Cosas de la madurez

Las carrocerías de coches oxidados cubiertas por cardos, pajas y zarzas, no daban ganas de aventurarse hasta el final del terreno, pero no tenía opciones. Por elegir, hubiera optado por continuar oyendo a Caetano Veloso en tanto el auto devoraba los kilómetros hasta el campo de Augusto; pero el puto Honda empezó a hacer ruidos […]

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