¿Por qué era que íbamos a matarnos?

Enemigos públicos, Cara Rota (un falsificador de billetes) y El mutilador (atracador de bancos) se encuentran luego de mucho tiempo. Cara Rota ahora es miembro fundador de un grupo de ayuda para ex convictos y estafadores. El Mutilador está prófugo de la justicia. Se cree que su rivalidad reside en que se deben dinero y que por esa misma razón El mutilador le hizo ese tajo en la cara. En este encuentro comienzan a rememorar viejos tiempos como adversarios. Enfrentados una vez más, pero en esta ocasión para declarar sus verdaderos sentimientos.

Un sitio desolado en medio del paisaje rural. Se escuchan dos pasos en la entrada de la cantina, donde está El Mutilador sentado en una mecedora. Uno de sus guardias se acerca con cautela. Del otro lado ingresa Cara Rota con las manos en los bolsillos. La poca gente que estaba sentada se levanta y se va.

EL MUTILADOR: Espero que tengas una buena razón para estar acá.

CARA ROTA: La tengo.

EL MUTILADOR: No sé si quiero escucharla. ¿Por qué no te volvés a esa secta que dirigís?

CARA ROTA: No es una secta, es una ONG.

EL MUTILADOR: Ahora le dicen ONG. Vos y el estafador de tu primo, dos sinvergüenzas.

CARA ROTA: Para tu información mi primo es artista.

EL MUTILADOR: Tu primo es un payaso que cambia dólares mientras infla globos para los chicos. Pero supongo que hay ciertos parámetros aceptables sobre la ilegalidad que nunca voy a entender.

CARA ROTA: ¿Y vos desde cuando sos un santo?

EL MUTILADOR: Por lo menos tengo la conciencia tranquila.

Cara Rota saca un cartel del bolsillo con la cara de El Mutilador que dice “BUSCADO” y lo deja sobre la mesa.

CARA ROTA: Entonces lo que publicó la Interpol es una tarjetita de cumpleaños.

EL MUTILADOR: (acercándose a él) -Al que no estarías invitado.

CARA ROTA: Como verás, estoy harto de esta situación.

EL MUTILADOR: El niño “bien” vino a arrastrarnos a todos hacia la luz… (Ríe).

CARA ROTA: Mirá.

EL MUTILADOR: ¿Qué?

CARA ROTA: Así nos dejaron.

EL MUTILADOR: Estaba escrito.

CARA ROTA: Una vez me salvaste la vida.

Silencio.

CARA ROTA: La vez que quisieron golpearme en ese bar.

EL MUTILADOR: Esa noche yo solo bailé.

CARA ROTA: Esa noche el tipo se olvidó de apuñalarme.

EL MUTILADOR: Esa noche yo solo bailé.

CARA ROTA: Esa noche me defendiste.

EL MUTILADOR: Esa noche yo solo bailé.

CARA ROTA: Esa noche nos ganamos nuestros apodos.

EL MUTILADOR: Yo quería una reputación, todavía tenía que ganarme el respeto
de la gente.

CARA ROTA: (mostrando su pronunciada y antigua herida en la cara) -Era lo menos que podías hacer, marcarme un poco antes que el otro recuerde matarme.

EL MUTILADOR: Conocía bien a ese tipo, él sí que te hubiera desfigurado.

CARA ROTA: Nunca supe si me tuviste lástima o aprecio.

EL MUTILADOR: Yo solo tendría que haber bailado.

CARA ROTA: ¿Tu familia cómo está?

EL MUTILADOR: En la cárcel. No me digas que ahora te interesa como está mi familia.

CARA ROTA: Siempre me interesó, demasiado. Quizá ese fue el problema.

EL MUTILADOR: Nuestro problema fue otro.

Los guardias, que estaban mirando desde la barra se acercan.

CARA ROTA: Tu insensatez, Mutilador.

EL MUTILADOR: Yo creo que tu indecisión. Si, vos siempre dudaste demasiado
en hacer las cosas a lo grande.

CARA ROTA: La verdad es que poco y nada me interesan tus observaciones intelectualoides en este momento. Seguramente solo a estos dos buitres tuyos les
interesa lo que digas. Pero yo ya sé que todo lo que sale de tu boca es falso, Mutilador, porque lo que digas, cualquier cosa que digas ahora me suena pretenciosa.

EL MUTILADOR: ¿Viniste para decirme eso?

CARA ROTA: Creí estar malinterpretándolo todo, engañándome. Pensando que podía suceder algo especial entre los dos. Pero no. Sé que te acercabas, me buscabas, me hablabas y tengo que convencerme de que no tenías algún interés en particular en mí. Porque te acercabas a muchas otras personas. Muchas otras. Y tus señales me confundían, hasta parecían contradecirse entre sí. Como si estuvieras expectante para que dé un paso en falso y caiga. Y cuando lo hiciera ibas a destrozarme diciendo que todo lo que creí que éramos no era más que un invento producto de mi imaginación. Y resulta que esto no era más que mutua admiración. Porque ni siquiera era amistad, si no nos confiábamos nada. Solo intentábamos agradarnos todo el tiempo.

EL MUTILADOR: Espera…

CARA ROTA: La verdad es que creía que no me importaba si ibas a destrozarme. No me interesaba. Y ahí estaba yo diciéndote estupideces sobre la crisis del petróleo, las corporaciones y las empresas nacionales, sobre cómo destruye el mercado salvaje a los países en subdesarrollo, y lo bien que hacías en joderlos a todos esos guardianes de lo ajeno de los bancos. Aunque sabía que no querías hablarme de eso. Ni yo sabía que decirte. Solo estaba intentando impresionarte, supongo, para agradarte un poco. Era una admiración egoísta. Ni siquiera podría haber sido un buen amigo, ¿sabes? (pausa).

Ni siquiera me parezco a eso que creía que era. Por eso vine. Porque hace años
sigo haciéndome la misma pregunta. ¿A quién buscabas cuando me hablabas?

EL MUTILADOR: Esa vez te salvé la vida.

CARA ROTA: Y me condenaste para siempre.

 


CARLA MORICHETTI (Entre Ríos, Argentina)

24 años. Estudia Artes del Teatro en EMAD, Ciudad de Mar del Plata. Comenzó a escribir a los 10 años, inventando extrañas historias de ficción en un diario personal, a tomar clases de pintura a los 12 y de Teatro a los 16 años. Escribe ensayos y textos breves. En 2018 su primer cortometraje como directora, “Líneas_”, fue seleccionado por el MARFICI

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