El novelista del Naturalismo

Si bien tanto las novelas realistas como las naturalistas comparten el objetivo de representar la realidad de la dinámica del hombre en sociedad, el segundo grupo lleva este fin al radicalismo, ya que no solo presenta situaciones de degradación humana, sino que su poética deriva de la fisiología o, en otras palabras, de un intento de sistematización científica.

Bobes Naves (1998), al analizar la tipología de la novela, reafirma esta idea generalizada del Naturalismo:

Con el propósito de reflejar la realidad, la novela naturalista insiste en los aspectos más sórdidos y degradados de lo social y lo humano, pero lo hace por unas motivaciones muy concretas: intenta ponerse al servicio de teorías científicas, sobre todo las defendidas por la escuela de Medan, como la ley de la herencia, o la relación entre la educación y la conducta, tesis que se presentaron como científicas, pero que se asientan en un determinismo absoluto (p. 99)

No siempre el contenido valorativo y ético de la novela corresponde al del autor real, pero en este caso las motivaciones y el discurso representativo corresponden al de los narradores naturalistas. Por ello, es importante estudiar el papel del novelista en esta corriente, aspecto que, si bien no fija todo el contenido literario, si permite comprender su poética, nutrida en algunos casos del genio creador (desarrollado en el Romanticismo); en otros, del científico (asociado al genio).

Émile Zola, el mayor representante del Naturalismo europeo occidental, manifiesta en su ensayo «La novela experimental» (2002) la base de esta corriente (resumida arriba en palabras de Carmen Bobes). Sin embargo, a pesar de su carácter determinista y absoluto mediante su esquema de experimentación y observación, justifica la valía pragmática e individualista de la corriente literaria que propone.

El escritor, lejos de ser disminuido, crece singularmente. (…) Como dice Claude Bernard: (…) «La aparición de la idea experimental, dice más adelante, es espontánea y su naturaleza individual; se trata de un sentimiento particular, un quid propium que constituye la originalidad, la inventiva o el genio de cada uno». (…) De esta manera, pues, en lugar de encerrar al novelista en límites reducidos, el método experimental le deja con toda su inteligencia de pensador y todo su genio de creador. Le será necesario ver, comprender, inventar (pp. 51,52).

Así, la motivación de cada sujeto es el punto de partida para emprender el proyecto naturalista. La idea experimental aparece en cada uno, lo cual incorpora la genialidad individual. Pero, a diferencia del Romanticismo, en el cual el genio creador era una de sus características más importantes y también la base de su poética, en el Naturalismo, al menos según Zola, es un componente más en el proceso de experimentación de la conducta humana. En la propuesta naturalista la libertad del hombre no se encuentra a plenitud en el inicio (el genio que ejecuta la experimentación), sino en el objetivo final, el cual es la conquista de la naturaleza.

Lo anterior se entiende mejor al contrastar la idea de genio de Zola con el del determinismo y el afán de control a largo plazo, como lo menciona el siguiente fragmento:

Enseñamos el mecanismo de lo útil y de lo nocivo, desligamos el determinismo de los fenómenos humanos y sociales a fin de que un día se pueda dominar y dirigir estos fenómenos. En una palabra, trabajamos con todo el siglo en la gran obra de la conquista de la naturaleza y el poder multiplicado del hombre (p. 70).

Así, el genio creador en realidad es absorbido por el totalitarismo de la corriente y todos sus componentes obedecen, unidireccionalmente, en el triunfo de la ciencia frente a la comprensión y control del mundo. El novelista, que es un equivalente al creador, es, por analogía, una herramienta del naturalismo. En más de una ocasión Zola realiza dicha analogía entre literatura y ciencia y, cuando vuelve a mencionar al genio, denota su función pragmática al separarse del genio romántico:

el naturalismo no es una escuela que, por ejemplo, no se encarna en el genio de un hombre ni en las locuras de un grupo, como lo hace el romanticismo, sino que consiste simplemente en la aplicación del método experimental al estudio de la naturaleza y del hombre. Según esto, no existe más que una vasta evolución, una marcha hacia adelante en la que todo el mundo es obrero, según su genio (pp. 83,
84).

El Naturalismo existe en la segunda mitad del siglo XIX gracias al positivismo. El pensamiento de Émile Zola se corresponde con esta tendencia que convierte al novelista en una herramienta, integrado en el proyecto cientificista.

La emergencia y el arraigo de la doctrina de Zola sólo pueden explicarse por la aparición, en la estela del positivismo y gracias a la popularización de la ciencia, de una mentalidad, casi de una filosofía, que se cree totalizadora, y que se suele denominar cientificismo (Rico y Zavala, 2001, p. 245).

La postura zolariana asociada al positivismo no fue compartida siempre por otros escritores naturalistas. Leopoldo Alas, o Clarín, literato español, criticó este estrecho vínculo (cuyas connotaciones, como ya se mencionó, repercuten en el valor del escritor) en el Prólogo (1883) realizado a La cuestión palpitante, de Emilia Pardo Bazán, también española.

El naturalismo no es solidario del positivismo, ni se limita en sus procedimientos a (sic.) la observación y experimentación en el sentido abstracto, estrecho y lógicamente falso, por exclusivo, en que entiende tales formas del método el ilustre Claudio Bernard. Es verdad que Zola en el peor de sus trabajos críticos ha dicho algo de eso; pero él mismo escribió más tarde cosa parecida a (sic) una rectificación; y de todas maneras, el naturalismo no es responsable de esta exageración sistemática de Zola (pp. X, XI).

El naturalista francés se adhería a la observación y la experimentación, considerando a la segunda como una variante de la primera con la particularidad de poder ser provocada. En cambio, Clarín desea otorgar una mayor independencia a la literatura con respecto de la ciencia sin necesidad de desligarlas del todo. En este Prólogo, da un mayor énfasis a la habilidad creativa cuando se refiere al talento de Pardo Bazán y da menos importancia al proceso rígido y estricto que detallaba Zola en el paso de la ciencia a la literatura.

En esa línea, el prologuista defiende al Naturalismo de las críticas que la caracterizaban como un conjunto de procedimientos para escribir textos literarios. De esta manera, revalora el carácter estético de la novela frente al procedimiento pragmático que connotaba el autor de Nana. Permite que cualquier persona acceda a la corriente naturalista, pero no acepta que todos puedan destacar como literatos, ya que ―afirma― el talento no pertenece a todos, no en un sentido romántico ni para exaltar al genio subjetivo, sino para asociar la validez de una obra literaria con la inteligencia y sensatez de quien lo crea.

El naturalismo no es un conjunto de recetas para escribir novelas, como han creído muchos incautos. Aunque niega las abstracciones quiméricas de cierta psicología estética que nos habla de los mitos de la inspiración, el estro, el genio, los arrebatos, el desorden artístico y otras invenciones a (sic.) veces inmorales; aunque concede mucho a (sic.) los esfuerzos del trabajo, del buen sentido, de la reflexión y del estudio, está muy lejos de otorgar a (sic.) a los necios el derecho de convertirse en artistas, sin más que penetrar en su iglesia. Entren en buena (sic.) hora en el naturalismo cuantos lo deseen… pero en este rito no canta misa el que quiere: los fieles oyen y callan. (p. XII)

Sobre esta valorización del novelista, Clarín aborda de manera breve la situación de la mujer, a quien se le vetaba la posibilidad de crear literatura. Esto a propósito de la alabanza a la obra de Emilia Pardo. Para el prologuista, no importa si el creador de obras literarias es hombre o mujer, como la escritora mencionada, sino que escriban bien, tal y como lo menciona en el siguiente fragmento:

No necesita Emilia Pardo Bazán que yo ensalce sus méritos, que son bien notorios. (…) Hay todavía quien niega a (sic.) la mujer el derecho de ser literata. En efecto, las mujeres que escriben mal son poco agradables; pero lo mismo les sucede a (sic.) los hombres. En España, es preciso confesarlo, las señoras que publican versos y prosa suelen hacerlo bastante mal. (…) Hay, en mi opinión, dos escritoras españolas que son la excepción gloriosa de esa deplorable regla general: me refiero a (sic.) la ilustre y nunca bastante alabada Dra. (sic.) Concepción Arenal y a (sic.) la señora que escribe La cuestión palpitante (p. XIV).

Clarín procura balancear la cuestión de género entre hombre y mujer, de modo que critica tanto al libertinaje en la producción de gran cantidad, pero poca calidad, en la literatura española (especialmente de escritoras) como a la sociedad que limita la libertad de la mujer en su incursión literaria («Hay todavía quien niega a la mujer el derecho de ser literata»). Aun así, al final de su Prólogo, cuando menciona que no seguirá doctrinas, sino que hará elogios de algunas personas ―entre ellas a la autora de Los pazos de Ulloa― dice lo siguiente sobre la feminidad: «¡Ojalá el que yo hago de Emilia Pardo Bazán pudiera poner amarillos hasta la muerte a (sic.) varios escritores y escritoras… todos del sexo débil, porque en el literato envidioso hay algo del eterno femenino!» (p. XX) (cursivas añadidas). Si bien tantos los hombres como las mujeres pueden ser escritores literarios, la esencia femenina, que se supone corresponde a las mujeres (lo femenino), está caracterizado por la envidia y la debilidad, por lo que la reivindicación (parcial) de la mujer no incluye la destrucción de estereotipos.

Y, por otra parte, en Perú la escritora Mercedes Cabello de Carbonera representó la presencia del Naturalismo en la nación peruana de fines del siglo XIX. En el prólogo a su novela Blanca Sol, «Un prólogo que se ha hecho necesario» (2004), la novelista destaca el papel que cumple el literato en la sociedad mediante sus textos, los cuales promueven la moral y deben tender al perfeccionamiento de la humanidad.

El novelador puede presentarnos el mal, con todas sus consecuencias y peligros y
llegar a probarnos, que si la virtud es últil y necesaria, no es sólo por ser un bien, ni porque un día dará resultados finales que se traducirán en premios y castigos allá en la vida de ultratumba, sino más bien, porque la moral social está basada en los verdadero, lo bueno y lo bello, y que el hombre como parte integrante de la Humanidad, debe vivir para el altísimo fin de ser el colaborador que colectivamente contribuya al perfeccionamiento de ella.

Y el novelista no sólo estudia al hombre tal cual es: hace más, nos lo presenta
tal cual debe ser (p. 29).

De hecho, en Blanca Sol otorga una mayor importancia a la descripción de los vicios de la protagonista, la cual acaba perdiendo su fortuna y a quien se lo otorgaba, su esposo, además de su status social. El texto inicia así: «La educaron como en Lima educan a la mayor parte de las niñas: mimada, voluntariosa, indolente, sin conocer más autoridad que la suya, no más límite a sus antojos, que su caprichoso querer» (p. 33) con el origen del mal comportamiento de Blanca, que será desarrollado a lo largo de toda la novela. En cambio, finaliza con la fiesta que la protagonista, ya pobre, realiza en su casa para seducir a hombres pudientes y conseguir así su dinero: «Y después de la cena hubo grande algazara, loca alegría, cristales rotos, palabras equívocas y Blanca llegó hasta… ¡Silencio!… / No se debe escribir el mal sino en tanto que sirva de ejemplo para el bien» (p. 211). El último enunciado refiere a dos motivos: el primero, no describir en exceso la situación erótica que se oculta tras los puntos suspensivos antes del corte con « ¡Silencio! »; segundo, resume el objetivo de la novela: moralizar a los lectores y evitar la difusión de los vicios sociales (también justifica el uso del personaje de Blanca como protagonista, ya que ella representa todo lo negativo en el mundo representado de la novela).

A pesar de que es naturalista —como demuestra Blanca Sol con la vinculación entre la crianza, medio ambiente y personalidad—, critica tanto a esta corriente como al Romanticismo, no con el fin de desprestigiar los avances científicos, sino de estabilizar el carácter radical del Naturalismo inicial.

El naturalismo su antagonista, en odio a su antecesora (el Romanticismo), descompletó al hombre, eliminando de él, la parte más bella y noble, y no menos cierta del ser humano: el factor, o factores más poderosos en la vida; los que con mayor dominio influyen en el destino del individuo; esto es, el sentimiento y la pasión (Cabello de Carbonera, 1978, p. 19) (paréntesis agregado)

Esto conlleva que el escritor no se deje llevar por extremos, sino por la búsqueda del entendimiento sobre el hombre en su dinámica social. Puede usar cualquier estilo estético.

En literatura no deben haber reacciones violentas, que lleven al escritor, de uno al otro extremo; sino simplemente transformaciones, que innoven la forma artística o el procedimiento estético; mas no la esencia misma del arte, cuando éste tiene, como la novela, por único fin estudiar al hombre (p. 20)

Entonces, tanto en el prólogo como en el ensayo sobre la novela moderna, la escritora recalca el deber que tiene el escritor naturalista con la sociedad y, para ello, define la manera en la que éste debería realizar su trabajo. La realización del inventor literario culmina con la recepción de sus textos y las enseñanzas prácticas interpretadas por el lector, no con la creación literaria.

En resumen, Émile Zola, Leopoldo Alas y Mercedes Cabello proponen, cada uno, un conjunto de ideas respecto al escritor naturalista. Los dos primeros defienden al Naturalismo de las críticas en su época, mientras que Cabello practica, a su manera moralizadora, la presente corriente literaria. Todos ellos se oponen al Romanticismo ―superficialmente― en la crítica hacia su idealismo e irracionalidad, además de su supuesta locura, aunque ellos, en su proyecto, también sean idealistas.

Referencias bibliográficas

CABELLO DE CARBONERA, Mercedes (2004). Blanca Sol. (Novela social).
Madrid: Iberoamericana.

—————————————————- (1948). La novela moderna. Lima:
Ediciones Hora del Hombre.

PARDO BAZÁN, Emilia (1883). La cuestión palpitante. Madrid: Imprenta Central a
Cargo de V. Saiz.

ZOLA, Émile (2012). El naturalismo. Ensayos, manifiestos y artículos polémicos
sobre la estética naturalista. Barcelona: Ediciones Península.

BOBES NAVES, Carmen (1998). La novela. España: Editorial Síntesis.

RICO, Francisco; ZAVALA, Iris (2001). Romanticismo y Realismo: primer
suplemento. Barcelona: Crítica.

PortadaLección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp, de Rembrandt


RICHARD RIMACHI CCOYLLO (Lima, Perú)

Estudiante de Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha participado en el Tercer Coloquio Internacional sobre González Prada de la Academia Peruana de la Lengua, en los VI y VII Congresos Nacionales de Escritores de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción Peruana y en el III y IV Congreso Internacional de Literatura Fantástica. Redactor en la web La conjura de los libros.

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