Rubén Blades, contador de historias

…Por eso, la música tan solo sigue siendo un pretexto.

“Maestra Vida”

Sucede que las canciones, como los libros, son interminables. Y uno, así, se convierte en un buscador infatigable de melodías, de ritmos, y de historias. A veces esa búsqueda es un movimiento ininterrumpido, pero, en otras ocasiones, sea por temor a lo nuevo, o por puro azar, la siguiente canción tarda; la otra gran banda no aparece, y uno se tiene que conformar -pero menos mal que felizmente- con la música que siempre le dirá algo, y que jamás se irá de nuestras vidas.

Hace tan solo un par de meses que conocí a plenitud el Maestra Vida de Rubén Blades, pero apareció luego de una larga espera. Bien ubicado en mi zona de confort para esos días con mis cuatro discos favoritos de heavy metal, dos de música de la nueva ola y una que otra salsa escogida, de casualidad me crucé con las portadas de los dos discos, y creí recordar que esa era música que tenía pendiente. Sí, algo sabía ya de aquellos dos volúmenes que componen el Maestra Vida, pues entre mis canciones favoritas de toda la vida se encuentran “El nacimiento de Ramiro” y el tema que da título al disco. Ya antes tímidamente había escuchado uno que otro tema del Volumen II. Sin embargo, de esos intentos solo me quedaba el recuerdo de canciones nostálgicas, lentas, de una voz y una guitarra cantando una pena. Y por eso, quizás, lo obviaba.

Debió ser esa curiosidad que tenía por encontrar nuevas cosas que, en mayo, decidí, en un viaje a mi trabajo, y abierto a lo que tenga que venir, dejar que el disco completo corriera. Las líneas que siguen resumen mi experiencia con el Maestra Vida: un encuentro muy especial con la buena música y, sobretodo, la revelación de una historia a la altura de las más importantes novelas de la literatura latinoamericana contemporánea.

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Portadas Volumen I y II

Maestra Vida apareció en 1980. Con la dirección musical de Willie Colón, es considerado como la primera ópera salsa original del género. Sin embargo, no se puede hablar de este disco sin hacer una breve referencia a su precedente inmediato: el Hommy, A Latin Opera (1973) de Larry Harlow, el legendario pianista de la Fania All Stars.

Hommy, inspirado en la ópera rock Tommy (1969) de The Who, cuenta la historia de Hommy, un niño con dificultades físicas que tiene que vivir en medio de un mundo que le exige se comporte de acuerdo a los condicionamientos sociales propios de la vida moderna. Y aunque rechazado por ser diferente, él guarda siempre una respuesta cándida para todo lo que le sucede, y siendo esta su mayor lección para los que los rodea, el mundo no parece comprenderlo. Contada la historia a partir de un narrador y nueve canciones, la trama se desenvuelve de manera lineal, en una mezcla de salsa, guaracha, jazz y bolero.

Sin duda, Maestra Vida toma las posibilidades musicales exploradas por Harlow, y da un paso adelante tanto a nivel formal como de contenido. Se rompe con el discurso lineal, y Blades, ante la gran historia de Carmelo y Manuela, los protagonistas del disco, creará un hilo conductor para contar su saga: la conversación en el bar entre Quique Quiñones, Calitolito y Rafael Da Silva. Con estas palabras comienza la historia del Maestra Vida:

Una tarde de abril, 1975, Quique Quiñones, repleto de recuerdos, bebía en una de las mesas del bar. Era hijo de Babá, compadre eterno del legendario sastre Carmelo Da Silva. Hoy, las cervezas y los rones de siempre los comparte Quique con su hijo Calitolito y con Rafael Da Silva, nieto de aquella arrolladora Manuela. La historia es idéntica a todas las historias de este barrio, quizás sea la misma. Por eso, como siempre, la música no es más que un pretexto (“Prólogo”).

Rafael Da Silva, en esta primera parte del disco, conoce de boca de Quique Quiñonez la historia de amor de sus abuelos Carmelo y Manuela, hasta el nacimiento de su padre, Ramiro. Quique le cuenta lo difícil que fue conquistar a Manuela para Carmelo, y en un soberbio bolero a dúo, “Yo soy una mujer”, se nos representa la promesa eterna de su amor.

Manuela, eres mi tesoro.
Carmelo así si te adoro.
Ten mi amor.
Ten mi amor.
¡Mi cielo!
Por un solo camino,
mano en mano,
tu conmigo;
Siempre así;
Solo así.
¡Unidos!
Juro que hasta en la muerte
no dejaré de quererte:
Siempre así;
Hasta el fin.
¡Mi cielo!

Luego la historia continuará con “La Fiesta”, canción que para la época debe haber sido de las más innovadora. En realidad, hasta ahora sorprende: un largo solo de salsa, teniendo como fondo el ambiente festivo de una reunión en la que se comparte baile, comida, ron, entre gritos y peleas. Es de mis canciones favoritas, seguro. El sonido de la trompeta que acompaña toda la canción es de los más logrados. Pero creo que el protagonista de ese tema en particular es el bajo. Salvador Cuevas, renombrado bajista de la Fania, es quien nos ha legado esta original pieza. En esta canción hace uso de recursos que convencionalmente no se usaban en la salsa para los 80s, como la técnica del slap, por ejemplo (técnica que consiste en golpear las cuerdas contra el mástil). O tocar dos cuerdas al mismo tiempo, a modo de acorde. Toda una clase maestra para los aficionados del bajo eléctrico.

Para el disco II el tono de la narración cambiará. Carmelo y Manuela, ya ancianos, nos cuentan la noche de sus vidas. El “Epílogo” con el que comienza esta parte ya nos da indicios sobre la tragedia que se avecina. Compuesto a modo de collage con todas las canciones de este Volumen II, el epílogo nos conduce a las calles solitarias del barrio, a ese “Solar de los aburridos” cargado de recuerdos, acabado ya. La armonía de trompetas y violines en acordes menores y graves nos anuncian que el final se aproxima, y el tiempo en el bar de Quique Quiñonez también, pues, avanzada la tarde, la tertulia se torna confusa entre el licor y el humo del tabaco; una conversación sentida, de la que saltan los reproches, la amargura hacia el destino, pero, sobre todo, la verdad de quien ha vivido. Este Volumen II comienza como sigue:

La misma tarde de abril, 1975. Aquellas cervezas le dieron paso a una botella de ron, y luego a una botella más. Quique Quiñones, acompañado por su hijo Calitolito, sigue borracho de nostalgia. En la mesa también está Rafael Da Silva, hijo de Ramiro y nieto de Carmelo y Manuela. La historia es como una letanía, es la misma de siempre. Por eso, la música tan solo sigue siendo un pretexto.

Tras esta presentación, aparecen “Manuela, después… (La Doña)” y “Carmelo, después… (El viejo Da Silva). Esta, en lo personal, es la mejor canción de todo el disco. Se trata de un bolero polifónico, pues en él se entrecruzan la voz de un narrador que observa a Carmelo, y la voz de Carmelo en el ocaso de su vida. Lo curioso es que Rubén Blades hace las dos voces: imposta la voz de un Carmelo en el tono justo del personaje, al tiempo que describe a modo de testigo su vida desdichada. Y se vuelve más admirable la composición al final del tema, pues, muerto Carmelo en su sillón, Blades coloca de manera inteligente, y para acentuar el dramatismo de la historia, la estrofa final de “Yo soy una mujer”, ese bolero con el que el viejo Da Silva selló su amor con Manuela, dialogándose, de este modo, con lo narrado en el Volumen I.

Una de las interpretaciones más famosas que Blades realizó de esta canción se llevó a cabo en el año 1982, acompañado con la Sinfónica de Puerto Rico en el Palacio de Bellas Artes. Fue una versión teatralizada con el actor Roberto Rivera Negrón (1910-1993) representando a Carmelo. El talento performático de Blades, la simpleza de la ejecución (Blades y su guitarra en solitario), y el dramatismo que propone Rivera Negrón para la vida de Carmelo, hacen de esta una canción memorable.

Con este breve repaso de algunas de las canciones que, a mi gusto, son las más representativas del Maestra Vida, podemos aproximarnos a otro de los aspectos importantes de la obra: la disposición formal de la historia. El disco de Blades llama la atención por su simetría estructural. El Volumen I y II, en líneas generales, se organizan del mismo modo, poniéndose de manifiesto la conciencia de escritor desde la que Blades pensó su historia. Los títulos de los dos volúmenes son los siguientes:

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Estructura del disco Maestra Vida

Como podemos apreciar, el disco se organiza sobre la base de tres secuencias narrativas fundamentales, lo cual nos permite definir el proyecto estético-ideológico del disco en tanto unidad de sentido:

1) Presentación de los protagonistas

Las tres primeras canciones del Volumen I presentan a los protagonistas de la historia en su juventud. Carmelo, en esencia, es el más querido del barrio, y Carmela resalta entre todas por su belleza. En el Volumen II se vuelve a presentar a los personajes, pero esta vez se nos cuenta la fatalidad de sus destinos: la tristeza de Manuela por la ausencia de Ramiro, y la pena de Carmelo por la muerte de Manuela.

2) Representación del tiempo

El Volumen I es una celebración de la vida y del amor. Con “La Fiesta” el barrio entero celebra el amor de Carmelo y Manuela, y luego el nacimiento de su hijo Ramiro. Es un tiempo eufórico. Para el Volumen II, el tiempo se torna disfórico con la muerte de nuestros personajes. Aunque más que su muerte, lo que impacta es el porqué de su sufrimiento.

3) Proyecto ideológico

Asunto transversal en la discografía de Blades. Los dos volúmenes terminan con una acusación a los intereses políticos hambrientos de poder, y cómo estos han menguado la vida de Carmelo, Manuela, y su descendencia. Con el cierre de ambos volúmenes, definitivamente, se afianza la poética del cantautor panameño: ética y estética van de la mano en pos de una transformación consciente de la sociedad. En este sentido, la historia de Carmelo, Manuela, Ramiro y Rafael trasciende la mera anécdota y se convierte en un sentir universal, en un llamado al pueblo latinoamericano para que se comprometa con su presente, pasado y futuro.

Así como vemos un trabajo significativo con la música y la estructura del disco, Maestra Vida también destaca por la representación de algunos códigos culturales propiamente latinoamericanos. Ya no se trata solo de música; la obra de Blades, en tanto discurso de ficción, se sostiene claramente sobre la base de tópicos que han forjado la literatura latinoamericana del siglo XX, entre ellos 1) el carácter cíclico del tiempo, 2) la importancia del mito en la comprensión de la realidad y 3) el juicio crítico hacia toda forma de represión social y política. De hecho, Blades no ha estado ajeno a los proyectos literarios de la época. Recordemos que fue muy amigo de Gabriel García Márquez (hasta grabó un disco en homenaje al escritor colombiano, Agua de luna (1987) y reconoció su admiración por la literatura de William Faulkner (al respecto, puede verse AQUÍ una breve reflexión de Blades sobre el autor de El sonido y la furia).

El tiempo en Maestra Vida es cíclico. Como hemos podido apreciar en las locuciones del “Prólogo” y del “Epílogo”, la historia de los personajes se repite de generación en generación, y se construye oralmente por versiones de quienes la vivieron o la escucharon. Esta manera de entender los hechos a partir de un soporte oral, y quebrado ya el continuum de la historia al repetirse los destinos, se nos acerca a una representación del tiempo tan afín con la literatura de Alejo Carpentier, Juan Rulfo o Carlos Fuentes, por citar algunos ejemplos, quienes en su narrativa exploraron la naturaleza de lo propiamente latinoamericano.

Asimismo, la fortuna de nuestros personajes también se puede leer en el marco del sistema de creencias latinoamericano. Desde este punto de vista, el destino rebasa la voluntad del hombre. Lo que vive Carmelo y Manuela se puede considerar una maldición, que la heredarán Ramiro y Rafael. Se trata, pues, de una estirpe maldita, que tanto nos recuerda al fukú dominicano, o la “Tramontana” de García Márquez; sus vidas están sujetas a una fuerza invisible que condena, desaparece.

Por último, el disco propone una fuerte crítica a toda forma de opresión política. Para Blades, la reivindicación de los sectores populares es una consigna dentro de su música en general. “Déjenme reír” y “Hay que vivir” son precisamente esa denuncia hacia aquel poder terreno que hizo más pobre la existencia de Carmelo y su familia. La última locución del disco así lo señala:

Ramiro Da Silva y su esposa de hecho, Virginia Ocasio, perdieron la vida el día martes 4 de julio de 1973 abaleados por efectivos policiales que efectuaban una operación de desahucio en el caserío denominado “El Progreso”, en terrenos de propiedad del Licenciado Fulano de Tal, senador millonario del partido “Rebúscate como puedas”, actualmente en el Poder.

Les sobreviven sus hijos Rafael, Naima, Pablo, el hambre, la miseria y la esperanza.

La ironía es el centro de este relato. Ramiro, en su pobreza, no encaja dentro del modelo democrático moderno; su muerte es consecuencia de su condición subalterna. Sin lugar en un mundo de aparente justicia, Ramiro desaparece junto a su familia en una fecha en la que curiosamente se celebra la independencia en algún lugar del globo, y sus hijos Rafael, Naima, Pablo (¿Pablo Pueblo, quizás?), ineludiblemente volverán a sufrir aquel destino, con lo único que verdaderamente poseen: sus sueños de un futuro mejor.

Y así llega a su fin Maestra Vida. Mensaje de esperanza, o último desahogo del desvalido. Lo cierto es que uno termina el disco con la misma sensación que dejan los buenos libros: aquella que nos dice que, después de lo leído, jamás volveremos a ser los mismos.

Foto de Portada: Presentación de Blades en el Festival de Jazz de Montreux, Suiza


NÉSTOR SAAVEDRA MUÑOZ (Lima, Perú)

Licenciado en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha participado en congresos nacionales e internacionales. Ha publicado artículos científicos y reseñas en diversos medios especializados, tales como las revistas Tinta ExpresaAjos y ZafirosRiesgo de educar y Desde el Sur. Asimismo, ha formado parte del Grupo La República realizando adaptaciones literarias para la Colección Yo Leo. En la actualidad se dedica a la investigación en el campo de la neorretórica y de la poesía latinoamericana contemporánea, y se desempeña como docente de la Facultad de Artes Escénicas y Literatura de la Universidad Científica del Sur. Es egresado de la Maestría en Educación Superior con Mención en Docencia e Investigación Universitaria en esa misma casa de estudios, y es Jefe de Redacción de MOLOK. Revista Virtual de Arte y Literatura.

 

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