«Toda la vida el rock y la poesía han ido juntos»: habla Roger Santiváñez

Una vez más la superred conspira a nuestro favor. El fabuloso Roger Santiváñez, miembro de grupos poéticos peruanos tan importantes como La Sagrada Familia, Hora Zero y Kloaka, accedió a conversar conmigo a través de correos electrónicos y emojis. Ya en ocasiones anteriores le habían preguntado sobre temas estrictamente literarios, así que esta vez decidí ir por la tangente y hablar sobre su cercanía con el rock, tema que es de mi más profundo interés. Este es su testimonio, y con él, el de su tiempo.

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La Sagrada Familia en el bar Melibea, nombre en homenaje al poema homónimo de Luis Alberto Castillo.

Lisa Carrasco: ¿Cuáles han sido sus artistas favoritos hasta hoy?

Roger Santiváñez: Mis artistas favoritos son un montón. Pero si tengo que escoger algunos, diría: entre los poetas están Ezra Pound, T.S. Eliot, Allen Ginsberg, José Lezama Lima, Rimbaud, Vallejo, Mallarme, Pizarnik. Pintores y/o artistas plásticos: Picasso, Warhol, Leonardo, Pollock, Soutine, Kokoshka, los Pre-rafaelitas (que también eran poetas). Músicos: Bach, Beethoven, Los Beatles, los Rolling Stones, Los Saicos, Los Yorks, Jimi Hendrix, Janis Joplin, La Sonora Matancera, Narcosis.

LC: Es interesante que dentro de La Sagrada Familia, donde casi todos eran poetas, se insertó como uno de los fundadores el narrador Guillermo Niño de Guzmán. ¿La hibridez del discurso poético del grupo, la incursión en estilos narrativos, cronísticos y dramatúrgicos —pienso, por ejemplo, en El chico que se declaraba con la mirada— es un reflejo de la intención que tenían de integrar las artes?

RS: Claro, como todas las vanguardias que en el mundo han sido, nos interesaba la fusión de las artes. Lo que pasa es que pensamos que el arte es uno solo. Tiene distintas manifestaciones y nada más. En los días de La Sagrada Familia integramos a Ramiro Llona, entonces un jovencísimo pintor. También en un momento estuvo el pintor Luis Angulo, apodado “Katongo”. La mayoría de nosotros éramos poetas, pero Willy Niño de Guzmán siendo cuentista estuvo siempre perfectamente integrado debido a que él formaba parte de la mancha de jóvenes de San Marcos y la Católica que nos reuníamos en un bar de la plaza San Francisco en el centro de Lima, al que —en homenaje a un poema de Luis Alberto Castillo— llamábamos “Melibea”. Esto ocurría todos los sábados por la tarde. De esa manchita de gente salió el grupo La Sagrada Familia.

LC: Se hace evidente la influencia del rock en poemarios como Antes de la muerte, donde suenan versos como «Y nosotros destruiremos las flores porque las amamos/ y crearemos de otras: seremos». ¿Cómo advirtió la cercanía entre ambas artes? ¿Los patrones del rock, sus propuestas rítmicas y paradigmas estéticos se impregnan solo como referentes en el discurso poético, o diría que participan en la formación de un nuevo lenguaje musical?

RS: Participan en la formación de un nuevo lenguaje poético y musical. Al menos eso es lo que he querido hacer al componer mis libros. Yo nací escuchando rock and roll debido a que mis hermanos mayores son de la generación de Elvis Presley y los Beatles. Ellos oían esa música y yo crecí en mi casa de Piura escuchando rock. De allí que este tipo de música sea la mía. Cuando llegué a la poesía yo ya había empezado mi vida en el arte tocando y cantando en una banda de rock en mi Piura natal. Para mí, toda la vida el rock y la poesía han ido juntos. Por eso en los 80s estuve muy vinculado al rock subterráneo del Perú, pero a los 14 años en Piura, 1970, yo era musicalmente —y en mis ideas sobre el mundo y la vida— un consumado hippie. En realidad desde mi niñez en 1968, yo ya había sentido el impacto del summer of love de 1967 en California y podría decirse que mentalmente era un hippie.

LC: En el libro Poesía en rock de Carlos Torres Rotondo y José Carlos Yrigoyen, usted narra que los primeros muchachos piuranos que fumaron marihuana desencadenaron un escándalo en la zona. El rock acompaña este tipo de muestras del choque generacional que se produjo. ¿De qué manera la actitud e imagen de los jóvenes cambió con la llegada de este género musical? ¿Cómo se vivió esto en Lima y Piura?

RS: Por supuesto que el rock cambió a toda la generación que surgió con él. El rock se convirtió en una actitud, una manera de ser de aquella generación. Apareció el concepto del joven rockanrolero, rebelde y maldito. Eso no existió antes del rock. A Piura llegó en 1968 o 69 Jean Paul, el Troglodita, y cambió a la juventud piurana de esa época. Yo era un niño todavía pero lo vi de cerca porque, como amaba el rock, andaba detrás de estos jóvenes y del Troglodita. Me botaban, claro, pero yo seguía. El metió la yerba también. En Lima —aunque yo no estuve allí— ha sido más o menos igual. Los jóvenes rockeros fumaban marihuana porque eran hippies. El mundo alrededor de bandas como Los Mads, los Traffic Sound, los Telegraph, El Alamo en la Lima de la psicodelia tiene que haber sido así.

LC: Allen Gingsberg sostiene en una entrevista que «las drogas fueron una técnica para experimentar con la conciencia, para obtener áreas diferentes y niveles diferentes y similitudes diferentes y reverberaciones diferentes de la misma visión». ¿La sensorialidad extralimitada, consecuencia de la experimentación con drogas, permitió una exploración distinta del lenguaje?

RS: Claro, por supuesto. Por esa razón yo me metí en las drogas. La palta viene cuando te das cuenta de que ya te convertiste en un adicto, y eso no es ningún bacilón. Claro que los psicoactivos te abren las “puertas de la percepción” como las llamó Huxley en su famoso libro (y de allí Morrison tomó el nombre para su famosa banda The Doors) pero el asunto es que es casi imposible controlar tu relación con la droga, porque la dopamina que se genera en tu cerebro, te acostumbra a usarla y entonces ya eres un drogadicto. Y ser un drogadicto es lo peor que te puede pasar. Yo he pasado por eso. Y no se lo recomiendo a nadie.

LC: Sabemos que el rock no es la única influencia para el discurso poético de la época, pero sí constituye una arista importante, pues la revolución cultural y política que iniciaron los jóvenes desde la década de los sesenta tuvo mucho de rockera. Usted ha pasado por tres de los grupos poéticos peruanos más importantes de los últimos 50 años: La Sagrada Familia, Hora Zero y Kloaka. ¿Cuál era la relación que mantenía cada grupo con el discurso y los paradigmas del rock? ¿En ocasiones sus gustos musicales se veían enfrentados con sus convicciones políticas? Recuerdo, por ejemplo, cuando no se permitió que Carlos Santana toque en San Marcos…

RS: En efecto, los tres grupos tuvieron, de todos modos, una relación con el rock. En La Sagrada familia todos eramos rockeros, pero cada uno tenia sus gustos; podíamos conversar de ello y, eventualmente, escuchar música juntos sobre todo en las fiestas, pero el rock no fue un componente propiamente de la poética de LSF. En Hora Zero también había predilección por el rock, por ejemplo Santana muy fuertemente, pero igual no era un elemento de la poética, salvo en casos particulares, como el de los poetas Elías Durand o César Valcárcel. En el Movimiento Kloaka, el rock sí fue un punto central de la ideología del grupo. Nosotros nos reuníamos a escuchar rock a todo volumen, y al mismo tiempo integramos a 3 bandas a nuestra movida y tocaron en nuestros recitales y presentaciones: Delpueblo (rock fusión), Kola Rok de Kilowatt (rock and roll) y Durazno Sangrando (rock en español influenciado por los argentinos). Además andaban cerca, gente de la banda Temporal, y Montaña, Medias Sucias de Lince también. Esta fue una movida que quizá podría llamarse proto o presubte, por 1982 o 83.

Lo de Santana es aparte. La banda llegó a Lima en medio de una juerga fenomenal. La conferencia de prensa fue un chongazo, drogados como estaban se reían de todo el mundo. Esto no le gustó a los periodistas que lo difundieron hasta que la noticia llegó al gobierno (era la Revolución de Velasco y su onda reformista y nacionalista) y el derechista ministro del interior Armando Artola decidió expulsarlos al día siguiente. Fueron capturados y deportados. Eso fue todo. En San Marcos los dirigentes izquierdistas se oponían —de la boca para afuera— a la tocada de Santana en la Universidad acusándolos de “extranjerizantes”, de ser “música del imperialismo norteamericano”, etcétera. Pero, en secreto, ya tenían su boleto para verlo.

Debido a la expulsión de Santana se ha creado el mito de que la Revolución de Velasco persiguió al rock. Eso es absolutamente falso. Velasco no persiguió al rock para nada. Lo que pasa es que el gobierno —por ser una revolución nacionalista— propiciaba el desarrollo de la canción folclórica, el wayno, la nueva canción de protesta tipo Nueva Trova cubana, etcétera. Pero jamás prohibió el rock ni nada de eso. Yo viví esa época, de 1968 a 1972, y podría decirse que se vivió un maravilloso florecimiento del rock en el Perú: la obra de bandas de esos años como Los Yorks, Los Traffic Sound, Laghonía, Los Telegraph, los We all together, El Alamo, Gerardo Manuel & el Humo, Los Pepper Smelter, y PAX, así lo demuestran fielmente. Es la mejor época del rock peruano. Lo demás es ignorancia o intereses de otro tipo que desean maletear un proceso de transformación social tan importante como fue el del gobierno velasquista.

LC: En el Perú existen muy pocas investigaciones que abordan distintas artes en un mismo análisis. Quizás por ello aún no se ha estudiado a fondo la presencia de géneros como el rock en la poesía. ¿Qué diría sobre este silencio de la crítica?

RS: El silencio es porque  para ciertos académicos cretinos el rock no es arte o cuando menos, según ellos, no es digno de ser materia de un estudio académico. Lo cual es sencillamente una estupidez. Aquí en los Estados Unidos se estudia como cualquier otro tema de interés universitario. En el Perú debería ocurrir lo mismo, sin problema alguno. En todo caso hay que luchar para que sea así. El rock es cultura y punto.

LC: ¿Qué opinión le merece la poesía actual y qué augurios tiene para ella?

RS: Tengo el mejor de los augurios. Viviendo fuera del país es imposible tener una visión completa. Pero, hasta donde sé, hay buenos grupos de poetas jóvenes que yo conozco, como por ejemplo Poesía sub 25, Vallejo&Co, La poesía embiste y Anima Lisa. Espero y deseo la producción más óptima de parte de ellos en el campo de la creación poética.

Portada: Facebook y edición de la autora.


LISA CARRASCO (Lima, Perú)

Licenciada en Literatura por la Universidad Científica del Sur. Es vocalista en la banda de punk Violencia política. Fan de Iron Maiden, Flema y Bad Religion. Ganó los Juegos Florales en su casa de estudios en la categoría de Cuento (2016). Recibió mención honrosa en el concurso “El cuento de las 1000 palabras” de la revista Caretas (2016). No cree en los concursos pero sí en los premios. Ha publicado en Austro. Revista de crítica y creación literaria, en Camaleón paranoico y en Kill The Zine Fanzine. Actualmente, es codirectora de MOLOK. Revista virtual de artes.

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