Cómo boxear con fantasmas

Papá, me dijiste que tenías muchas cosas que contarme y te respondí que yo también. Pero no era verdad. No tengo nada que contar (aunque quisiera). Resulta hasta cruel la paradoja de que una aspirante a escritora no tenga algo que contar.

Sigo escuchando detrás de las puertas. Necesito oír algo. Estoy preocupándome por sus niveles de alcohol en sangre. Y confronto conmigo misma enfrente a esa heladera que tiene un gato asustado arriba (por el ruido de la música) decidiendo si debería salir de esta cocina y unirme a la fiesta o permanecer mirando fijo al gato –que está tan asustado como yo. Pero la interrupción deja que el enfrentamiento se evapore como una lucha entre fantasmas. Alguien entra a preparar un trago y dice en voz alta que no está borracho. Otro sujeto que también dice en voz alta que aún no está borracho mantiene una conversación con el primer sujeto acerca de su buena resistencia al alcohol. Ambos están completamente ebrios, compitiendo por ver cuál tiene más sentido común mientras se sirven otro vaso de vodka. La música es horrible, pero de fondo se escucha a alguien comentando su primer amor a los 12 años. Y siento una repentina curiosidad puesto a que llevo toda mi vida sin poder relacionarme con las personas. Entonces me alejo de los dos sujetos que charlan acerca de lo no alcoholizados que están para escuchar a ese alguien.

Pero quien la cuenta olvida completamente de qué está hablando cuando le ofrecen otra copa. Entonces ríen y otros lloran, y dicen que tienen que ir al baño. Me pregunto cuántas buenas conversaciones habrían perdido el hilo gracias al alcohol.

Alguien me ofrece agua. Me cuestiono si se habrá dado cuenta de que soy la única sobria en esta reunión. Le digo “no, gracias”. Sigue de largo. Alguien me habla de su doloroso tratamiento de ortodoncia. Recuerdo que yo necesito uno y mi obra social no lo cubre. Iba a mencionarlo pero ya no está.

Me preguntan si estoy bien. Creo que temen que me arroje del balcón o algo así. Me cruzo con otra persona que me habla de su ex novia y de lo que le costó olvidarse de ella (creo que no lo hizo). Apagan las luces (alguien vuelve a prenderlas porque todos se chocan contra los muebles). Otro comenta al pasar que no hay que culpar al amor sino a las personas. Y no tengo nada que responderle, porque no sé nada acerca del amor (solo sé que falta lo suficiente, por lo que veo en los noticieros). Insiste en que no está borracho. Ya es el tercero de la noche. Luego se acerca otra persona que también dice no haber tomado tanto. Y me presentan ante otros hablando de mí como si se tratara de describir un currículum vitae. Dicen que están a gusto con mi presencia porque soy sincera. Pero la verdad es que siento que vivo mintiéndoles a todos. Aun cuando sonrío genuinamente. O cuando intento que parezca genuino.

Y en ese balcón lleno de inseguridades las almas se embriagan y piden que les sostengas el trago mientras encienden un cigarrillo. Es difícil saber con seguridad qué los matará más rápido, si te recordarán al día siguiente o si tan solo fuiste esa presencia transitoria en busca de su aprobación.

Dicen que lo hacen para divertirse. Pero los juegos no son tan divertidos cuando todo lo que te rodea parece asfixiarte, por momentos, aliviarte, por momentos, arrastrarte, por momentos, romperte. Y mamá menciona en mi cabeza que todo tiene que estar en equilibrio. Que es bueno que salga a pesar de que el mundo colapse todo el tiempo.

Así que elaboro una hipótesis: todos cosen una herida sabiendo que van a volver a abrirla. Corren conociendo el punto final. Intentándolo mientras son observados. Mientras insinúan que no están ebrios (una farsa). Mientras fingen.

Porque todos lo hacen esta noche, diciendo que no están ebrios. Pero no puedo culparlos.

Portada: Tumblr.


CARLA MORICHETTI (Entre Ríos, Argentina)

Tiene 23 años. Estudia Artes del teatro en la EMAD de Mar del Plata. Comenzó a escribir a los 10 años, inventando extrañas historias de ficción en un diario personal, a tomar clases de Pintura a los 12 y de Teatro a los 16 años. Escribe ensayos y textos en prosa. En 2018 su primer cortometraje como directora “Líneas_” fue seleccionado por el MARFICI Festival Internacional de Cine Independiente de Mar del Plata para participar en la sección “Tren de Sombras”.

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