Sobre «Parkinson, alzheimer y literatura» de Dorian Espezúa

La producción literaria de Dorian Espezúa Salmón se desarrolla a través del campo crítico, analítico y disciplinario que enmarca la Literatura. Su libro inicial Entre lo real y lo imaginario: una lectura lacaniana del discurso indígena (2000) posee una tendencia psicoanalítica, propia de la orientación que siguió el autor; además, es el título ganador del «Premio Nacional de Ensayo Federico Villareal 1999». Por otro lado, sus últimos libros, ensayos y textos académicos dan un giro copernicano por estar orientados hacia la interdisciplinariedad como lo podemos ver en los artículos «Huaquear y bambear» (2003) y «¿Qué hacemos con los teóricos que no hacen teoría?» (2003) donde encontramos esbozadas algunas de las ideas que se manifiestan en el presente libro. También podemos ver que en Las conciencias lingüísticas en la literatura peruana (2017) se aplican principios lingüístico-literarios que promueven la interdisciplinariedad, por la que apuesta el crítico.

Es por esto que, con un despliegue autocrítico y un tono irónico, Dorian Espezúa Salmón, nos introduce en Parkinson, alzheimer y literatura. La reorientación de los estudios literarios en el Perú, una de sus últimas publicaciones, con la finalidad de hacer conciencia sobre lo que verdaderamente se debe catalogar como literatura. La propuesta que se presenta es la de dialogar con aquellos postulados —propios de la posmodernidad— que relativizan y expanden, sin rigor alguno, los estudios literarios dentro del campo humanístico. Esto impide el desarrollo de los estudios literarios, como disciplina científica, por quedar subordinado a los estudios del discurso y estudios culturales. De esta manera, el autor nos interna en las divergentes realidades que poseen las universidades que ofrecen la carrera de Literatura en el Perú que no hacen más que fomentar y aceptar los estudios antidisciplinarios en sus Facultades de Humanidades, en general; y en sus Escuelas de Literatura, en particular. Así, estos estudios relativizan y olvidan —al igual que el Parkinson y el Alzheimer, respectivamente— cuál es el campo literario y cuáles son los parámetros establecidos por esta disciplina. Con estas analogías hará un diagnóstico del estado en el que se encuentran las universidades con el fin de gestionar y proponer su reorientación para que podamos hablar de una verdadera disciplina literaria.

dorian
Portada del libro

A través de un marco principal, Espezúa Salmón, articula nueve apartados que, a manera de autocrítica, plantean el diálogo con las posturas posmodernas. En este marco titulado «Las ciencias humanas en la era de la posciencia» defenderá la postura que propone que la Literatura es una disciplina científica que nos permite llegar a un conocimiento en función a los textos que examina. A su vez, por medio de una línea cronológica que abarca desde la Antigüedad, pasando por la Escolástica y la Era Moderna establecerá un repaso por aquello que, en la actualidad, es entendido como ciencias humanas. Señalará, también, las propuestas posmodernas que intentan desacreditar la obtención de una la ciencia literaria, porque tienen la intención de direccionarnos hacia un camino en el que no se pueden encontrar hechos concretos que produzcan conocimiento.

Dentro del primer apartado «Cuestionamiento a los postulados de la posmodernidad», se irán evidenciando estas propuestas que desautorizan el desarrollo científico de la Literatura, por tener un objeto de estudio que varía en función de la creación literaria. El crítico peruano señala que el objeto de estudio sí se modifica, pero esto no ocasiona que pierda su literariedad. Estas oposiciones al conocimiento y desarrollo inestables que postulan los posmodernos son planteadas de forma analógica en relación al Alzheimer y Parkinson —en un sentido médico— para manifestar que hemos olvidado la finalidad de la Literatura y que en la actualidad nos vemos encasillados en un campo voluble por la subordinación de la misma.

¿Todo texto fronterizo es literatura?, ¿los discursos culturales son discursos literarios? Estas son solo algunas de las interrogantes que formula Dorian Espezúa en el segundo apartado «Degeneración o evolución de la literatura» con la intención de señalar que con aquellos conceptos se amplió el campo literario, debido a que todo se puede expresar por medio del lenguaje. Todo nos lleva a entender que, donde encontremos algún vestigio de «literariedad»: vamos a encontrar literatura. Entonces, cualquier discurso cultural, o no cultural, es literatura. Por lo tanto, si todo es literatura, nada es literatura. Esto origina un encubrimiento del estudio literario, además de un desplazamiento y subordinación del mismo ante lo que se conoce como estudios del discurso o estudios culturales.

En el siguiente apartado «Inter-multi-disciplinariedad con disciplinariedad», el crítico apuesta por la defensa de los estudios disciplinarios dentro del campo literario. No niega que se puedan realizar estudios inter o multidisciplinarios. Porque justamente son estos últimos los que contribuyen al fortalecimiento y al aporte investigativo. Pero no debemos pretender hablar de diferentes disciplinas sin haber recibido la educación o alguna especialización. Quien incurra en esto es catalogado, por el crítico, como un charlatán.

Dorian Espezúa en «Estudios transdisciplinarios» cuestiona la categoría de ‘‘estudios’’ que llevan algunas materias, puesto que para el autor estas generan estudios antidisciplinarios; también son cuestionadas porque la literatura solo es una de las disciplinas para abordar el campo de conocimiento y; además, se menciona que los conceptos y categorías no son propiamente literarias. A su vez, el crítico agrega que estos «estudios» poseen una ideología propia del relativismo posmoderno puesto que:

Esta ideología […] se manifiesta en un procedimiento que consiste en ubicar cualquier ámbito del quehacer humano en el que hay una distribución desigual del capital simbólico; identificar a los que les «va mejor» como opresores y a los que no como oprimidos; ponerse del lado de los «oprimidos» y en contra de los «opresores»; y hablar por, hablar de, hablar como, hablar sobre las prácticas de los oprimidos para ocupar un lugar dominante en el culturalismo académico. En este sentido, si estudiamos Crimen y castigo en vez de ver videos de «Risas y salsa» (el más famoso programa cómico que emitió la televisión peruana) en una clase de literatura, estamos invisibilizando prácticas artísticas marginales, y, por lo tanto, estamos oprimiendo al subalterno (Espezúa, 2017, p. 50).

La crítica que se manifiesta en el fragmento va dirigida hacia aquellos que plantean una reivindicación de los discursos «marginados». Los planteamientos propuestos por aquellos que los defienden no se gestionan a través del valor literario, sino por medio de alegatos socio-políticos, como bien señala el autor.

Si continuamos la secuencia, en «La literatura terreno de todos y de nadie» el crítico puneño hablará sobre la producción académica de la disciplina literaria. En este punto se verá que diferentes profesionales, en diversos ámbitos, tienen la capacidad de poder ejecutar un texto académico en el terreno literario. Texto que a su vez es abalado por un jurado especializado. Entonces: ¿tiene sentido otorgar una licenciatura en Literatura cuando cualquiera hace teoría, crítica e historia literaria?, se pregunta el autor. Por otra parte, la idea más importante que se expresa en este apartado es la concepción que tienen aquellos críticos sobre la disciplinariedad literaria que se ha perdido por estar subordinada a métodos, categorías, conceptos dentro de un ambiente transdisciplinario que no produce conocimiento debido a que todo solamente queda en el plano del discurso.

De forma posterior, en «Teoría del discurso y teoría literaria» se reafirmará que el verdadero objeto de estudio de la literatura es el texto literario y no los efectos que otorga la experiencia de lectura, como bien lo señalan los postulados posmodernos, en palabras del autor. A su vez, el crítico peruano, planteará tres elementos que son fundamentales para todo texto literario, los cuales son señalados como la ficción, la escritura y la elaboración estética. Desarrolla estos elementos de manera comparativa con las propuestas posmodernas, con la intención de generar diversas tensiones sobre estos puntos. Y en «Cuatro departamentos y escuelas de literatura» hace un diagnóstico sobre algunas universidades del país a partir de las mallas, las posturas de los catedráticos y estudiantes, la carencia de autoridades competentes y conocedoras de su área, entre otros temas que nos permiten evidenciar lo que, con preocupación del crítico, está sucediendo en universidades como UNSA, PUCP, UNFV y UNMSM dentro de la formación en pre y posgrado.

Es «Salvaguardar los estudios literarios», octavo apartado, el más importante del corpus. En él vamos a evidenciar las propuestas de la reorientación que propone el crítico peruano. La primera de estas, y la más trascendental a nuestro parecer, es la de «salvaguardar los Estudios Literarios en la orientación y agenda esbozada por aquellos que hicieron el esfuerzo de pensarla como una disciplina científica diferenciada y delimitada respecto de otras disciplinas que conforman las ciencias humanas y con las cuales, inevitablemente, dialoga» (Espezúa, 2017, p. 66). Para el crítico esto no es un retroceso, ni un cierre del campo literario. La propuesta que presenta es la de retornar a una adecuada formación literaria y que de allí se puedan generar diálogos con otras disciplinas para fortalecer el campo. El panorama literario está constituido por una serie de contradicciones –como lo señala Cornejo Polar– que promueven, generan y regeneran a la Literatura otorgándole así una capacidad evolutiva.

La segunda propuesta que nos dirá el crítico está relacionada a la UNMSM y más precisamente al dictado de ‘‘dos semestres de estudios generales donde se brinden cursos de carácter inter o multidisciplinario para que, a partir del segundo año, se forme disciplinariamente al estudiante en pre y posgrado’’ (Espezúa, 2017, p. 68). Lo que se intenta generar en el estudiante es el conocimiento panorámico de otras disciplinas que contribuyen con la Literatura en un diálogo armónico que no tenga que subordinar la segunda a las primeras. El pensamiento de Espezúa Salmon es el de promover una coherente apertura del límite metodológico con una finalidad beneficiaria para el campo literario.

Como estas, hay otras propuestas que se expresan de manera congruente, pero que son a la vez refutables. Una de ella es la de cerrar la Maestría en Escritura Creativa por no proporcionar conocimiento. Bien se ha expresado que el crítico apuesta por tres fundamentos esenciales para que exista la literatura. Existencia que nos otorga el crítico porque ve allí la literariedad del texto. Pero si no promovemos la creación de verdaderos textos literarios, ¿entonces qué literariedad puede buscar el crítico literario?

Tal vez sus propuestas no sean del agrado y se lo tilde de formalista como bien lo señala. Pero si queremos sentar las bases de la Literatura como una disciplina científica, capaz de producir conocimientos, debemos orientar una formación que nos permita conocer la naturaleza primaria del campo en el que se forma un estudiante de literatura. Dorian Espezúa Salmon es quizás uno de los pocos maestros que dialogan, fomentan e incentiva el conocimiento adecuado dentro del Departamento de Literatura de la Universidad San Marcos. Y quizás, uno de los pocos que es capaz de (re)orientar su postura con la intención de hacer autocrítica sobre los fundamentos que aceptaba como verdaderos.

Este libro permite ver la realidad que se manifiesta en la formación de los estudiantes de las Escuelas de Literatura. Realidad que refleja el poco conocimiento del campo, su subordinación y la desfiguración del mismo. Gran parte de la formación está orientada al conocimiento de otras disciplinas, a un análisis literario desde otras áreas y a una serie de cuestiones sobre los cimientos de la ciencia literaria sin otorgar propuestas que ayuden a la reconstrucción del campo. Así, el libro de Dorian Espezúa Salmón nos invita a generar conciencia sobre la formación que estamos aceptando como estudiantes de Literatura. En ese sentido, debemos hacer frente a todos aquellos postulados posmodernos, como también a aquellos ‘‘profesionales’’ que no hacen más que impartir seudociencias que no estimulan y producen conocimiento alguno.


La obra citada es Dorian ESPEZÚA SALMÓN. Parkinson, alzheimer y literatura. La reorientación de los estudios literarios en el Perú. Lima: Lluvia Editores, 2017, 85 pp.


DIEGO L. CAMPOS (Lima, Perú)

Estudiante de Literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Forma parte del grupo de investigación Márgenes. Ha sido parte de la organización de eventos culturales en su casa de estudios relacionados a su especialidad. Finalista en el IV Certamen Sierra de Francia en la categoría poesía.

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