Ella se quita la piel como si la vida se le fuera en ello

         The little boy lost in the lonely fen,
Led by the wand’ring light,
Began to cry; but God, ever nigh,
Appear’d like his father, in white.

                                                                        The little boy found, William Blake

Ella se quita la piel como si la vida se le fuera en ello. Despacio, como si algún movimiento apresurado fuera a hacer estallar el mundo: despacio. Describe un suave y constante movimiento circular. A un costado quedan los cabellos y las uñas, desordenados. En silencio inicia.

En la oscuridad descubre una puerta. Percibe vibraciones que le sugieren otro tipo de sonido. Se detiene en el umbral, estremecida. Su antigua razón evoca los nombres. Por un momento cede: el recuerdo del mundo retumba. Un dolor agudo se apodera de ella y las palabras que quiere pronunciar se le deshacen en la boca. Podría huir pero se queda quieta. Cierra los ojos, despacio, y al abrirlos se encuentra de nuevo sola, de nuevo en calma. Entonces comprende. Ingresa en una habitación, despacio. Todo allí le es familiar. De algún modo, comprende.

La habitación es roja. Las vibraciones como suaves zumbidos le acarician la cara y le permiten comprender. Despacio, se mueve. Todo es transparente, hueco. Puede ver a través de los objetos los lugares donde han estado: manos, voces, uñas. Del techo cuelgan gruesos hilos rojos con flecos. Estira un poco la mano y siente que se deshacen. Hacia el fondo distingue un escenario rojo en el que una orquesta compuesta por muchísimos hombres está tocando. Camina hacia ellos. Nota que cada vez son más grandes. Cuando está cerca, comprende: no son hombres, sus ropas flotan. La música le agrada. Gira la cabeza y comienza a danzar. El tiempo finalmente ha dejado de existir y, a cambio, una serie de instantes, una secuencia ilógica, fotografías. La música le agrada. Su baile la lleva hacia una esquina donde una cortina roja cubre la pared, entonces tira de ella y descubre un gran espejo.

Se observa. Comprende de qué está compuesta: se ve oscura, verde, azul, ardiente, enorme, ácida. Se ve horrible, transparente, luminosa; suave y pesada; llena de arena, de plástico, de agua. Se observa. Sus mil brazos, sus dientes gigantes, sus muchos corazones. Las vibraciones se hacen más intensas, casi la atraviesan. A su alrededor, la habitación se funde con ella. Son una misma estructura. Comprende: siempre lo han sido. Ella es la habitación y finalmente está dentro de sí. Los líquidos de su cuerpo la recorren rítmicamente y se encuentran. Sus extremidades, sus órganos, sus tejidos, todo es agua y polvo. Sabe que constituye una gran máquina. Se ve a sí misma como un gran animal, una estrella. Los hilos colgantes la abrazan. Se eleva. Comienza a flotar.

Música. Música une el color de las palabras. El sonido del color, el sonido de su cuerpo, el sonido de la habitación. Alquimia. Himnos. Todo se encuentra y suena. Música es armonía. Música las vibraciones. El color es rojo.

La habitación está en llamas. Ella está en llamas. Las vibraciones le susurran que ese siempre fue el comienzo. Dentro de sí solo guarda silencio. Todo lo que la compone está afuera, flotando. Todo se desprende. Ella comprende y se observa. Hacia un lado puede distinguirse, sentada en una silla transparente; hacia el otro lado también se encuentra, danzando con los ojos cerrados; arriba, está de pie, contemplando; debajo, se encuentra tendida, parece soñar. No deja de flotar mientras la verdad se presenta ante sus ojos. El agua y el polvo son la base de todo. El resto es color y forma. Capas y capas de forma. De ese modo está compuesto el mundo: no existe un grado cero. Todo lleva lo mismo en su interior. Todo puede destruirse sin desaparecer; al contrario, es un gran camino, un motor, una secuencia. Frente a sus ojos todo muta. Las vibraciones retumban a lo largo del mundo. De pronto su madre, su padre, su casa, su antiguo nombre, todo llega a ella en un estallido eléctrico. Las personas fornicando, durmiendo, corriendo bajo la lluvia, tan transparentes, tan llenos de miedo y de nombres. Los ve y los comprende. No deja de elevarse, pero quiere llegar a ellos. Les descubre una necesidad. Quiere alcanzarlos. Mientras más intenta, más se eleva, más y más rápido. Se alejan. La habitación comienza a separarse; las cosas tienen forma de nuevo. En cierto momento está tan lejos que ya no consigue ver nada. Comienza a dar vueltas en la oscuridad. Tiene miedo de nuevo y se siente sola. A lo lejos aún distingue una pequeña esfera de luz: el mundo o el reflejo material del mundo. Quiere gritar pero no puede. Nadie podría percibir los sonidos que emite. Nadie la escucha. Se desespera. Está a punto de desmayarse. La cabeza es un peso insoportable. Alrededor no existe nada. La electricidad la hace estremecerse. Cae.

Hace muchos años en la comunidad de Miramar una niña y su madre caminaban a través de un bosque de algarrobos. Empezaba a oscurecer. Ambas llevaban al hombro bandejas de paja con frutas para la cena de aquella noche. De pronto un zumbido las sobresaltó. Nunca habían escuchado algo parecido; en todo caso: era algo que no habían escuchado, que no sonaba, pero retumbaba. Absortas ambas, se quedaron detenidas en el camino. Cuando la pequeña reaccionó, su madre había desaparecido. Desesperada, corrió sin dirección, gritando. Caminó mucho antes de perderse. Se sentó, entonces, en la orilla de un río. Pasaron unas horas hasta que se encontró con un hombre. La saludó, la tomó de la mano y la condujo algunos pasos más allá, donde su madre, sentada a la orilla, lloraba desconsolada.

Todo blanco. El cielo, la tierra, las personas. Nada existe porque es todo blanco y plástico. Abre los ojos y tiene miedo. Cree que está ciega: todo blanco. Se mantiene en el suelo por mucho tiempo. Las voces no dejan de llamarla; cuando les responde, desaparecen. Es un lugar desconocido. Al ponerse de pie, distingue un camino. Lo sigue, despacio. Intenta reconocer algo en él, pero todo es blanco. No puede recordar dónde estuvo, pero siente una ausencia. De pronto, una mano se posa en su hombro. Al dar la vuelta, comprende.


Lisa Carrasco (Lima, 1997)

Literata. Fue vocalista en Violencia política. Ha escrito algunas obras de teatro. Se desempeña como codirectora de MOLOK, revista virtual de artes y pertenece al equipo de Poesía Sub25. Publicó en instagram el proyecto de narrativa electrónica Vitamina X (@vitaminax__). Tiene un videoclip de poesía (https://youtu.be/nj-Zdqzjg5Q). Este año editará su primer poemario, Rock is dead!

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