Las ficciones de Iron Maiden

Música y literatura van juntas. Han sido, desde el inicio de los tiempos, manifestaciones rítmicas de sensibilidades. Dos formas que esconden un mismo fondo, una misma pulsión. El final también es el mismo. Así, no sorprende que una banda de heavy metal se sirva de numerosos textos poéticos y narrativos y construya su lírica.

La música es tiempo y el tiempo determina nuestro acercamiento a cualquier arte. De ahí que este texto esté escrito desde dos perspectivas: la de alguien que los escuchó en los ochenta, Carlos Torres Rotondo, y la de alguien que los escuchó en el 2000, Lisa Carrasco. Este es un recuento de los rasgos literarios en la música de Iron Maiden desde 1980 hasta 2015.

1980-1990

Mi primer disco de rock, allá en los cada vez más distantes años 80, fue el Live After Death, de Iron Maiden. Sé que no soy el único de mi generación en haber recibido de él su bautizo musical. Era un vinilo doble con una portada en la que aparecía un ser que no era ni zombie ni calavera sino una mezcla de ambos saliendo de una tumba con un epitafio en el que se leía la conocida frase de Lovecraft «That is not dead which can eternal lie, and with strange aeons even death may die». Yo ya era fan del escritor de Providence y eso me llamó la atención. Era un disco en vivo y al poner la aguja lo primero que se escuchaba era un fragmento del famoso discurso de Winston Churchill, premio Nobel de Literatura: «We shall go on to the end… We shall fight on the beaches, we shall fight on the landing grounds, we shall fight in the fields and in the streets, we shall fight in the hills; we shall never surrender»… Estas hermosas palabras que me he visto obligado a cortar son una suerte de epígrafe de sus conciertos. Ningún género del rock tan épico como el metal. De ahí que la música de Maiden tenga mucho de cabalgata.

Una fuente de resonancias literarias configura el universo narrativo del grupo (sí, narrativo, porque gran parte de sus canciones son historias). Recorrer la obra meideniana cazando intertextualidades es recorrer un bosque profuso. Eso sí, aunque sean metaleros cultos (pero no arties), no se crea que esto se debe a una formación académica particular. Si bien Bruce Dickinson, el vocalista, es historiador, Steve Harris, el principal compositor (y por lo tanto autor de las letras) es un autodidacta.

Las referencias comienzan desde el mismo nombre de la banda. La locución alude a un instrumento de tortura medieval llamado «doncella de hierro» y recuerda al principio de La Maschera del Demonio, de Mario Bava, y a L’Homme Au Masque de Fer, personaje popularizado por Alejandro Dumas (Steve Harris, el fundador, compositor y bajista afirma que el nombre se le ocurrió luego de ver una adaptación cinematográfica de la novela). Asimismo es pertinente decir que las resonancias al apelativo de Margaret Thatcher son notorias.

Existe un elemento unificador en el universo de Iron Maiden: Eddie, la mascota, creación del ilustrador Derek Riggs, que protagoniza casi todas las portadas del grupo tomando diversas apariencias: en Killers aparece con un hacha ensangrentada y una víctima a sus pies; en The Number of the Beast lo hace en el infierno manejando al diablo como una marioneta; en Piece of Mind es un loco furioso encadenado en el cuarto acolchado de un manicomio; en Powerslave, una estatua faraónica; en Somewhere in Time, un asesino del futuro y un larguísimo etc.

Breve digresión: el personaje de Eddie resulta cuando menos curioso. Todos los grupos tienen un logo, pero casi ninguno una mascota. A nivel nacional recuerdo al G3 de los 80, que tenían a los trolos, obra de Guillermo Figueroa, el baterista. Eran una especie de bolas de billar con rostro que aparecían tanto en la revista No, suplemento de la revista, y en los afiches de los conciertos.

Hago una breve enumeración de intertextualidades presentes en algunas canciones que no pretende ser totalizadora. En Iron Maiden, su primer disco, incluyen la canción «Phantom of the opera», relato en primera persona basado en la novela de Gastón Leroux; en Killers, «Murders in the rue Morgue», adaptación del cuento de Poe (en este caso descubrimos junto a un narrador en primera persona que este es un asesino); por su parte, «Twilight Zone», tema homónimo de la serie televisiva, cuenta la historia de un fantasma atrapado en una suerte de limbo que ve a su amada sin que pueda contactarse con ella.

Los dos primeros LPs tienen como vocalista a Paul Di’Anno, pero cuando ingresa Bruce Dickinson el impulso literario del grupo se vuelve más intenso. The Number of the Beast, nombre del tercer LP y de la canción homónima ahí incluida (que comienza con una cita de la Biblia), está basado en la película La Profecía; «Children of the Damned», a su vez, se basa tanto en la novela Los Cuclillos de Midwich, de John Wyndham, y su adaptación cinematográfica dirigida por el inefable Wolf Rilla, como en la canción «Children of the Sea», de Black Sabbath.

Piece of Mind es su álbum más literario. La primera estrofa de «Revelations» (ocho versos) proviene de «O God of Earth and Altar», un poema de G.K. Chesterton; en «Flight of Icarus» utilizan el mito griego para hacer una metáfora de la rebeldía adolescente; «To Tame a Land» está inspirada en el universo Dune, de Frank Herbert; «Still Life» se basa en un relato de Ramsey Campbell y «The Trooper» en el poema «The Charge of the Light Brigade» de Alfred, Lord Tennyson. «The Prisoner» está inspirada en la inolvidable serie británica de culto emitida en 1967 por la BBC y creada y protagonizada por Patrick MacGoohan. El diálogo al principio de la canción ha sido extraído de una secuencia de esta.

Live After Death, el álbum en vivo que cambió mi vida, es una grabación de la gira del Powerslave, disco que incluye su esfuerzo más literario, «The Rime of the Ancient Mariner», tema de casi catorce minutos. La mitad de la letra está constituida por estrofas del poema de Coleridge.

A partir de Somewhere in Time, con un concepto quizás inspirado en Bladerunner, las cosas cambian a nivel musical y las referencias se vuelven un poco más escasas. Dos falsas intertextualidades son fácilmente detectables: «The Loneliness of the Long Distance Runner» y «Stranger In A Strange Land». Ambas cuentan historias que nada tienen que ver con el relato de Alan Sillitoe y la novela de Robert Heinlein respectivamente. La última canción, sin embargo, narra una historia bastante interesante en la que un explorador del Ártico cuyo cuerpo se mantiene congelado durante siglos. El historiador Bruce Dickinson también metió su cuchara: «Alexander the Great» comienza con una cita textual de Filipo II de Macedonia.

Por último, el concepto de Seventh Son of the Seventh Son proviene de la novela Seventh Son, de Orson Scott Card (sí, el autor de El Mundo de Ender).

En este punto de mi historia musical dejé de seguir a Maiden. Lisa Carrasco, a quien llevo veinte años y que los empezó a escuchar veinte años después que yo, nos enseña qué pasó.

1992-2015

Esta etapa la conforman veintitrés años de nueve discos ágiles, épicos, asesinos. Las ficciones de Iron Maiden llegan a nuestros oídos y nos sorprenden, como lectores, por su variedad; como rockeros, por su perfecto maridaje. Carlos Torres ya relató cómo la banda se acercó a la literatura y cuáles fueron sus primeras intertextualidades, así que aquí nos dedicaremos a describir lo que sucedió después.

1992. Moría Isaac Asimov y llegaba Fear of the Dark a modo de despedida de Bruce Dickinson por un periodo de cinco años que se sufrieron como una vida entera con doce canciones hiperactivas que arriesgaron cómodos acordes conocidos y los convirtieron en sonidos sumamente filudos y contundentes. Disco obligatorio para el que quiera conocer bien a Maiden. La segunda canción, «From Here to Eternity», lleva el título de la primera novela de James Jones, que, a su vez, toma su nombre de un poema de Rudyard Kipling llamado «Gentleman Rankers». La séptima canción, «The Fugitive», recuerda al poema homónimo escrito por Mikhail Lermontov y a la clásica serie de televisión sesentera. El clásico consagrado es la última canción, que lleva el nombre del disco.

1995. Dickinson se ha ido. En su lugar está Blaze Bayley y The X factor, un álbum con sonidos más oscuros y lentos que cualquier otro anterior. El público se aturde. Peor aún: Derek Riggs, diseñador de todas las portadas de discos anteriores y del inmortal Eddie es reemplazado por Hugh Syme, que impone un estilo completamente nuevo y Eddie ya no es dibujado, sino fotografiado. No es, en absoluto, un mal disco, pero no se parece a Maiden. De cualquier manera, Steve Harris continúa escribiendo. La primera canción, «Sing of the Cross», está basada en El nombre de la rosa, clásico de Umberto Eco. «Lord of the Flies», segunda canción, lleva el nombre de la novela de William Golding. «The Edge of Darkness», novena canción, se basa en la película Apocalypse Now, hit de Francis Ford Coppola que, a su vez, parte de la novela Heart of Darkness de Joseph Conrad.

1998. Virtual XI es el segundo y último disco en el que participa Blaze Bayley. Se hace evidente el intento por dejar de lado aquella oscuridad del álbum anterior que generó controversia. El resultado es una lista de ocho peculiares canciones que consiguieron dividir a la audiencia. «The Angel and The Gambler» es un ejemplo de la inserción de nuevos sonidos que no fueron precisamente bien recibidos por los fans. El diseño de la portada estuvo a cargo de Melvyn Grant y muestra a Eddie dentro de un mundo virtual que tortura a un niño. Rescatable la cuarta canción, «The Clansman», que toma su título de la novela de Thomas Dixon, Jr., clásico que inspiró a D. W. Griffith en la filmación de The Birth of a Nation.

Pero Bruce Dickinson no estaba en silencio. En 1998 lanzó un disco en solitario llamado The Chemical Wedding, que es un homenaje a William Blake. Las diez canciones están llenas de alquimia, videncia, Los, Urizen, Jerusalem, y Jericó. Un polaroid de siluetas y sensaciones que le hacen justicia al poeta inglés. Ineludible. Dickinson se consagró como un lector. Entonces, estuvo listo para regresar.

2000. El nuevo siglo comienza con Brave New World y Dickinson de nuevo al frente. El álbum versa sobre distopías, transformaciones, incertidumbres. La estética es contemporánea, plateada, cyberpunk —la portada estuvo en manos, de nuevo, de Derek Riggs—. El público se llena euforia: están de vuelta. La primera canción, «The Wicker Man», lleva el nombre de una película de Robin Hardy que está basada en Ritual, una novela de David Pinner. «Out of the Silent Planet», penúltima canción, toma su nombre de una novela de C. S. Lewis. El nombre del disco es también el nombre de la tercera canción, que recuerda la novela homónima de Aldous Huxley.

2003. Dance of Death llega cargado de influencias celtas y medievales. Las guitarras rememoran aquellos ritmos tribales europeos que en ciertos momentos hacen pensar en un heavy metal que se fusiona con el folk. La estética es dramática: Bruce Dickinson suele usar máscaras y trajes tradicionales cuando interpreta canciones de este disco. La canción central, «Dance of Death», es una apología a la «Danza de la muerte», aquella tradición medieval en donde la muerte posee poder sobre todo y todos, y lo ejerce invitándolos a danzar con ella. La letra tiene relación con el poema «Tam o’ Shanter» de Robert Burns. La portada del disco un tanto controversial por su calidadmuestra a Eddie representando a la muerte, entre seres misteriosos, en trance, con la mano extendida hacia el frente, invitando a danzar.

2006. El eje de este disco es un tema universal: la guerra. A Matter of Life and Death es rápido, clásico e imponente. Las diez canciones que lo componen mantienen el estilo que la banda ha inmortalizado: una introducción acústica y melódica, y luego el estallido eléctrico. Más allá de las críticas que se aferran a una supuesta repetición que cansa, lo que hay es una fórmula bien desarrollada. La tercera canción, «Brighter Than a Thousand Suns», toma su nombre de un verso presente en el Bhagavad Gita. La novela canción, «Lord of Light», lleva el nombre de una novela escrita por Roger Zelazny. La décima canción, «The Legacy», recuerda al poema homónimo de François Villon.

2010. 8 minutos y 40 segundos de voces y sonidos galácticos son el comienzo de un viaje interestelar. Es The Final Frontier, el penúltimo disco por ahora de la banda, con diez canciones que, definitivamente, son memorables. La voz de Dickinson ofrece grandes momentos —«Mother of Mercy» es un buen ejemplo y las historias sobre legendarias aventuras en este planeta y otros crean una atmósfera épica, luminosa. La segunda canción, «El Dorado», lanzada como single, muestra en su portada lo que sería un cómic con Eddie como personaje principal, anunciando relatos de ciencia ficción. La novena canción, «The Man Who Would Be King», toma su nombre de un poema escrito por Rudyard Kipling. Además, el título del disco es el término con el que se define al espacio en la narración inicial de la serie de ciencia ficción Star Trek.

2015. 30 años después de la formación de Maiden llega The Book Of Souls para recordarnos por qué son una de nuestras bandas favoritas. Es el álbum más vivo que han editado en la última década. Mejor que sus antecesores, más importante, no porque los otros sean de menor calidad, en absoluto, sino porque no pretende ser otra cosa más que un buen disco de heavy metal, clásico y bien ejecutado. Esa es la esencia de Iron Maiden, su capacidad para equilibrar los sonidos y componer estructuras atractivas que parten de una fórmula patentada pero nos sorprenden cada vez. No sobra ni falta nada. El título del disco constituye una referencia literaria. La tercera canción, «The Perfect Unknown», es también el sobrenombre con que se conoce a Sir Walter Scott, escritor escocés. La cuarta canción, «The Red and the Black», toma su título de la novela homónima de Stendhal.

Esta lista llega a su fin por ahora con la sensación de que nada ha terminado. Con el último disco es evidente que queda mucha furia por plasmar, muchos libros por leer y muchos años por delante. Iron Maiden es una banda eterna y solo han pasado 30 años. Estaremos atentos.

Portada: Legacy of the Beast World Tour, Iron Maiden


CARLOS TORRES ROTONDO (Lima, Perú)

Vocalista del grupo Enemigo Público y vecino del barrio de Lavapiés, Madrid. Ha sido activista de la «Jato hardcore» de Barranco y colaborador del sindicato anarquista CGT y la Coordinadora de Inmigrantes  (COIN) en la campaña ¡Papeles para todos! Ha trabajado como teleoperador, encuestador, comercial de Círculo de Lectores y mensajero andarín. Suele abrir Microsoft Word, aunque desde hace algunos años ya no tanto. Sus mejores amigos son viejas glorias del rock peruano. Está casado y tiene 5 hijos.

LISA CARRASCO (Lima, Perú)

Estudia Literatura en la Universidad Científica del Sur. Es vocalista en la banda de punk Violencia política. Fan de Iron Maiden, Flema y Bad Religion. Ganó los Juegos Florales en su casa de estudios en la categoría de Cuento (2016). Recibió mención honrosa en el concurso “El cuento de las 1000 palabras” de la revista Caretas (2016). No cree en los concursos pero sí en los premios. Fue ponente y miembro del comité organizador en diversos congresos de literatura, especialmente fantástica. Ha publicado en Austro. Revista de crítica y creación literaria, en Camaleón paranoico y en Kill The Zine Fanzine. Actualmente, es codirectora de MOLOK. Revista virtual de artes y prepara una tesis sobre la poesía peruana y el rock.

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