de una manera diferente, a librarse del virus de la palabra. Todo esto sucede mientras la obra nos dice que la memoria no es un asunto otorgado. Su representación implica traducciones dentro del propio lenguaje que intenta  delimitarla. Con esto me refiero a lo mismo que decía Margarite Duras: no representar el miedo con el miedo.

Y es que tal vez el recuerdo nunca puede ser contado con veracidad. Nos acercamos con mayor claridad a su sentido a través de la forma.

Visita el sitio del grupo de teatro CUER2.


JAVIER TORRES MARRUFFO (Lima, Perú)

Egresado de la Escuela de Artes escénicas y Literatura de la Universidad Científica del Sur. Fue miembro del efímero grupo de experimentación literaria Mosaico. Participó de la primera publicación de Austro. Revista de crítica y creación literaria. Actualmente se desempeña como profesor de literatura y administra la librería virtual Hoguera de las vanidades.

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