What is love?

Le quedan tres cuartos de hora al sábado y yo sigo detrás del timón del Lada, adormecido por los grillos, con un tufo que me rasguña la garganta y la nariz roja, ardiendo y moqueando por los tiros que me metí en el Soltimbú. Pero ella, ella sigue sin aparecer. No importa, me digo. Todavía puedo esperar, miento.

Un bate arde en mis labios. Yo mismo lo acabo de armar con el último moño que tenía y el resto del chamo que el Gonchi me fio en la discoteca. Dos caladas, y la noche es un gigante cayendo. Dos caladas más y me gusta mirar cómo desaparece el pucho que sostengo entre los labios, cómo se deja coronar por el fuego, cómo se convierte en culebritas que reptan hasta lo más alto para perderse en la nuca inmensa de la madrugada que se derrumba en cámara lenta, que nos echa sus espaldas negrísimas encima.

El alma se me escapa, pienso, y sigo atrapado en el-tira-y-jala del bate a la jeta, de la jeta al bate, en este sábado huérfano de estrellas. La ciudad, alumbrada por el vómito de los postes, se ahoga en el espeso vaivén de un jugo de naranja que empapa las veredas, los algarrobos cansados, la alfombra de baches de la pista y la esquina del parque en la que estoy cuadrado, esperando, hornándome.

Bajo la ventana. Feel the vibe with your mind (feel the vibe, everybody come alive). Me deshago del exceso de cenizas golpeando un par de veces al pucho, rápido, sin amor. Feel the vibe with your mind (come alive, everybody come alive). Un torbellino de luciérnagas salta al viento. Feel the vibe (feel the vibe). Y el dedo medio que vuelve a chasquear por la ventanilla, no vaya a ser que me prenda la camisa empapada de wishky y ahí sí la cagada. Feel the vibe (ahh, sing!).  La ceniza brinca y se pierde en la música del Soltimbú y Feel the vibe with your mind (come alive, everybody come alive).

Quince minutos. Impaciente, comienzo a imaginármela, a ella y a su cabello recogido, como suelen llevarlo las enfermeras o las policías. ¡Oh, sí! Puedo verla atravesar la bruma que me late en las narices. Lentamente, la espesa neblina lame sus nalgas, clip-clop; y, de pronto, me difumino en el humo y son mis dedos los hilitos blancos que el invierno lleva hasta sus caderas y clip-clop, me dejo arrastrar hasta las costuras hinchadas de un jean, clip-clop, a la silueta de un enorme caballo al trote.

Inhalo. Ni en el malecón tanta humedad, carajo. La espero, la espero y pronto me veo rebuscando en la guantera un casete, entre cajetillas mojadas de Lucky. Está corrido y enredado. Qué chucha, le saco la vuelta al reloj. Hay que calmar a la araña que me trepa por la nuca, que le clava los colmillos a uno y que me obliga a seguir jalándole fuerzas a la vaina.

En el suelo, entre freno y embrague, encuentro un lapicero con la tapa mordisqueada. Ya sabes de qué lapiceros hablo, ¿no?: color verde fosforescente, tapa azul, punta redonda. De esos que terminan por embarrarte la mano y, cuando menos lo esperas, tu brazo, tu cara, todo, toditito, teñido de un azul candela.

Otros cinco minutos se fueron mientras rebobinaba la cinta, y la quinta brasa consumió el quinto troncho que por quinta vez desarmé, volví a armar y me jalé en cosa de segundos. Mis manos, atrapadas en el ritual, en el gira que te gira, gira que te gira, como si en algún momento la fricción hiciera lo suyo y ¡zas!, el mono encendiendo una fogata, descubriendo el fuego: el casete se ha comido la cinta. ¡Carajo, me quemo!, y la colilla que sale volando por la ventana.

Media vuelta a las llaves, los faros del Lada parpadean. Tres balazos del tubo de escape: el carro ruge, se ahoga, se apaga y queda sepultado en el silencio de un motor tembloroso. Una vez más: el giro, el parpadeo, la tos de los fierros y el pedal. Rummmmm. Ya no falta mucho, habrá que calentar.

***

Sé que ella vendrá masticando una menta para disimular mi tufo. Sí, en cualquier momento la veré cruzar la esquina y “SISISISISISI”, la cabeza como perrito de taxi.

La llamaré con un silbido, mientras mis ojos la pellizcan a la distancia. Vendrá corriendo y subirá de un portazo y me cubrirá con sus besos. Llevará un suéter verde Fidel y me dirá que gracias por esperarme (tranqui, amor), que perdona la demora (ya, ya, mi chola), que discutí de nuevo con mi viejo (qué mierda te ha dicho), que estuvo jodiéndome (pero qué chucha te ha dicho, cuenta), que gracias y mua-mua-mua te amo, ¿sí? Mua-mua-mua y estoy harta de que me insista con que te deje o, sino, dice que te va a meter el troncho por donde meas (¡qué pendejo!) y mua-mua no te preocupes porque es mi vida, y que yo sé que tú no te dejas de nadie (¡Ni que fuera cojudo!), y que ya vámonos porque se hace tarde y que perdona ¿sí?, no vuelvo a demorar (más te vale), aunque así te arrecho todito (¡!), te la paro en una y jijirijijiji.

Cómo me gusta que su risa termine las frases, que las muerda, como incitando gestos que ni me pertenecen, ni deseo controlar. Sí, voy a prenderme de su cuello y mientras la radio se come el casete al que devolví las tripas, le diré que bien hubiera podido esperarla cien años, o más, o alguna vaina de esas. Y ella sonreirá. Luego, tomará la pelotita de chicle que dejé pegada al tablero y se llenará de mentol los labios. Después, hará globitos que de inmediato yo reventaré con la lengua. Las primeras notas de Run to me de Double you nos lamerán las orejas y avanzaremos varias cuadras hasta perdernos bajo la lumbre enferma, opaca, de una ciudad que duerme recostada en la resaca de su gente.

***

Cinco para las doce. ¡Cinco pa’ las doce y la puta madre!

Tardas como el culo, Camila. Seguro que te convenció la cojudez esa de tu viejo. Seguro hasta te ha llorado y tú te dejaste enredar por la misma huevada de siempre donde te grita sobre lo bueno para nada que soy, lo mala gracia que eres y que deberías hacerle caso al Toño. ¿Qué cuál Toño? ¡No te hagas la que no sabes, Camila! ¡No me quieras huevear! ¿Cuál Toño, cuál Toño va a ser? ¡Toñito de Osambela, pues! ¡Por supuesto que conozco al maricón ese! Sé que desde hace tiempo te va a buscar a tu casa o que se cuadra en la esquina de la uni para panosearse con la bata blanquita de interno y su Nissan. ¡Me limpio el culo con su bata de mierda! Y sé que tu papá te restriega que él no es como el malviviente de tu Cheché que se la vive prendido del troncho y del trago, y jode que jode con esa poesía atorrante que habla de penes, coca y putas y cosas que seguramente anda proponiéndote el muy desgraciado para que le sueltes, y “que no se lo vayas a dar Camilita porque olvídate que eres mi hija, so mierda”, y “ahí nomás lo busco y ni bien me lo encuentre al granputa ese, lo muelo a patadas y le meto el troncho por donde mea”.

Y seguro por eso me tienes esperándote en vano, paradazo como pinga, porque ya te ganó la culpa de desobedecer a tu viejo. ¡Eso! Ya te remordió las entrañas lo de encontrarnos para ir al cuarto y así poder hundirme en la vida que traes entre las piernas y que el imbécil de tu viejo no quiere que me des, pero que ya me has dado hace rato sin que lo sepa el muy huevón, y menos el Toñito ese que babea por ti con el estetoscopio en el cuello y su bata blanquita, blanquita, ¡tremendo gilazo!, pero mira, ¡mira la hora! Soy bueno, ¡buenísima gente! Un tipo recontra paciente, sincero, chévere, a pesar de las cosas que tú conoces como ninguna otra persona, cómo nadie más lo hace, y que de nada vale repetírtelas.

Estoy cagado, tú lo sabes, Camila. Escribo y eso basta, aunque nadie más que tú me lea. Escribo sobre tu cuerpo mi tragedia. Me lees en la humedad de los versos que te di, versos ausentes de toda, de cualquier utilidad, pero más tuyos que míos, a fin de cuentas. Eso no da plata, dice tu viejo. Esa mierda no compra la casa y el carro que puedo ponerte, te miente el tarado de Osambela. ¿Qué pueden saber ellos de poesía? Dime, ¿qué? Carachosos, malcachados. ¡Qué saben los chanchos de métrica, de verso libre, ¿ah?!  La historia vendrá veloz, descarrilada, y se los pasará por las bolas. Se los llevará de encuentro. Cagadas de mosca por las que nadie habrá de llorar, porque nada parieron, nada dejaron detrás. ¿Y así te vienen a decir que yo, el poeta, aquel que hace de su voz un intento de recuerdo, soy el inútil, el pobre diablo, el mantenido, el fracasado? Pero sigo aquí, consumiéndome en la espera de verte llegar, sin saber de ti, ignorando si acaso vendrás o si ya fue y solo me aburres para mandarme a donde tu viejo y tu Toño quieren que me mandes, ¿verdad? ¡Como huevón esperándote, Camila!

Se acabó, ¡se acabó! ¿Me escuchaste, mierda? Llave a tope y casete en radio. Pedal a fondo: soy un proyectil que va a encajarse en tu pecho

¡ M e  l l e g a s  a l  p i n c h o !

La pista es un abanico en el que se revelan todas las formas y colores que pueblan al desierto con veredas que es Piura. Y río, porque el verde huele a chicle y el amarillo cosquillea bajo mis párpados y el rojo es rojo como roja es la boca de Camila, que seguro debe estar tirando en su casa con el baboso de Osambela, y su viejo que mira, que escucha complacido como el médico se la arrima a su hija y ella, feliz, entre globito y globito de Clorets, pensando en el carro y en la casa que no puedo comprarle. Casi, casi, saboreo su desprecio. ¡Qué buen bajo, conchasumadre!

You gotta run to me

Uuh can’t you see

You gotta run to me

Uuh can’t you see

You gotta run to me

 

La calle es una herida en flor que se abre y se desdobla ante mis ojos y la veo encenderse en un remolino de neón que arranca de su sitio al pavimento, a los algarrobos de los sardineles y a los semáforos de las esquinas. Y se estira el camino, se estira como fideo y sigue y sigue hasta enredarse en los postes y cubrir de imágenes imposibles a las sombras de la ciudad que se sienten de vidrio, imágenes de mi pasado, un tornado del que no hay salida y en el que me siento disolver, ¡di-sol-ver!

Se me derrite el timón en las manos. Y que no vayas a manejar, juega “la pichanga” y ándate a jatear a tu casa, broder. Y que sabes quién soy yo, huevón. Tranqui, tranqui. Oye, que mira, no hay problema, ni cosquillas me hace tu vaina, hasta parece que está pateada, conchesumare y jajajajajaja. ¡Cómo si no me conocieras, Gonchi!, que dame y te las pago a la vuelta, que pásate el wiskacho para asentar la pichanguita, que sí te la pago, broder, pero aguántame un toque, voy a ver a la Camila, se la guardo y luego me guardo, puta, te lo juro y jajajaja. Ya, ya arreglamos mañana, pues. ¿Firme? Sí, papi, te veo a lo que sales de clase, cerca de La Ermita. ¡Chévere!, aparte cuándo he sido falla contigo, Gonchi. Y trato inútilmente de poner al timón en su lugar, pero se me ha escurrido entre los dedos porque es de plastilina suavecita, suavecita, y no puedo mantener la dirección. No hay izquierda o derecha o adelante o atrás. Y entonces las luces, el motor ahogándose con la gasolina, el pie tocando la pelusa del tapete, la pista que no es pista girando en un huracán relampagueante, de luces largas como cohetes, y Camila mamándosela a Toñito en su Nissan y su viejo aplaudiendo, feliz, y mi troncho prendiéndome la camisa, el jean, la pinga en llamas, y los colores… el golpe. Un grito ahogado, silente, filudísimo. Un grito rasgando la cabeza del gigante que es la noche. Mi frente rompiendo el velocímetro y mi cabeza es un revolver, PIUM-PIUM, y solo queda el silencio y yo frente al abismo, yo caminando en la cornisa, yo cayendo al foso de los días. Ojalá me despierte pronto, mi viejita se hace un frito de la puta madre los domingos.

***

Las náuseas suben por mi tráquea y terminan en un batido de arroz, y algo que parecen ser los tomates de la hamburguesa que me soplé en la bajona, o algunos pedazos del hígado.

Con el huaico en la garganta, siento cómo un grito me escuece el pecho: Aunque esté molesto, la extraño.

Empujo la puerta. Zafo las piernas que el tablero oprime. Pujo, pujo. Por suerte, después de forcejear, aflojan mis huesos, truenan y toda mi humanidad se destroza contra el suelo. Boqueo: soy un pescado al que sacaron del agua y arrojaron contra el asfalto caliente.

Trato de incorporarme, lo intento desesperadamente y me agarro de la puerta. La música sigue sonando, pero las piernas me fallan y muerdo la pista otra vez. Me faltan dos dientes. En su lugar una espesa cascada me baja por el mentón. ¿Por… por qué el Lada está subido al sardinel? La trompa retorcida, los vidrios regados como astillas en el piso, como bolitas de mercurio, y una humareda espesa alzándose desde el motor descubierto: El auto es un laberinto de fierros meando gasolina sin control. ¿En qué momento yo…? ¿Cómo es que…? ¿Q-qué? ¿Qué chucha quieren ustedes? ¡Déjenme, so mierdas!

—¡El hijo de puta está zampadazo!

—Ya llamaron a la policía.

—Y encima anda todo reventado el conchasumadre…

—¡Pobrecita! ¡Ayúdenme a sacarla!

—¡No la muevas, la puedes fregar más!

—Pidan una ambulancia.

—¡Ponle la mano en la nariz a ver si la flaquita respira!

Te demoras mucho, Camila. ¿Ya ves? Ahora estos cojudos vienen a joder. Quieren buscarme la boca. ¿De dónde salieron? ¿Qué tanto están hablando? Las arcadas me hacen devolver hasta el alma. La hiel me rebalsa la boca. Tengo la nariz rota, apenas y puedo respirar sin que me hunda más y más en el desmayo que no llega, la noche aplastándome…

Veo venir más y más pies. Quiero levantarme, hacerle frente a la multitud que se me ha echado encima. Lanzo, inútil, un par de ganchos y escucho sus carcajadas: siento como los golpes se pierden en el aire. Mis rodillas se desmoronan. Los huesos clarean a través del jean. Sigo en el piso sobre un charco inmenso, una lombriz partida justo al medio, retorciéndose.

Las luces de los tronchos que simulan ser postes son un vendaval en el que voces y dedos afilados se alzan en mi contra. ¿Me… me están mentando a la madre? ¿¡ME ESTÁN MENTANDO A LA MADRE!?

— ¡Cállense, cagadas!

Todo lo que queda en mis ojos son garabatos luminosos, trazos de luz que simulan amebas, masivas, temblorosas. Mis extremidades son una plasta de tallarines. Y tú que sigues sin llegar. Y lloro, lloro cómo nunca antes lo había hecho, lloro tumbado boca arriba. Me encuentro duro como los perros que los tucos cuelgan en las avenidas y “Den Xiao Ping, perro traidor”, amarrado al pescuezo. Solo que aquí no hay perros, ni tucos, solo yo, tan hecho mierda de repente y sin saber de ti.

—¡Agárrenlo!

— La chica no respira… ¡No respira!

—Pobrecita, yo la vi parada, aquí nomás. Segurito la conocía.

— ¡Dios mío, la ha cogido contra el poste!

—Este andaba cuadrado allá atrás, por el parque. De la nada, prende el carro y se va de hachazo contra la niña. No le dio tiempo a nada.

—¡ASESINO! ¡ASESINO!

¿Asesino? ¿¡Asesino yo!? ¡Por la puta madre, soy un poeta! ¡Un poeta! ¡Soy incapaz de matar! ¡Cómo voy a ser un asesino si mis versos palpitan, respiran, viven! ¿Por qué insisten con eso? ¡Lárguense y no me jodan!

Más y más pies se suman a la muchedumbre que me asfixia, y, a ellos, el chillido de algunos neumáticos. De pronto, llueven las primeras piedras, las patadas feroces. What is Love? Baby don’t hurt me. Don’t hurt me. No more. El reproductor ha girado el casete de forma automática, y los bajos se confunden con el aullido de las sirenas a cada tanto más cerca.

Cierro los ojos. Dibujo tu cara en mis párpados. Te extraño mucho, Camila, mucho, mucho. I don’t know why you’re not fair. Y yo que te amo tanto, tanto. Me plantaste, Camila. I give you my love, but you don’t care. Y tu rostro se ilumina con el juego de azules y rojos, rojos y azules que se traslucen a la piel de mis manos. So what is right and what is wrong? Siguen lloviendo las piedras, le arrancan chispas a la carretera como pequeños meteoros en busca de mi extinción, pero no hay más dolor. Gimme a sign… Silbatos, bocinas, sirenas y faros consumen el lugar… y tú, cojuda, tú que no llegas, Camila.

What is love?

Portada: Wallhere


TADEO PALACIOS (Lima, Perú)

Escritor y bachiller en derecho por la Universidad Nacional de Piura y con estudios de especialidad en Derecho de Telecomunicaciones. Ha Sido becario del programa «Arequipa Imaginada» del Ministerio de Cultura del Perú (2017), de la fundación alemana Hanns Seidel y del XXII Curso de Extensión Universitaria de OSIPTEL. Ha colaborado con columnas en el portal Punto y Coma y en el portal Mano alzada. Desempeñó el rol de gerencia y corrección de estilo de la Editorial Malos Hábitos y condujo un espacio radial homónimo en Radio Cutivalú (2016-2017). A los 19 años, publicó el conjunto de cuentos de horror Susurros del Abismo (Caramanduca, 2014) y tiene inédito el libro de relatos Nosotros que perdimos tanto, enmarcado en el género de la memoria y violencia. En 2016, obtuvo el 2° puesto en el II Certamen Literario Nacional Cinemafic 2015-2016, organizado por Cinematosis y el ICPNA- Miraflores. Y en 2017, fue el ganador del Certamen Nacional de Cuento Jurídico «La Justicia» de la Universidad del Pacífico. Escritos suyos aparecen en antologías nacionales e internacionales como Metáforas: Expresión Literaria en la Universidad Nacional de Piura (Lengash ,2013), Eridiano Peruano 2 (Alfa Eridiani, 2015); Nuevos Relatos Mágicos del Perú (Malabares editores, 2016); Cuentos Ocultistas (Editorial Cthulhu, 2016); Tenebra. Muestra de cuentos peruanos de terror (Torre de Papel, 2017); El Desafío de la Brevedad (Apogeo, 2018); Pesadillas. Relatos de terror y fantasía traducidos al quechua (Apogeo, 2018) y Manuscritos de R’lyeh (Editorial Cthulhu, 2018). Actualmente, desarrolla la plataforma digital Sonambulario.

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