Dos cuentos breves de Ernesto Tancovich

Orificio de salida

Ya antes de entrar comprendí que los monos del Ruso se habían adelantado. El proyectil había entrado por el lado malo, ese que no tiene vuelta. Bajo su cuello la mancha roja se agrandaba, en borboteos, perceptiblemente. “Te morís, Lauchón”, le dije con sonrisa aviesa “¿Y vos, pelotudo?”, alcanzó a responderme, “¿Qué mierda crees que estás haciendo?” Así fue él, guaso hasta las últimas palabras. Pero, qué quieren que les diga, me dejó pensando.

Vidas paralelas

En tres ocasiones anteriores vi personalmente a Hilarión. La primera, siendo apenas candidato a intendente municipal, discurseando en la plaza del pueblo. La segunda diez años después, cuando lo acompañamos en su juramento como diputado electo. La tercera desde la plaza mayor, el día en que asumió la investidura presidencial. Ayer volví a verlo, envejecido, hecho un cerdo, en la mira de mi Blaser R8. Bastó un disparo. Trabajo impecable, profesional, de avezado tirador, dicen los diarios. Para bien o para mal, veinte años no pasan en vano. Cada uno en lo suyo, los dos habíamos crecido.

Foto de portada: Rómulo Macció (Argentina).


ERNESTO TANCOVICH (ARGENTINA)

Entre otras distinciones: Finalista y mención Provincia de Córdoba por El niño stalinista (poemario), dos veces Finalista y mención Universidad de Cali (narrativa). Publicaciones en revistas literarias de Argentina, Colombia, México, EEUU y España.
Puede ser leído en Facebook: @letrasdetancovich.

 

 

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