«En Bellas Artes aprendes la técnica, en la calle te encuentras a ti mismo»: entrevista a Jimbo

Jim Marcelo Santiago (Jimbo) es un ilustrador y artista urbano. Desde hace 10 años viene interviniendo las calles de manera individual y colectiva. Ha trabajado proyectos artísticos con distintas marcas del medio y colaborado para publicaciones independientes a lo largo de este tiempo. También es habitual expositor dentro del circuito galerístico del Perú viajando a Trujillo, Arequipa y Cuzco. Actualmente desde el Studio Quilcat viene trabajando nuevas propuestas que presentan una estética urbana e irreverente.

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Ilustración en el Centro de Lima

 

Miguel Ángel Mattos: ¿Cómo definirías tu propuesta artística?

Jimbo: Mi propuesta artística va más a lo gráfico, me gusta mucho la estética donde la línea es predominante sobre el color. Y eso viene porque consumía y consumo bastante dibujos animados, me gusta el tema de los afiches, los pósters, los stickers. Básicamente es eso.

MM: ¿Cuáles consideras tus influencias?

J: Mis influencias se remontan a mi infancia, me gustan bastante los ánimes, la animación, en especial el autor Hayao Miyazaki, quien ha creado todo un mundo a través de sus gráficas. Además me gusta bastante consumir visualmente a través de las redes lo que hacen en Europa, lugares donde el arte urbano es bastante importante para la gente, para la ciudad. Y entre amigos nos encanta hablar de eso, de las técnicas que usan, cómo logran pintar sobre edificios y todo eso.

MM: ¿Cómo ha influido Miyazaki en el arte gráfico?

J: El estudio Ghibli es una fábrica que se sostiene a través de lo artesanal, hay un pequeño porcentaje digital dentro de sus películas y ese trabajo principalmente artesanal hace que sientas que hay bastante esfuerzo físico y mental. Eso me gusta mucho. Aparte también los documentales de cómo hacen las animaciones. También está Isao Takahata, y en el estudio Gainax está Hideaki Anno que hizo Evangelion. Él siempre suele ir a contar sobre cómo se hizo la animación, y que es cuadro por cuadro, dibujo por dibujo y ese trabajo artesanal aún lo mantiene a diferencia de otros estudios como Pixar. Y esa es la constancia a la que uno desea llegar.

MM: ¿Qué relación tienes con la novela gráfica?

J: No estoy tan inmerso en las novelas gráficas, pero sí en las publicaciones independientes como los fanzines. A través de ellos he conocido a muchos autores que ya tienen sus propias novelas gráficas como David Galliquio o Eduardo Yaguas, y siento que es una línea muy importante pero poco explotada en el Perú. Se hacen viñetas, historietas cortas, lo cual es muy chévere, pero creo que va en pleno crecimiento. Mucha gente está interesada justamente en esta línea por ver a otros autores europeos y sudamericanos que apuestan por eso.

MM: ¿Cómo ves el estado de la ilustración en el Perú? ¿Cuál es tu punto de vista acerca de la autogestión?

J: A mí me interesa la ilustración. Sabía que en la Escuela de Bellas Artes había una especialidad en dibujo, pero creo que ya no existe. Ese interés por la ilustración me llevó a conocer a muchos amigos interesados también por el tema y por ese tipo de técnica. Y así conocí a gente que hace fanzines, gente que no necesariamente ha estudiado en Bellas Artes o en otro instituto, pero les encanta dibujar, crear historias, pósters para eventos. Yo los divido así: gente old school que solo quiere mantener el fanzine en fotocopias y a bajo precio, y gente más joven que lo quiere llevar a un ámbito un poco más comercial, lo cual está bien. Y así surge la autogestión: si no tienen apoyo de librerías o imprentas, ellos crean sus pequeñas empresas, como es el caso de un amigo, Gonzalo Maiz que se compró su propia fotocopiadora y hace sus propias publicaciones y apoya también a otros autores para sacar ediciones de fanzines o pequeños libros de historias.

MM: ¿Toda ilustración se podría considerar arte? Últimamente vemos que los afiches de conciertos están hechos por artistas como tú

J: Yo creo que el arte es subjetivo. Una ilustración para una portada de libro, de disco, un flyer, diseño para eventos de Facebook es arte si tú lo consideras arte y si tú lo defiendes como arte. En mi caso, yo suelo trabajar los diseños y me gusta meterle todo el punche, que tenga mucha carga de líneas y de colores y siento que eso provoca un acercamiento al público. En el caso de la gráfica que hice para Los Mortero siento que le aporté un poco de drama y personalidad al grupo. Pensé que era bastante explotable, como en el caso de la banda Gorillaz: crear una línea gráfica para el grupo. Creo que en el Perú falta explotar bastante ese lado. Que se una la gráfica con los grupos de música, creo que es bastante explotable ya con la fotografía, pero con la ilustración también podría ser.

MM: ¿Qué tendría que pasar en el Perú para que empiecen a surgir estos diseñadores cuyo arte es hacer afiches de concierto?

J: Dentro de un pequeño grupo, no sé si decirlo emergente, existe esa asociación entre música y artista gráfico. Conozco artistas que trabajan con La nueva invasión, como Yefri (Ruta Mare). El caso de Tourista que trabaja con Xomatok, que diseñó su álbum y muchos más. Digamos que son pequeños grupos, como los de Quilca, que trabajan con diseñadores con una estética un poco más ruda. O Seimiek que trabaja y ha pintado en locales como Hensley que también tiene un línea gráfica definida dirigida hacia el público skater, pero sí, yo pienso que esa sociedad entre música y artista sí existe pero no es tan amplía para llegar a círculos comerciales en todo el Perú. Podríamos decir que está en pleno crecimiento, pero también nos preguntamos si quiere mantenerse como está, para un grupo más pequeño o quiere ampliar su rango de público.

MM: ¿Trabajas con instrumentos tecnológicos de diseño digital? ¿Crees que una obra pierde originalidad al estar elaborada digitalmente o todo lo contrario?

J: Es un tema complejo. No pierde creatividad porque la creatividad la puedes plasmar desde una computadora. Lo que pierde es lo que se podría llamar un toque artesanal, el hecho de hacerlo con tus propias manos, pero yo estoy en un dilema para decidir si esto es mejor que lo otro. Sé de muchos casos, por ejemplo, en salones de grabado donde han logrado concursar grabados artesanales, como la serigrafía, y también grabados digitales. Y siempre hubo esa discusión acerca de cuál es mejor: si se tiene que seguir manteniendo el grabado artesanal como superior al grabado digital o el grabado digital puede estar a la misma altura. Hay una discusión hasta ahora. En mi caso, yo aprecio a los dos. Ambos para mí son buenos, pero digamos que el trabajo en digital hace que sea muy fácil todo y alguien pueda hacer una chamba en dos horas y pensar que es lo mejor que existe, y ningunear una obra que puede haber tomado un mes. Es complejo el tema.
Yo pienso que en el lado artesanal hay buenos como malos, lo mismo que en el lado digital. Para mí es difícil catalogar cuál es mejor. Un amigo hablando sobre el tema me dijo que también existe el fast art, que es la idea de pintar algo en digital y subirlo a las redes y esperar la respuesta de público. En cambio, el pintor de caballete atraviesa todo un proceso de combinar colores, matizar, preparar su lienzo y es un proceso muy distinto al digital. Digamos que sí es más fácil hacerlo en digital, pero también tienes que pensar lo que vas a hacer.

MM: ¿Gracias a las redes crees que tu trabajo alcanza una mayor difusión?

J: Las redes sociales son una buena plataforma para que puedas difundir tu obra completa como lo desees y hasta puedes aportar, poner dinero para que llegue a más gente. Eso es lo bueno de las redes. Pero creo que también está el lado negativo: que te hagan creer que tú eres famoso porque tienes muchos seguidores, muchos likes. Hay mucha gente que explota ese lado y las marcas apuestan por eso, porque tienen muchos seguidores, a pesar de que no sea tan buen dibujante o esté recién en un proceso. Y mucha gente logra creer eso, a tal punto de sentirse importante por tener tantos seguidores. Es un poco enfermiza esa parte. Yo conozco mucha gente que no está metida en las redes sociales, pero son tan capos que no les interesa mucho ese lado. Volviendo a la pregunta, yo creo que las redes sí aportan bastante, justamente para difundir tu obra y para conocer obras de otros lados.

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MM: ¿Cómo fueron tus inicios?

J: No sabía qué estudiar. Saliendo del colegio estaba en nada. Me gustaba dibujar, pero hasta yo no lo veía como una profesión. Sentía que era una especie de hobbie, así también lo pensaban también mis padres. No tenía muchos amigos artistas, no había ido a galerías. Vivía en un mundo donde el arte para mí simplemente era cine, televisión y música. No consideraba al dibujo o a la pintura como arte. Y es así como fui cayendo en dos carreras que se aproximaban al arte, como son Artes gráficas y Artes industriales en Senati y en la Cantuta. Hasta que poco a poco me fui aproximando a amigos que me fueron contando sobre Bellas Artes: “que sí, que en ese lugar te enseñan a dibujar…”. Así es como entré a esta institución, a los 24 años, y empezó este mundo. Conozco mucha gente afín, sentía que estaba en familia, con muchos amigos de otros lugares del Perú.

MM: ¿Tienes que pasar necesariamente por una institución para hacer arte o lo que te enseñan son bases para apreciar el objeto artístico?

J: Hace muchas décadas Bellas Artes te enseñaba a pintar, dibujar, bajo una metodología muy tradicional y en estos tiempos vivimos muchos cambios. Al alumno actual de Bellas Artes se le inculca ser investigador, poder sustentar lo que estás haciendo. Antes un artista podía decir “mi obra hablar por mí”, pero ahora tienes que defender tu obra, tienes que hablar, tienes que explicar. Justamente para llegar a un público tienes que estar más conectado con la sociedad. En mi caso yo pienso que aprendí lo necesario hasta que descubrí el arte urbano. El arte urbano digamos que brinda más libertad creativa y en Bellas Artes, en esa época estaban un poco en contra de esta dinámica. A veces pintábamos en los salones o en los patios y siempre nos miraban de una manera despectiva, sobre todo los profesores tradicionales, y justamente eso me llevó a dejar la Escuela. Dejé Bellas Artes pero siempre tuve una carga positiva de todo lo que aprendí, de ciertos profesores a los que admiraba y también aprendí de compañeros compartiendo trabajos. Yo pienso que es necesario pasar por una institución, al menos para saber cómo es, también para conocer gente y sentirte familiarizado con todo ese mundo artístico. Pero también conozco mucha gente muy capa que no ha necesitado de Escuela como Elliot Tupac. Creo que en las carreras te enseñan la técnica, pero en las calles te vas a encontrar tú mismo.

MM: Entonces podríamos decir que las calles son el centro de tu estética…

J: Cuando creo algo no es que me siente y piense qué es lo que va a ser. Tengo un taller en el Centro de Lima que lo ocupo con un amigo, y digamos que nosotros ya tenemos cierta dinámica para saber cómo encontrar algo y eso es caminando por el Centro de Lima, hablando con amigos, visitando lugares, teniendo esas situaciones que te dan ideas y dices “ya, voy a hacer esto”. Por ejemplo, dibujé un pequeño concreto que siempre suelo ver en los lugares que son cerrados por la Municipalidad. Lo veía tantas veces que me dije que podía servir para algo. Al final le puse como unos ojitos, un casco de la municipalidad de Lima Metropolitana, le puse afiches de conciertos y lo llamé “Concretín”.

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“Concretín”

Y pegó mucho, lo sacaron en polos, en la etiqueta de una cerveza y en una exposición que tuve lo llevé a un plano tridimensional gracias a dos amigos. Digamos que así suelen ocurrir las ideas: de una manera cotidiana, como el caso también del Gallinazo. Es un personaje con una corona, emulando a las águilas negras que aparecen en el escudo limeño. Hice fotografías a una máscara de un gallinazo en el Río Rímac y lo saqué en ilustraciones.

En cierto momento pegó tanto que me pidieron que sea imagen del Festival Internacional de Cine de Lima Independiente, y así es como fue creciendo y fueron apareciendo más imágenes del Gallinazo. De esa manera surgen las ideas.

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MM: ¿Qué cualidades debiera tener un buen ilustrador?

J: De todos los amigos y amigas que conozco que están dentro de este arte, los que más me llaman la atención son los que han vivido más, los que no están tan inmersos en sí mismos o en sus cuartos. Me gusta más la gente que sale, que se divierte o no, pero que tiene muchas experiencias, que viajan, tal vez, que se suelen ir a la mierda. Me gustan esos autores, como dice un amigo, que muestran las tripas, que pueden ser transparentes. Y si es amable, si es chévere, puedes conocerlo y conversar con él con un par de tragos. Me gustan los artistas accesibles, abiertos a todo.

MM: ¿Se puede vivir de la ilustración en el Perú?

J: Creo que mucha gente llega a un punto en que sienten que no se pude vivir del arte y lo abandonan. Conocí a muchos en Bellas Artes que fueron desertando porque sabían que el arte no les iba a dar dinero. Y yo creo que lo piensas constantemente si tienes una familia o si tienes que mantener a alguien, pero mientras te vas enganchando con el arte vas dejando de lado esa duda. Pasa a un segundo plano y lo que quieres hacer es producir, crear, pintar. Lo del dinero ya lo vas solucionando en el camino. En mi caso, creo que al ser medianamente constante siempre he tenido apoyo de marcas o de amigos que me han recomendado para ciertos trabajos. Creo que puedo vivir tranquilo con el arte. Creo que también en el futuro puedo pensar en hacer algo mío. Crear una empresa y vender mis productos, mis obras y pensar más en eso, pero ahora no lo pienso mucho.

MM: ¿Cuál consideras que fue tu mejor trabajo?

J: Creo que pocas veces alguien que hace lo que yo hago puede responder esa pregunta, porque nadie quiere decir “ya hice esto y me gustaba demasiado”, porque sabes que el próximo trabajo que hagas puede ser superior al que hiciste antes. Tengo muchos trabajos que me gustan, pero no siento que haya logrado algo que sienta que es muy importante para mí. Me gusta el trabajo que hice con el Gallinazo como también con los Patos, pero no pienso que haya hecho un trabajo en específico que haya sido demasiado importante para mí, técnicamente.

MM: ¿Y cuál te ha gustado más? ¿Cuál ha valido más el esfuerzo?

J: Me gustan en distintos modos: me gustan, por ejemplo, los trabajos que hago en lugares alejados de la ciudad, que tienen una importancia, digamos, sobre todo social. Si hablamos técnicamente, me gusta mucho un Gallinazo que hice en un centro comercial hace un mes, en Camino Real, porque tenía todo lo necesario para lograr lo que quería hacer. La importancia para mí de un mural es muy distinta según el lugar o para quién lo esté haciendo.

MM: Estás dentro del mundo de los murales y el graffiti, ¿qué nos puedes decir sobre ello?

J: Digamos que el arte urbano tiene la responsabilidad de comunicar. Creo que hay un gran grupo de muralistas que se ha puesto ese trabajo al hombro: dar un mensaje positivo a la sociedad, ya sea identidad o de un tema en específico que se quiera tratar. En mi caso, lo hacía con un colectivo que tenía, pero no era un mensaje tan directo, sino subliminal, porque hacíamos personajes amigables con bastante color y sentíamos que podíamos llevar ese color y alegría a los barrios. A través de la naturaleza, animales, plantas, flores, y, justamente, llevar estos murales a esos lugares era parte de la recuperación de espacios públicos. La gente dejaba de fumar en ese espacio, o dejaba de mear y respetaban el mural que hacíamos. Probablemente también creábamos conciencia sobre el ambiente: hacíamos personajes con plantas, les hacíamos sus vestimentas. Personalmente, también lo quiero hacer, pero siento que recién estoy, otra vez, adentrándome en el mundo del arte urbano, porque el colectivo del que te hablo ya se desarticuló hace unos tres meses, más o menos.

MM: Últimamente se habla mucho acerca de la apropiación cultural, ¿consideras que la cultura chicha se apropia de otros referentes?

J: Sí, por ejemplo, sobre ese tema conocí varios casos como los tejidos de las madres de Cantagallo que los suelen usar para desfiles de moda y no hay una retribución o reconocimiento hacia ellas. Yo conozco muchos artistas que trabajan la gráfica chicha como Elliot Tupac, y sí siento que ellos son más reales y siempre aportan a la sociedad a través de talleres gratuitos o explicando de dónde proviene la gráfica. Siempre está esa retribución y ese reconocimiento a cuál fue la raíz. En cambio, otras marcas no suelen hacer ese tipo de reconocimiento, entonces están pecando y están apropiándose de algo que no es suyo. Pero siempre suele ocurrir. Igual, todo artista siempre tiene referentes, sin embargo, cuando hablamos de una gráfica popular, ya sea de la sierra o de la selva, tiene que haber ese reconocimiento hacia ellos. Hay una artista llamada Olinda Silvano de Cantagallo que se ha vuelto muralista. Entonces pienso en lo bueno de que personas, digamos, más reales o autóctonas ejerzan estos trabajos, y no solo nosotros.

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MM: ¿Es complicada la vida de un ilustrador?

J: Muchos artistas tienen beneficios porque a veces son bastante sociales o suelen estar en círculos grandes de amigos y eso hace que su trabajo pueda ser apoyado. Otros artistas dividen su trabajo entre lo familiar y el arte, o tienen un trabajo aparte, de soldador o de lo que sea. Yo conozco mucha gente que ha tenido la posibilidad de viajar a un evento, exposición o festival y no ha podido hacerlo, porque no ha tenido los medios, o porque no se vende tanto al mercado, o no pertenece a estos círculos (porque no quiere hacerlo, no quiere ser muy complaciente con los demás). Yo pienso que sí puedes autogestionar, puedes hacerlo vendiendo tus obras. Siempre es posible. Pero creo que deberíamos tener más apoyo del gobierno, de instituciones que puedan generar eso.

MM: ¿Alguna anécdota del mundo de la ilustración?

J: Cuando viajamos a Colombia fuimos a un barrio muy movido donde todos se desplazaban en moto y nos contaron que había mucho tráfico de drogas. Nosotros fuimos un poco asustados, pero al llegar al lugar no lo era, es más, el recibimiento de la gente fue muy amable. Como no teníamos un lugar dónde pintar, un vecino de Cali nos acogió y nos invitó a cenar, a almorzar. Sacó su parlante, puso música, y mientras nosotros pintábamos nos invitaba chela. Todo era un intercambio cultural porque poníamos música de Perú y ellos ponían música colombiana. Y esa idea que teníamos negativa fue cambiando cuando estuvimos allí y pudimos conocerlos de cerca.

MM: ¿Qué le recomendarías a un ilustrador que está comenzando?

J: Que tenga bastante constancia en lo que hace y no se distraiga mucho en el mundo virtual que es muy absorbente. Como en mi caso, a veces suelo distraerme demasiado y no hacer lo que debo hacer. Y que no piense mucho si el arte le va a dar dinero o lo va a hacer famoso, o si será auspiciado o tendrá muchos seguidores. Que se enfoque en su propuesta, en su idea y que esté muy metido en eso. Es lo mejor que le puedo decir.


Entrevista realizada por MIGUEL ÁNGEL MATTOS (Junín, Perú)

Estudiante de Literatura de la Universidad Científica del Sur. Ha participado en el Congreso de las Artes: homenaje a Jorge Eduardo Eielson como miembro del Comité Organizador. Actualmente, es codirector de MOLOK. Revista de arte y literatura y prepara una tesis de licenciatura dedicada a la literatura policial.

 

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