Los tentáculos de Daikichi Amano

Un pulpo y una mujer: ese es el comienzo. Ambos cuerpos están enredados y húmedos. Los tentáculos van describiendo los labios, los ojos, las caderas. El rostro de la mujer es de satisfacción. Quizás también de miedo. El retrato es inquietante, perturbador, pero es imposible dejar de verlo.

Daikichi Amano es quizás el fotógrafo japonés más controversial de esta época. Su trabajo no es apto para sensibles. Sus retratos poseen tintes fantásticos y combinan diversos referentes culturales como la mitología japonesa y la pornografía, además de varias parafilias. Nos ofrece tentáculos, sapos, serpientes, gusanos, plantas putrefactas, muñecas de porcelana y, sobre todo, mujeres. Todo ello orientado en un estilo barroco lleno de color y erotismo. La perfecta combinación para un artista de culto.

 

 

Arte y sexo siempre han estado unidos. En Japón son indivisibles. En una entrada anterior sobre Nobuyoshi Araki, otro controversial fotógrafo japonés, dejamos clara la relevancia del sexo para la sociedad japonesa. Este, constituye un gran eje sobre el cual se han construido diversos sistemas de producción y consumo que burlan cualquier prohibición del Estado. Los shungas son la prueba. Eran diversas representaciones gráficas de escenas de sexo que se producían alrededor del año 1600, a veces ilegalmente, y se firmaban con códigos que solo manejaban los conocedores.

Pues bien, uno de los autores de shungas más importantes de Japón es Katsushika Hokusai, activo durante el período Edo. Además de retratar a la naturaleza, su trabajo se centra en representar escenas de sexo en situaciones cotidianas, llenas de humor y de referencias mitológicas. Uno de sus grabados más famosos es El sueño de la esposa del pescador, que data de 1820, en donde se muestra a una mujer atrapada por un calamar gigante cuyos tentáculos le practican cunnilingus. Este retrato es útil para analizar la obra de Daikichi Amano. Desde el título, podemos inferir que la escena onírica se da por deseo de la mujer. La imagen es impactante y estamos seguros de que así lo fue para Amano, que reconoce en Hokusai su más grande influencia. Incluso, en entrevistas ha asegurado que su trabajo es una especie de reencarnación del de aquel. Un dato importante es que el grabado de Hokusai es una representación irónica de una leyenda japonesa. Del mismo modo, Amano basa su trabajo en distintos mitos.

EL SUEÑO DE LA MUJER DEL PESCADOR.jpg
El sueño de la mujer del pescador (1820)

La tendencia a referir escenas de corte zoofílico —una de las parafilias más controversiales—, especialmente con moluscos, es muy antigua en el país. La podemos encontrar en unas pequeñas esculturas llamadas netsuke, que eran parte de la vestimenta de los hombres japoneses del siglo xvii, y que representaban animales y figuras humanas, con frecuencia en actos sexuales. Esta tradición, que es una grotesca mezcla entre terror y placer, aparece en los shungas bajo el nombre de shokushu goukan, llamado en inglés tentacle erotica, un género que existe hasta hoy y que, a través del tiempo, ha ido consolidándose como uno de los referentes principales que ofrece la cultura japonesa.

Daikichi Amano es dueño de un estudio de arte llamado Genki Genki. Allí, las más bizarras y sangrientas escenas tienen lugar. El shokushu goukan es el terreno en el que Amano es experto. Entre calamares y mujeres desnudas, va construyendo su estética fantástica en figuras tan imponentes como atractivas. Es una explosión de color y ventosas bastante irónica y con una evidente tendencia pornográfica. Las más diversas escenas sexuales entre mujeres y moluscos se muestran ante nosotros con un tinte de violencia y ciencia ficción. Es interesante reconocer una serie de referentes mitólogicos que Amano actualiza. Por ejemplo, está el mito del Akkorokamui, un calamar gigante que, según los habitantes del Japón rural, acecha los alrededores de los puertos a la espera de embarcaciones que asaltar. Este temible monstruo, que se oculta en el imaginario colectivo de Japón, aparece en muchas fotografías de Amano, pero además de infundir terror, es también símbolo de placer.

 

 

Los tentáculos son un reflejo de la tradición erótica japonesa, pero también constituyen un medio para sortear las prohibiciones estatales. Como es sabido, en Japón son —irónicamente— muy estrictos respecto a la prohibición de la exposición de genitales. Debido a esto, los tentáculos son útiles para cubrir los sectores del cuerpo censurados y, de ese modo, burlar la restricción mientras los deseos de cientos de fanáticos son satisfechos. Sin embargo, la obra fotográfica de Amano no se ciñe solamente a los tentáculos. En sus imágenes también encontramos otros animales como anguilas, sapos o cucarachas, que, al entrar en contacto con cuerpos femeninos, también construyen escenarios inquietantes y sugerentes.

En su página web podemos leer: “Las obras de Daikichi Amano intentan no solo exponer lo que está al otro lado de las puertas cerradas, sino también mostrarnos algo que se esconde bajo la piel, en medio de nuestra abrumadora curiosidad y deseo de querer ver cosas que están prohibidas”. El trabajo de Amano responde a diversas parafilias y rompe con varios tabúes, por lo que, inevitablemente, tiene detractores. Una de las principales críticas que se le ha hecho tiene que ver con la manera en que representa a las mujeres. Del mismo modo en que ocurre con Nobuyoshi Araki, muchos espectadores confunden las dimensiones de ficción y realidad, y juzgan al fotógrafo como una mala persona solo porque representa escenas violentas. Es importante señalar en este punto que la obra de Amano es una respuesta a una tradición erótica sin la que sería imposible concebir a Japón. Ya lo hemos dicho: el sexo es muy importante; jugar con él, con sus representaciones y posibilidades, y esto, además, es demandado y consumido por hombres y mujeres. La zoofilia y, específicamente, el shokushu goukan, son simbolizados en el arte japonés como una muestra de la esencia de su cultura.

Otra crítica recurrente al trabajo de Amano pasa por el empleo de animales en sus tomas. Ante esto él ha respondido claro: sí, los animales son necesarios para recrear el ambiente fantástico y erótico que se persigue, pero esto se realiza con el respeto debido, y al término de cada sesión, dichos animales son ingeridos por el fotógrafo, las modelos, y todo el personal. La deuda, así, está saldada.

 

Al encontrarnos frente a la fotografía de Daikichi Amano, inevitablemente nos preguntaremos si estamos contemplando un producto netamente artístico o se trata de un híbrido que roza lo pornográfico. La respuesta es sí. No podemos negar en su trabajo la presencia de referentes propios de la pornografía. No podemos ni debemos hacerlo, pues él mismo reconoce que su obra se alimenta de esta, y celebra esta relación pues admite que, en muchas ocasiones, son muy difusos los límites que la diferencian del arte. En su página web encontramos un enlace que nos dirige, a su vez, a la página de Genki Genki, donde se exhiben por igual sus fotos y los vídeos xxx que vende por un módico precio, así como juguetes sexuales. Agotamos, así, las dudas respecto de este fotógrafo, que no teme que lo llamen pornógrafo, pero sabe que constituye un poco más. Su actitud irreverente ante los rótulos nos deja la convicción de que ofrece un discurso híbrido, que nos muestra una escena de sexo sin descuidar el trabajo simbólico detrás de ella. Finalmente, todo esto es lo que hace a Daikichi Amano irresistible. ¿Acaso no es genial poder masturbarse con un cuadro de Picasso?[1]

Notas

[1] Vea el cuadro Mujer y Pulpo de Pablo Picasso y responda con honestidad a la pregunta.

Portada: Daikichi Amano


LISA CARRASCO (Lima, Perú)

Estudia Literatura en la Universidad Científica del Sur. Es vocalista en la banda de punk Violencia política. Fan de Iron Maiden, Flema y Bad Religion. Ganó los Juegos Florales en su casa de estudios en la categoría de Cuento (2016). Recibió mención honrosa en el concurso “El cuento de las 1000 palabras” de la revista Caretas (2016). No cree en los concursos pero sí en los premios. Fue ponente y miembro del comité organizador en diversos congresos de literatura, especialmente fantástica. Ha publicado en Austro. Revista de crítica y creación literaria, en Camaleón paranoico y en Kill The Zine Fanzine. Actualmente, es codirectora de MOLOK. Revista virtual de artes y prepara una tesis sobre la poesía peruana y el rock.

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