Imaginaria

Cris, eres como Jesucristo, criado para un destino doloroso y santo. Cansado de escuchar tus innumerables estupideces me senté a escribir. Lo difícil es encontrar las dimensiones exactas de la historia. Las escenas salen de tu boca con escarcha, pero quería preguntarte más. Regresé al túnel de la calle Wayne una y otra vez hasta hace unas horas. Así me sugeriste que comience la investigación, y después debería explicar detalladamente por qué vives encerrada.

La verdad nunca necesité hacer una pesquisa. Cualquier hoguera dentro de una biblioteca resulta un infierno grande. Escuchar en nuestro pequeño barrio sobre una prostituta que jamás abandona su cuarto expandió las venas periodísticas. Recuerdo que la alegría llegó a la calle Wayne cuando yo tenía diez años. “La puta tiene la piel clarita, es una bebé”, “Atiende en las noches, no hace visitas”, “Cuando toques la puerta pregunta por Cris”.

En las eternas bancas del parque solo el hermano más viejo, Búho, se arrepentía de haber pagado por penetrarla. A pesar de todo su testimonio me parecía alentador. Cris es una mujer demonio, decía, y nos reíamos, y preguntábamos más. Empezaba a hablar emocionado como si fuera a tener un orgasmo después de años. Mordía su labio superior y sus dedos se cruzaban en obsesivas transformaciones. Poco a poco sus gritos planeaban organizar a las esposas de los putañeros. La misión, decía, es expulsar a la prostituta del barrio. Hasta que una de sus pupilas se salía de orbita. Nunca pasó nada, y con el dinero en el bolsillo fui a visitarla.

Cuando los pezones de Cris se aplastan contra mis ojos aparece un túnel iluminado por fluorescentes. Siempre quiero volver a aquel lugar, la habitación se convierte en una escena. Cris se recuesta en una esquina de la cama. Las paredes se inyectan de sangre. Cada vez que le invito marihuana se convierte en una niña estúpida. Olvida que todo es de color rojo. Sus dedos buscan la atmósfera con delicadeza, como si fuera maquillaje. Es una forma de disimular el efecto de las drogas. Como si no reconociera su divinidad, su cuerpo tiene huesos que puede compartir con las aves. Hasta ha adoptado algunos de sus movimientos. La paranoia sobre mis párpados completa la verdadera imagen: una mujer se maquilla en el fondo de un túnel.

Obvié el misterio en la trama. Un brujo logró separarla de su madre. La ventana de su refugio fue quebrada con una piedra, la mujer vampiro se asoma, distingue un ruido. Una respiración foránea aparece en el dormitorio. Un hombre la apunta con una estaca de plata. En el brazo sostiene a su hija, apresurada observa su mente: todo lo aprendió de películas, cuentos, y chismes. Ahora sabe cómo defenderse de los vampiros. Ella le pide que no mate a su niña. Le dice que con educación puede serle útil, ofrece al hombre la idea de criarla. Siembra en su cabeza la fantasía de una inversión segura.

El hombre que empezó a violarte desde los once años te dijo que eras especial. Cuantas tonterías juntas. “Si se enteran vendrán a matarte”. El brujo poco a poco transmuta en caficho. Te enseña a la fuerza que la sangre se paga con relaciones sexuales. Te instruye en las diferentes categorías y formas que reproduce la industria del sexo. Te explica que él intenta cumplir con su deber de padre.

En algún momento, Cris, endurecida de tanta soledad, dijo que quería morirse. El brujo respondió que eso no estaba mal. “La única manera de cambiar el destino de una persona es muriendo”. La ahorcó mientras la penetraba. Le dijo que estará toda su vida unida a esa habitación. Exactamente igual que Penélope en el tálamo. Igual que el conde Drácula encerrado en su castillo. A través de la rutina fue entendiendo los complejos conceptos del deseo; sus usos y sus contradicciones. Los túneles debajo de la verdad.
Cris, madre de todos nosotros, tendrías que aguantar un poco más. En algún momento las circunstancias precisas regalarían la vampírica noche de la venganza. Asesinarás a todos los clientes de ese turno, y enloquecida por la sangre buscarás al brujo. Lo perseguirás por las calles, jugarás con su miedo durante horas. Lo violarás con algún instrumento repetidas veces, sangrando lo harás caminar por lugares iluminados. Saciada de humillarlo por fin lo morderás. El veneno destrozará cada parte de su cuerpo con lentitud, y la muerte por paro cardíaco te dará placer. Guardaras la cabeza para que no se convierta en algo más.

Hasta que eso suceda, Cris se ha resignado a morir en el pequeño cuarto de la calle Wayne. Sus túneles han decidido ser un círculo. Para fortuna de todos mis hermanos el miedo permanecerá sobre sus instintos. Imagino que otros valientes te podrán pagar, y un día mientras te fornican segregarán nostalgia en lugar de sudor. El efecto los sumergirá en un infinito túnel subterráneo. Un estado de la conciencia que resulta muy bueno para mantener a raya la sed, y empezar a cortarnos las alas. La única forma de sobrevivir en esta ciudad. Variando los alimentos igual que los pájaros.

Portada: Female Crucifix I, Ramon Martinez


JAVIER TORRES MARRUFFO (Lima, Perú)

Egresado de la Escuela de Artes escénicas y Literatura de la Universidad Científica del Sur. Fue miembro del efímero grupo de experimentación literaria Mosaico. Participó de la primera publicación de Austro. Revista de crítica y creación literaria. Actualmente administra la librería virtual Hoguera de las vanidades.

 

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