Génesis en pausa

Los datos eran precisos, tan precisos como la tecnología más avanzada y sobreviviente podría asegurar. La tormenta estaba próxima a terminar y ello significaba una sola cosa: era el momento de prepararse para la segunda fase de la misión.

Atrás quedaba el invierno nuclear que había azotado al mundo por un siglo y medio. El domo tenía rajaduras y daños en su estructura, pero había resistido mucho más tiempo del que tenía previsto, y aunque ya no funcionaba correctamente, había cumplido su cometido.

Hacía un siglo y medio atrás, el domo había sido el lugar en el cual la humanidad resistiría al fin del mundo. Ocho mil embriones humanos fueron criogenizadoshasta que la Tierra fuera nuevamente habitable. Para cuidar de las cápsulas enestasis, se contaba con una enorme población de científicos y asistentesmecanizados dotados de la más avanzada inteligencia artificial de la época. Los autómatas vigilaban cada detalle del domo; se desplazaban sobre sus orugas, lo observaban todo a través de sus sensores ópticos.

Con el pasar de los años la parte superior de la estructura sufrió serios daños porfiltraciones, tormentas, agua y polvo. Las zonas subterráneas permanecían inactivas en espera de la señal prevista para iniciar la ectogénesis humana. Las mentes más brillantes calcularon que el clima seria amable en cuarenta años pero habían pasado ciento cincuenta y la tormenta recién menguaba.

Una unidad J5 se conecta a la consola matriz con su extensión articulada, algunasluces parpadean y otros circuitos sueltan chispas. Una luz de alerta avisa que unanueva fuga de energía tenía a ese sector del domo funcionando al 13% de su capacidad.

El último asistente funcional se desconecta de la consola recalculando las probabilidades de éxito de la misión. Sus demás compañeros hace mucho que son chatarra o tenían los circuitos y cables corroídos. El J5 toma una decisión; debido a los desperfectos doscientas vainas habían devenido, así que se salta los preparativos y procede con la fase dos.

El autómata ingresa los comandos del procedimiento en la primera zona subterránea del domo pero sufre un desperfecto producto de años sin mantenimiento y lo que fue un parpadeo para él terminan siendo días. Cuando logra reiniciarse las vainas ya estaban en el sector inferior aunque otras cien se habían perdido en el proceso.

El robot sigue recalculando. El éxito de la misión peligra y una corriente eléctrica lo sacude. El J5 desciende a la zona dos y cierra la bóveda, impidiendo que se corrompa el proceso.

El J5 es el único testigo del renacimiento de la humanidad y su inteligencia le permite razonar sobre aquel acontecimiento más allá de su programación, lo que significa que gracias a su esfuerzo los humanos podrán repoblar la tierra, pero una alarma de alerta lo sacude y sus extremidades se mueven erráticamente ¿miedo?

El autómata se conecta al sistema y se da con la terrible sorpresa. Hubo una filtración de agua y parte del cableado se encuentra estropeado, este debe ser reemplazado, sin la energía constante el proceso de ectogénesis no podrá concretarse y el contenido de las vainas morirá, la humanidad perecerá.

Rápidamente el J5 regresa hasta la zona de chatarra (antes de repuestos) y busca los elementos necesarios. Con cierta impotencia toma el escaso material que aún está en condiciones de ser utilizado, todos los repuestos están estropeados tras siglos de abandono, ni siquiera podría rescatar material de sus colegas desactivados pues ahora no son más que oxido y herrumbre. Reúne lo que puede y desciende a la bóveda, sin embargo su batería interna vuelve a fallar y se desactiva; pasa un parpadeo cuando se reinicia. Llega al sector dos y observa, con algo parecido al terror, como sobreviven sólo el 50% de las cápsulas en estasis. El J5 estuvo inactivo mucho tiempo, ahora las vainas contienen fetos de casi siete meses pero muchas vidas se han perdido.

Se desplaza hasta la zona del desperfecto, desenrolla el cable y comienza a reemplazarlo por el dañado, cada centímetro que avanza el tiempo corre y más vainas se pierden, puede ver en un enorme panel como las cápsulas con cadáveres pasan a una luz roja y empiezan a superar a las verdes con seres vivos.

Por fin le faltan diez centímetros de cable para lograr la conexión segura pero el material de repuesto se terminó. El J5 tira del cable en un intento por alargarlo pero es imposible. Mientras recalculaba sus opciones su programación repite extractos de grabaciones que hizo de los científicos que lo construyeron, los ve jóvenes, luego viejos, luego muy pocos y por fin sólo queda la imagen de una ingeniera de cabellos canos y profusas arrugas que sonreía mientras atornillaba la placa del pecho del J5, placa donde se sitúan sus circuitos centrales.

De inmediato abre su pecho y de su panel auxiliar extrae el pedazo de cable que le falta, corta en un lado y otro recuperando el material, creando una fuga de energía que lo drenará en cuestión de minutos, termina su tarea y gira para contemplar como el enorme panel anuncia que el proceso de la fase dos está en perfecto funcionamiento. Las 3561 cápsulas sobrevivientes terminarán su fase de gestación y los niños nacerán de manera exitosa.

Cuando las vainas estén listas para nacer se abrirá el tercer sector donde nuevas máquinas se activarán y se encargarán de cuidar y criar a esta nueva generación de humanos. Con suerte los sectores inferiores estarán en perfecto estado. El asistente autómata modelo J5 estira sus brazos para tocar las vainas en estasis pero están muy lejos, llenas de vida, de esperanza. Se queda sin energía y se apaga.

***

Años más tarde, las puertas del Sector Tres se abren, dejando salir a un grupo de pequeños seres cárnicos vestidos con ropa ligera, humanos de seis años que saben caminar, hablar, contar y leer, todo gracias a las máquinas que los criaron. Maquinas sometidas estrictamente a los sectores tres y cuatro del domo.

Los pequeños saltan y derrochan energía, futuros hombres y mujeres juegan explorando entre la chatarra, viendo con ojos curiosos el exterior por primera vez, pasan corriendo hacia la salida de la bóveda donde la luz del sol es clara, cálida y bondadosa, y la naturaleza verde lo domina todo; corretean ignorando el cuerpo inerte de una unidad J5 derrumbada, frente al panel central de ectogénesis, que parece observar de manera complacida para toda la eternidad.


Fuente de la imagen de portada: https://revistabonaria.com/2016/01/06/el-futuro-distopico-la-nueva-vanguardia-literaria/

POLDARK MEGO (LIMA, PERÚ)

Licenciado en Psicología, actor y director de teatro. Estudió literatura creativa en el taller de Escritura de Clara Tiscar “7 pilares para construir una gran historia”. Compuso, actuó y dirigió puestas de microteatro de terror en Lima y Cusco- Perú.

Relatos en las siguientes antologías: “Literal” (2017) “Maleza” (2017) “Lima en Letras” (2018) “Es-cupido” (2018) “Un Mundo Bestial” (2018) “Paradojas” (2018) “Cuentos peruanos sobre objetos malditos” (2018) “Terror en la mar” (2018) “Un San Valentín oscuro” (2018) “Cuenta Artes” (2018) “El Narratorio” (2018) “Especial Guillermo del Toro”  (2018) “Líneas de cambio” (2018) “Cerdofilia” (2018).

 

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