Un relato sobre el disco negro: XIII pt. 4

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Aquello, aunque él lo suponía, removió lo más profundo de su ser y sintió miedo de ser nada más que un obelisco de muerte y de metal.

—Tu cuerpo original murió pero restringimos el escape del alma con las runas Maledicte. Antiguamente era un proceso asociado a la nigromancia —dijo Gabriel Maevitus y sacó un pequeño espejo de bolsillo que dirigió hacia su nieto—. Mírate y acepta lo que eres, Alex.

—Entiendo, esta es mi segunda oportunidad sobre la tierra.

—No, Alex. Tú eres el último bastión de los que hemos sobrevivido. Eres retribución.

Alex trató de moverse y el hangar tembló.

—¿Cómo me llamo ahora?

—Trece —respondió Gabriel Maevitus—, pero para mí siempre serás Alex.

El Presidente Marruffo recibió una alarma al teléfono celular y sonrió.

—Un bégimo zeriano ha sido detectado cerca del muro oeste del búnker de Lima, Gabriel. A tiempo para ver de que es capaz tu nieto.

—No está listo —respondió Gabriel.

—No importa, abuelo —respondió Alex—. Si los científicos monitorean mis acciones desde sus computadores podría tener éxito.

Gabriel se acercó a uno de los programadores y a su equipo.

—Es posible, señor —respondió el que estaba a cargo.

—Entonces envíenlo —concluyó Gabriel.

—Trece —dijo el programador y se dirigió a Alex—. Te enviaremos por un ducto de transporte hacia la superficie. Estás equipado con armas intuitivas con una interfaz de inteligencia artificial para que tu desempeño en batalla sea óptimo.

—Si logro vencer al bégimo zeriano quiero saber que decía al final de la carta que me dejó Silene, abuelo —dijo Alex—. Luego de eso podré abandonar el pasado.

—Supuse que sería importante. Tengo la carta.

La plataforma en que Alex se encontraba comenzó a moverse y se acopló a un ducto, similar a las vías subterráneas de un tren.

 El Presidente Marruffo ordenó el despliegue del Constructo y Alex salió disparado, a gran velocidad, hacia la superficie.

Alex se sorprendió al sentir el viento golpeando su rostro de metal y la sensación de la aceleración en su estómago. La luz del sol lo cegó durante unos segundos y cuando recobró la vista se sintió sorprendido de lo pequeñas que se veían los edificios destruidos.

—Trece —dijo el programador— he marcado la posición del bégimo en tu sistema de GPS.

—Entendido.

Alex se saltó y cayó delante del bégimo, el que, confundido, al ver el cuerpo de Varyos retrocedió.

—Comandante —pronunció el alienígena y Alex lo entendió a pesar de que fuesen solo chillidos.

—No —respondió Alex y cogió la espada que llevaba en la espalda.

—Trece su núcleo es el orbe roja del centro. Si la destruyes acabarás con el bégimo zeriano —dijo Gabriel.

El zeriano lanzó un rayo de energía de su boca y Alex lo esquivó con facilidad. Dio un par de estocadas en las articulaciones de sus patas delanteras y traseras. El bégimo cayó al suelo, pero volvió a lanzar otra descarga de energía que Alex desvió con la espada. Luego, con el mango golpeó el orbe roja y esta se quebró con facilidad, mostrando el corazón palpitante de la bestia alienígena.

—Eres uno, nosotros una colmena, traidor.

—No, con tu cadáver tendremos uno más y así, hasta que el enjambre sea sinónimo de esperanza —respondió Alex y arrancó el corazón del bégimo zeriano.

El Presidente Marruffo abrazó a Gabriel y le agradeció porque era la primera vez en años que lograban detener a un alienígeno. Los técnicos vitorearon el nombre de Trece y se dejaron embargar por la emoción de aquella pequeña victoria.

—Abuelo, ya está. Léeme el final de la carta.

Gabriel Maevitus accede y Alex imagina la voz de Silene:

«No sé si vuelva a verte. Sin embargo, quiero que recuerdes algo. No naciste para tocar una guitarra. Apestas con ella, como te lo dije un centenar de veces. No sé qué harás con tu vida, pero espero que sea algo bueno para el mundo. Eso es todo.

Adiós, Alex».

 

Foto de portada: Word UFO Day


JEREMY TORRES-MONTERO (Lima, Perú)

Estudió Gastronomía en la sede peruana de Le Cordon Bleu. Es autor de las novelas El Camino de los Aegeti (Casatomada, 2010), Wild Child: El Camino de los Aegeti/ 1 (Manupax, 2012). Además ha publicado dos relatos «El Ingenio de la Escalera» (2011) y «Au Clair de la Lune» (2012) en el fanzine El Horla y «Ojo por ojo» (2012) en el magazine argentino Barricada Cómics y es uno de los narradores antologados en Se vende Marcianos: muestrario de ciencia ficción (Altazor, 2015) con el cuento «Díatreda» (2015) y en «Erídano Suplemento n.26: Ciencia Ficción Peruana 2» (Alfa Eridiani, 2016) con el cuento «Colisión», y del libro de cuentos Kintsukuroi: Los relatos sobre el Disco negro (Editorial Apogeo, 2016). Además ha colaborado en la revista Dedo Medio con una entrevista y algunos artículos.

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