Un relato sobre el Disco Negro: XIII – PT. 3

 

3 de 4

—Mi hermana menor piensa igual que la mujer con la que soñabas —dice el marciano de metal y le alcanza el oso de felpa rosa a Alex—. No me mires con ese rostro. Ya nos habíamos topado antes, humano. Deja la sorpresa de lado. Somos prisioneros. Tú y yo.
Alex sujeta el oso de felpa rosa y nota la pata está quemada.

—No me sorprende verte, Zeriano. Recuerda que no te temí el día que asesinaste a Silene y derribaste cientos de aviones de combate —responde Alex y camina lento hacia el alienígeno—. Imagino que es un sueño, pues eres más pequeño que en el mundo real y porque sabes en qué estaba pensando. Son proyecciones mías. Nada más.

—Quizá tú eres mi sueño. Quizá la vida misma es sueño. Esas son las palabras que pronunciará Díatreda en el futuro. Lo sé. —El Zeriano se estira las alas y vuela alrededor de Alex—. Estamos en un momento del tiempo que bien podría ser el fin de la eternidad. Muertos, humano, pero nuestras psiques enlazadas por medio de algún algoritmo aberrante.

—¿Por qué vinieron a la tierra? —Pregunta Alex y coloca el peluche en el suelo.

—Para sobrevivir —responde el Zeriano—. No es el primer mundo que visitamos pero, aunque distan miles de años entre la tecnología de los míos y los tuyos, es la civilización más avanzada que hemos conocido en millones de años.
Alex piensa en una guitarra e intenta materializarla para confirmar si está en un sueño; es en vano.

—¿Qué nos diferencia de los otros mundos que destruyeron, Zeriano? —Pregunta Alex y se toca las frías patas del escarabajo de metal.

—El arte —responde escondiendo a medias la nostalgia—. Antes del Disco negro mi mundo estuvo dividido entre epicúreos y militares. Yo pertenecía a los primeros. Componía con el viento, humano. Creo que tú también lo haces.

—Acá lo llamamos música —responde Alex—. En tu planeta como se llamaba ese arte que practicabas antes de que aparezca el objeto del fin del mundo.

—Laxas —responde el Zeriano—. Y yo fui el mejor con mi instrumento, pero luego del Disco negro los militares tomaron el control de mi mundo. No teníamos otra alternativa. Debíamos transformarnos en seres de aceroscuro para sobrevivir al viaje por el universo. Cuando desperté intenté tocar mi instrumento y no pude. Mis nuevas extremidades estaban condicionadas para la guerra, no para el arte.

—Mi ex enamorada detestaba lo que yo hacía. Dejé de hacerlo por ella. Por salvar mi relación con ella. Al fin de cuentas mi mundo —responde Alex y observa con tristeza el oso de felpa—. Eso es lo que hacemos cuando amamos algo. Perdemos nuestra identidad con tal de sobrevivir en la ilusión y nunca más en la ignorancia.

—Puede que estés equivocado, pero sí, para amar hay que dejar mucho de lado —responde el marciano de metal y deja de volar alrededor—. Mi nombre es Varyos, humano.

—Yo soy Alex Maevitus —responde.

—Te dije que somos prisioneros, Alex. Te mostraré por qué lo digo —dice Varyos y un resplandor naranja los enceguece durante una milésima de segundo—. Observa.
Alex ve a su abuelo junto a otros científicos en una plataforma rodeada por cientos de computadoras. Reconoce al vicepresidente Marrufo felicitándolo.

—Puedo ver lo que pasa porque mi sistema de reconocimiento sigue intacto. Ellos han usado un proceso similar al que los militares aplicaron cuando nos volvieron de metal hace millones de años. Tu alma energizará mi cuerpo y nuestras consciencias habitarán en este espacio lo que resta de eternidad.

Alex comprende por qué le pareció oír la voz de su abuelo mientras soñaba. Analiza lo que puede observar desde la perspectiva de Varyos y ve un tanque de vidrio en el cual flota su cuerpo.

Los científicos activan una gigantesca mano robótica que se acerca al cuerpo del insecto de metal. Un rayo láser sale del centro de aquella palma y comienza a cortar el sistema de reconocimiento. Pronto no ve más que la luz roja.
—Hasta aquí llega nuestra conversación, Alex. Parece que solo dejaban mi sistema intacto a la espera de que tu alma controle este cuerpo que es una maldición con la edad de un sol —dice Varyos—. No olvides la música. Quizá el arte pueda salva…

Varyos se desvanece y la oscuridad cubre por completo el lugar en donde se encuentra Alex; luego siente un hormigueo en todo el cuerpo y algo que lo sacude y lo hiere por todas partes.

—Funcionó —Alex oye la voz de su abuelo y abre los ojos—. Nieto, ¿me reconoces?
Gira la mano para observarla y se aterra cuando ve es de metal.

—Abuelo —pronuncia y su voz no es su voz, sino una voz sintética que apenas y replica la suya en vida—. Sé lo que has hecho pero déjame preguntarte algo.

—Claro, pregunta lo que sea —dice emocionado Gabriel Maevitus y los científicos, a su lado, no dejan de felicitarse.

—¿Volveré a ser humano?

El presidente Marruffo toma la palabra al ver que Gabriel no está dispuesto a decirle la verdad a su nieto.

—Alex, soy el presidente Javier, es un honor conocerte pues eres el décimo tercer Constructo y el primero del programa en funcionar como esperábamos. Tu abuelo hizo un trabajo fantástico con las runas Maledicte y la investigación que dejó Lucía Pegba.

—Es un honor, presidente Marruffo —responde Alex y continúa—: Dígame la verdad.

—Tú vas a dirigir un ejército…

—Pero déjame hablar con mi nieto —lo interrumpe Gabriel—. No, no volverás a ser humano, Alex. Eres un arma y tienes que salir a pelear por nosotros los humanos.


JEREMY TORRES-MONTERO (Lima, Perú)

Estudió Gastronomía en la sede peruana de Le Cordon Bleu. Es autor de las novelas “El Camino de los Aegeti” (Casatomada, 2010), “Wild Child: El Camino de los Aegeti/ 1” (Manupax, 2012). Además ha publicado dos relatos “El Ingenio de la Escalera” (2011) y “Au Clair de la Lune” (2012) en el fanzine El Horla y “Ojo por ojo” (2012) en el magazine argentino Barricada Cómics y es uno de los narradores antologados en “Se vende Marcianos: muestrario de ciencia ficción” (Altazor, 2015) con el cuento “Díatreda” (2015) y en “Erídano Suplemento N° 26: Ciencia Ficción Peruana 2” (Alfa Eridiani, 2016) con el cuento “Colisión”, y del libro de cuentos “Kintsukuroi: Los relatos sobre el Disco negro” (Editorial Apogeo, 2016). Además ha colaborado en la revista Dedo Medio con una entrevista y algunos artículos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s