Habitación

Desde que tengo uso de razón estoy postrado en cama, veo la luz del sol a través de las cortinas, conozco el mundo, solo por historias de personas que caminan por la calle (afortunadamente mi habitación da a un pasaje muy transitado). En mi cuarto no hay fotos, libros, ni espejos, no se cuál es  mi apariencia ni mi nombre. Mis padres ni se asoman por mi cuarto. Lo único que recibo de ellos es un plato de comida una vez al día, que encuentro a los pies de la cama cada vez que amanece.

Muchas veces he intentado gritar, pensando que alguien se asomará por mi habitación, pero lo único que sale de mi boca es una especie de silbido seco. En ocasiones he querido levantarme, abrir la puerta y conocer la casa, pero mis pies no responden y mis brazos no son lo suficientemente fuertes para arrastrar mi cuerpo hacia la puerta.

Mi vida sería aceptable, si no fuera por el ruido, un sonido ensordecedor que parece proveniente de algún tipo de mecanismo infernal de mil engranajes. Algunas veces es tolerable, otras veces (sobre todo en la noche) es tan penetrante que prefiero estar muerto a tener que soportarlo. He llegado a la conclusión que el ruido producido por esta máquina es la causa de mi enfermedad, la culpable que no conozca a mis padres, ellos también deben ser prisioneros del ruido.

Creo que la máquina se encuentra en la sala ¿Cuál es su función? ¿Qué aspecto tiene? Hoy resolveré mis dudas, ¡no aguanto más el ruido!, doy vueltas en la cama hasta coger la fuerza necesaria que lleva mi cuerpo al piso, pongo todas mis fuerzas en ambos brazos, cae la noche y solo consigo llegar a la mitad de la habitación. El ruido se vuelve irresistible, reanudo la tarea y después de unas horas llego a la puerta, las cortinas brillantes me dicen que es de día, alzo un brazo para alcanzar la manija, al abrir la puerta me ciega un destello de luz y después de un momento veo miles de casas flotando.

¿Qué haces Laura? dijo un anciano. Las aves de esos relojes son de madera, deja de darles alimento.

El viejo relojero miró el cucú malogrado que reposaba en la ventana junto a la niña y dijo:

¡Que sorpresa!, aun funciona tu mecanismo de eyección, lástima que sea lo único –Miró a su nieta y dijo. Laura, tira este reloj cucú a la chimenea.

Está bien, abuelito dijo ella.

Foto: Jimmy Chan


REYNALDO SCHWALB ARENAS ALMANZA (Lima, Perú)

Es bachiller en Economía por la universidad Federico Villareal , aficionado a la lectura y el teatro, entre sus escritores favoritos están Stephen King y J. D. Salinger.

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